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LA
OPINIÓN DEL CRISTIANISMO PRIMITIVO SOBRE ALGUNOS TEMAS DOCTRINALES:
Desde luego que NO son la
Palabra de Dios, y por esto ciertas afirmaciones hay que
leerlas con sumo cuidado y a la luz de la Escritura (nuestra
única regla de fe si hay contradicción), pero
entre creer a un "analfabeto bíblico" o a un hereje del siglo XXI o creer a uno que
conoció a los apóstoles o a los que oyeron a los
apóstoles y que pagó con su vida su fe, no dudo con quien me quedo.
Al final del estudio hago referencia breve (ya que se habla de ellos en
otras partes de la WEB) sobre quienes son estos autores.
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Los textos que pongo
aquí son casi todos del Siglo I y II.
Sobre la
predicación y el dinero. ¡Qué poco hubiesen tenido
que hacer entre los primitivos cristianos los que hoy en día engañan a
tantos incautos, especialmente en el medio carismático, con la
llamada "Doctrina de la Prosperidad"! Será de menos decir que lo
que ya dice el Evangelio lo repitieron, como a continuación
mostramos, los primitivos cristianos.
"...Que todo apóstol, cuando venga a vosotros, sea recibido como
el Señor; pero no se quedará más de un solo
día, o, sí es necesario, un segundo día; pero si se
queda tres días, es un profeta falso. Y cuando se marche, que el
apóstol no reciba otra cosa que pan, hasta que halle cobijo; pero si pide dinero, es un falso profeta..."
(La Didaké o Doctrina de los Apóstoles 11)
"Pero que todo el que venga en el nombre del Señor sea recibido
(...) Si el que viene es un viajero, ayudadle en cuanto os sea posible;
pero no se quedará con vosotros más de dos o tres
días, si es necesario. Pero si quiere establecerse entre
vosotros, si tiene un oficio, que trabaje y coma su pan. Pero si no
tiene oficio, según vuestra sabiduría proveed de que viva
como un cristiano entre vosotros, pero
no en la ociosidad. Si no hace esto, es que está
traficando con respecto a Cristo. Guardaos
de estos hombres." (La Didaké o Doctrina de los
Apóstoles 12)
"Pero ellos (los herejes), y a mi juicio con
toda razón, no quieren enseñar abiertamente a todos, sino
sólo a quienes pueden pagar bien por tales misterios. Pues estas
cosas no se parecen a aquéllas de las que dijo el Señor:
«Dad gratis lo que gratis habéis recibido» (Mt
10,8); porque estos son misterios abstrusos, portentosos y profundos elaborados con gran trabajo para aquellos a
quienes les encanta ser engañados." (Ireneo de Lión,
Contra las Herejías, Libro I, 4:3)
"De modo semejante a quienes se someten a Mammón los llama
«esclavos de Mammón» pero no llama Dios a
Mammón. Mammón, en la
lengua judía que también usan los samaritanos, quiere
decir «ávido», es decir «aquel que ansía
tener más de lo que conviene». En la lengua hebrea
se dice Mamuel, que significa goloso, es decir, «el que no puede
contener la gula». Sea uno u otro su significado, no podemos
servir a Dios y a Mammón" (Ireneo de Lión, Contra las
Herejías, Libro III, 6:1)
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doctrinas
Desmanes de los Gnósticos Se les
critica entre otras cosas la facilidad con la que estos herejes se
entregaban a todo tipo de carnalidades alegando que solo lo espiritual
contaba. Además se les criticó por su orgullo espiritual al creerse poseedores
de secretos y doctrinas que no estaban al alcance de los que ellos
denominaban "poco espirituales".
"Por eso los que entre ellos ya son «perfectos», sin
vergüenza alguna hacen lo que quieren, aun todas las acciones
prohibidas, de las cuales la Escritura afirma: «Quienes tales
cosas hacen no heredarán el Reino de Dios» (Gal. 5,21).
Comen, si se les antoja, la carne inmolada a los dioses, pues imaginan
que nada puede dañarlos. En todas las fiestas paganas, si les
viene en gana, son los primeros en gozar de las fiestas a los
ídolos, de modo que no se abstienen ni siquiera de los
espectáculos que son una indignidad ante Dios y ante los seres humanos, como las luchas homicidas de los gladiadores entre sí o
con las fieras. Algunos de ellos sin freno alguno sirven a los placeres
de la carne, excusándose en que los carnales entregan lo que en
ellos hay de carnal a los carnales, y los espirituales lo espiritual a
los espirituales. Otros de entre ellos en oculto han corrompido a
mujeres a quienes enseñan esta doctrina: muchas de estas mujeres
a quienes ellos han logrado convencer, lo han confesado junto con otros
errores una vez que se han convertido a la Iglesia. Otros de ellos
abiertamente y en forma descarada, cuando se apasionan por una mujer, la
separan de su esposo para casarse con ella. Otros más, mostrando
al principio mucha seriedad, han hecho creer que cohabitaban con ella
como hermano y hermana, hasta que pasando el tiempo ha aparecido que la
hermana estaba preñada del que se decía su hermano."
(Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro I, 6:3)
"Yo no creo que de hecho se cometan entre ellos todo tipo de acciones
irreligiosas, injustas y prohibidas. Sin embargo, así se
encuentra estampado en sus escritos y así lo predican, diciendo
que Jesús habría enseñado a sus discípulos
cosas secretas, y les habría pedido que se las transmitieran
sólo a los que fuesen dignos y estuvieran abiertos a acogerlas.
Porque nos salvamos sólo por la fe y el Amor; todo el resto es
indiferente, pues que unas cosas sean buenas y otras se llamen malas,
es asunto de opinión humana, ya que nada es malo por naturaleza"
(Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro I, 25:5)
"Los nicolaítas tienen como maestro a un cierto Nicolás,
uno de los primeros siete diáconos ordenados por los
Apóstoles (Hech 6,5-6). Estos viven laxamente. El Apocalipsis de
Juan expone ampliamente quiénes son. Enseñan que no hay
dificultad alguna en fornicar y en el comer las carnes ofrecidas a los
dioses (Ap 2,14-15). Por eso dice de ellos la Palabra: «Tienes en
tu favor haber odiado las acciones de los nicolaítas que yo
también odio» (Ap 2,6). (Ireneo de Lión, Contra las
Herejías, Libro I, 26:3)
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doctrinas
Manipulación de las
Escrituras
"Esta es su teoría, que ni los profetas anunciaron, ni el
Señor enseñó, ni los Apóstoles
transmitieron. Y, sin embargo, ellos se glorían de haber recibido
de estas cosas un conocimiento más elevado que todas las
demás personas. Todo el tiempo citan textos que no se hallan en
las Escrituras y, como se dice, fabrican lazos con arena. Y no les
preocupa acomodar a sus doctrinas, de una manera confiable, sea las
parábolas del Señor, sea los dichos de los profetas, sea
la predicación de los Apóstoles. Lo único que
tratan de hacer es que sus creaciones no parezcan carecer de pruebas (Cómo
me hacen pensar en ciertos "movimientos" y
"unciones" de hoy en día) Por eso enredan el orden y el texto de las Escrituras, y en cuanto
pueden separan los miembros (del cuerpo) de la verdad. Transponen y
transforman todo y, mezclando una cosa con otra, seducen a muchos
mediante la fantasiosa composición que fabrican a partir de las
palabras del Señor." (Ireneo de Lión, Contra las Herejías,
Libro I, 8:1)
"Ve, mi hermano, los trucos de que se valen para enloquecerse a
sí mismos, forzando las
Escrituras para tratar de sostener con ellas sus propias
creaciones. (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro I, 9:1)
"En consecuencia, la única fe no falseada y verdadera es la
nuestra, pues halla toda su clara
exposición en las Escrituras que fueron traducidas de la
manera que hemos descrito (Está
hablando de la Septuaginta),
y que la Iglesia predica sin alterar nada. En efecto, los
Apóstoles, siendo más antiguos que cualquiera de ellos,
están de acuerdo con esta versión, y a su vez esta
versión está de acuerdo con la Tradición
apostólica. Pues Pedro, Juan, Mateo, Pablo y los demás,
así como sus discípulos, predicaron con los textos
contenidos en la traducción de los antiguos" (Ireneo de Lión,
Contra las Herejías, Libro III, 21:3)
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doctrinas
Herejes
judaizantes. Cuánto
convendría a tantos hacer más caso de lo que estos
conocedores de los mismos apóstoles (como es el caso de Ignacio
de Antioquia) o de los diáconos que vieron a los
apóstoles nos dicen sobre este tema tan de actualidad, y
más cuando se está jugando uno su salvación eterna. No se
discute el hecho de que un judío viva como judío su cristianismo, pero
si el hecho de que un gentil, por una clara falta de identificación con
Jesús, judaice.
"No os dejéis seducir por
doctrinas extrañas ni por fábulas anticuadas que son sin
provecho. Porque si incluso en el día de hoy vivimos
según la manera del Judaísmo, confesamos que no
hemos recibido la gracia; porque los profetas divinos vivían
según Cristo Jesús" (Ignacio de Antioquia, Carta a los
Magnesios 8)
"Es absurdo hablar de Jesucristo y
al mismo tiempo practicar el Judaísmo. Porque el Cristianismo no
creyó (se unió) en el Judaísmo, sino el
Judaísmo en el Cristianismo, en el cual toda lengua que
creyó fue reunida a Dios" (Ignacio de Antioquia, Carta a los
Magnesios 10)
"Pero si alguno propone el
Judaísmo entre vosotros no le escuchéis, porque es mejor
escuchar el Cristianismo de uno que es circuncidado (de un
judío creyente en Jesús, como era el caso) que
escuchar el Judaísmo de uno que es incircunciso (de un
gentil judaizante). Pero si tanto el uno como el otro no os
hablan de Jesucristo, yo los tengo como lápidas de cementerio y
tumbas de muertos, en las cuales están escritos sólo los
nombres de los hombres" (Ignacio de Antioquia, Carta a los
Filadelfianos 6)
"Los que se llaman Ebionitas
confiesan
que el mundo fue hecho por Dios, pero respecto al Señor
enseñan los mismos mitos que Cerinto y Carpócrates. Usan
sólo el Evangelio según Mateo, y rechazan al
Apóstol Pablo pues lo llaman apóstata de la Ley. Exponen
con minucia las profecías; y se circuncidan y perseveran en las
costumbres según la Ley y en el modo de vivir judío, de
modo que adoran a Jerusalén como si fuese la casa de Dios.
(Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro I, 26:2)
"Los Ebionitas usan sólo el Evangelio de Mateo, mas el mismo les
prueba que ellos presumen de una falsa opinión acerca del
Señor" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro III,
11:7)
"Luego los Apóstoles anunciaban a los gentiles al Hijo de Dios a
quien ellos ignoraban, y su venida a quienes ya antes habían
sido educados acerca de Dios. Pero no introducían a otro Dios.
Pues si Pedro hubiese conocido a otro, libremente habría
predicado a los gentiles: «Uno es el Dios de los judíos, y
otro el de los cristianos»; y ellos, espantados por la
visión del ángel, habrían creído todo cuanto
se les dijese. Mas por las palabras de Pedro es evidente que
conservó el mismo Dios que ellos habían conocido de
antemano; pero dio testimonio ante ellos de Jesucristo Hijo de Dios,
juez de vivos y muertos, en cuyo nombre mandó bautizarlos para el
perdón de los pecados (Hech 10,42-43.48). Y no sólo esto,
sino que además dio testimonio de que Jesús mismo es Hijo
de Dios, ungido por el Espíritu Santo, y por eso se le llama
Cristo. Es el mismo que nació de María, como lo supone el
testimonio de Pedro" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro
III, 12:7)
"Además, quienes dicen que era un simple hombre engendrado por
José (Algunos Judaizantes -Ebionitas- negaban la Divinidad
del Señor), perseverando en la servidumbre de la antigua desobediencia
mueren, por no mezclarse con el Verbo de Dios Padre, ni participar de la
libertad del Hijo, como él mismo dice: «Si el Hijo os
libera, seréis libres en verdad» (Jn 8,36). Desconociendo
al Emmanuel nacido de la Virgen (Is 7,14) se privan de su don, que es la
vida eterna (Jn 4,10.14); no recibiendo al Verbo de la
incorrupción, permanecen en la muerte carnal; y son deudores de
la muerte, no recibiendo el antídoto de la vida. A ellos
les dice el Verbo, exponiéndoles el don de su gracia: «Yo
dije: todos sois dioses e hijos del Altísimo; pero como hombres
moriréis» (Sal 82[81],6-7). Esto dijo a quienes no
recibían el don de la filiación adoptiva, sino
menospreciando la encarnación por la concepción pura del
Verbo de Dios, privan al hombre de su elevación hacia Dios, y
así desagradecen al Verbo de Dios hecho carne por ellos. Para eso
se hizo el Verbo hombre, y el Hijo de Dios Hijo del Hombre, para que el
hombre mezclándose con el Verbo y recibiendo la filiación
adoptiva, se hiciese hijo de Dios. Porque no había otro modo
como pudiéramos participar de la incorrupción y de la
inmortalidad, a menos de unirnos a la incorrupción y a la
inmortalidad. ¿Pero cómo podíamos unirnos a la
incorrupción y a la inmortalidad, si primero la
incorrupción y la inmortalidad no se hacía cuanto somos
nosotros, «para que se absorbiese» lo corruptible en la
incorrupción y «lo mortal» en la inmortalidad (1 Cor
15,53-54; 2 Cor 5,4) «para que recibiésemos la
filiación adoptiva» (Gal. 4,5)?" (Ireneo de Lión,
Contra las Herejías, Libro III, 19:1)
"También (Dios)
juzgará a los Ebionitas. ¿Cómo podrán
salvarse si no es Dios aquel que llevó a cabo su salvación
sobre la tierra? (puesto que negaban estos
judaizantes la Divinidad del Señor) ¿Y cómo el ser humano se acercará
a Dios, si Dios no se ha acercado al hombre?" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro IV,
33:4)
"También están locos los Ebionitas cuando rechazan la
unión de Dios y del hombre, porque no lo reciben por la fe en su
alma. Perseveran en el viejo fermento de su viejo origen, y no quieren
comprender que el Espíritu Santo descendió sobre
María, y el poder del Altísimo la cubrió. Por eso
el que fue engendrado es santo e Hijo de Dios Altísimo, Padre de
todas las cosas, el cual, llevando a cabo la encarnación,
reveló un nuevo nacimiento. Pues así como por el viejo
nacimiento heredamos la muerte, así por este nacimiento heredamos
la vida" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías)
"Por lo tanto la Iglesia engendra un gran número de frutos,
es decir, de salvados, porque ya no es un intercesor -Moisés- ni un
mensajero -Elías- quienes nos salvan sino el Señor en persona, que da
más hijos a la Iglesia que a la Sinagoga del pasado, como
predijo Isaías con estos términos: Regocíjate, estéril, que no dabas
a luz -y estéril es la Iglesia que antes no había dado hijo alguno a
Dios- grita y dama, tú que no has tenido los dolores porque los hijos
de la abandonada son más numerosos que los hijos de la que tenía
marido (Is 54,1; Ga 4,27). Y la antigua Sinagoga tenía por marido la
Ley" (Ireneo de Lión, Demostración de la Predicación
Apostólica, 94)
"Ahora bien, dado que por esta llamada se nos ha dado la vida y
Dios ha restaurado en nosotros la fe de Abrahán en Él, no debemos
volver atrás, es decir, a la antigua Ley. Porque hemos acogido al
Señor de la ley, el Hijo de Dios, y por medio de la fe en Él
aprendemos a amar a Dios con todo el corazón y al prójimo como a
nosotros mismos. Pues el amor a Dios excluye todo pecado y el amor al prójimo
no causa mal a nadie" (Ireneo de Lión, Demostración de la
Predicación Apostólica, 95)
"Por lo tanto no necesitamos de la ley como pedagogo; he aquí
que nosotros hablamos con el Padre y estamos en su presencia convertidos
en niños sin malicia y afincados en la justicia y honestidad. La Ley,
en efecto, no afirmará más: no cometer adulterio a aquel que ni
siquiera ha deseado la mujer de otro; o no matar a aquel que ha
erradicado de sí la ira y la enemistad; o no desear el campo de tu
vecino, su buey o su asno a los que no tienen ambición por las cosas
terrenas sino que acopian provisiones para el cielo; ni siquiera ojo por
ojo, diente por diente a quien no tiene enemigos y a todos trata como prójimo
y por eso no levanta la mano para vengarse; no exigirá los diezmos de
quien ha consagrado a Dios todos sus bienes y ha dejado padre, madre y
toda su familia para seguir al Verbo de Dios. Ya no mandará guardar un
día de descanso al que todos los días observa el sábado, es decir, al
que rinde culto a Dios en el templo de Dios que es el cuerpo del hombre
y practica siempre la justicia" (Ireneo de Lión, Demostración de
la Predicación Apostólica, 96)
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doctrinas
Confesiones de fe
paleocristianas Dignas de
estudiarse y meditarse, las he encontrado releyendo por aquí y
allá entre mis libros de autores cristianos primitivos. Es de
notar que no se menciona la expresión Trinidad (que por lo
mismo no menciono yo en mi credo en esta WEB, aunque es una enseñanza
acorde con la Escritura), si bien
se afirma la Divinidad de Cristo, ya que éste
término teológico -Trinidad- se acuñaría algunos siglos
más tarde.
"Sed sordos, pues, cuando alguno os
hable aparte de Jesucristo, que era de la raza de David, que era el Hijo
de María, que verdaderamente nació y comió y
bebió y fue ciertamente perseguido bajo Poncio Pilato,
fue verdaderamente crucificado y murió a la vista de los que hay
en el cielo y los que hay en la tierra y los que hay debajo de
la tierra; el cual, además, verdaderamente resucitó de
los muertos, habiéndolo resucitado su Padre, el cual, de la misma
manera nos levantará a nosotros los que hemos creído en
El —su Padre, digo, nos resucitará—, en Cristo
Jesús, aparte del cual no tenemos verdadera vida" (Ignacio de
Antioquia, Carta a los Trallianos 9)
"La Iglesia, extendida por el orbe del universo hasta los confines de
la tierra, recibió de los Apóstoles y de sus
discípulos la fe en un solo Dios Padre Soberano universal
«que hizo los cielos y la tierra y el mar y todo cuanto hay en
ellos» (Ex 20,11; Sal 145,6; Hech 4,24; 14,15), y en un solo
Jesucristo Hijo de Dios, encarnado por nuestra salvación (Jn
1,14), y en el Espíritu Santo, que por los profetas
proclamó las Economías y el advenimiento, la
generación por medio de la Virgen, la pasión y la
resurrección de entre los muertos y la asunción a los
cielos (Lc 9,51) del amado (Ef 1,6) Jesucristo nuestro Señor; y
su advenimiento de los cielos en la gloria del Padre (Mt 16,27) para
recapitular todas las cosas (Ef 1,10) y para resucitar toda carne del
género humano; de modo que ante Jesucristo nuestro Señor y
Dios y Salvador y rey, según el beneplácito (Ef 1,9) del
Padre invisible (Col 1,15) «toda rodilla se doble en el cielo, en
la tierra y en los infiernos, y toda lengua lo confiese» (Fil
2,10-11). El juzgará a todos justamente (Rom 2,5), los
«espíritus del mal» (Ef 6,12) y los ángeles
que cayeron y a los hombres apóstatas, impíos, injustos y
blasfemos, para enviarlos al fuego eterno (Mt 18,8; 25,41), y para dar
como premio a los justos y santos (Tit 1,8) que observan sus mandatos (Jn 14, 15) y perseveran en su amor
(Jn 15,10), unos desde el principio (Jn 15,27), otros desde el momento de su conversión, para la vida
incorruptible, y rodearlos de la luz eterna (2 Tim 2,10; 1 Pe 5,10)."
(Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro I, 10:1)
"Por nuestra parte conservemos la Regla de la Verdad, que se resume en
lo siguiente: Hay un solo Dios Soberano universal que creó todas
las cosas por medio de su Verbo, que ha organizado y hecho de la nada
todas las cosas para que existan (2 Mac 7,28; Sab 1,14) (127), como dice
la Escritura: «Por la Palabra del Señor se afirmaron los
cielos y sus estrellas con el Espíritu de su boca» (Sal
33[32],6); y también: «Todo fue hecho por él, y sin
él nada ha sido hecho» (Jn 1,3). Nada de lo que existe se
exceptúa, sino que el Padre ha hecho todas las cosas por
sí mismo, las visibles y las invisibles (Col 1,16), las sensibles
y las inteligibles, las temporales en vista de una Economía y
las sempiternas y eternas (2 Cor 4,18) (128). No las hizo por medio de
Angeles o de Potestades separadas de su voluntad; pues el Dios de todas
las cosas no necesita de ellos; sino que hizo todas las cosas por medio
de su Verbo y de su Espíritu, las ordena, gobierna y da el ser a
todas. El ha hecho el mundo, pues el mundo es parte del universo;
él plasmó al hombre (Gén 2,7). Este mismo es el
Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob (Mt 22,29; Ex 3,6), sobre el cual
no hay ningún otro Dios, ni Principio, ni Potestad ni
Pléroma. El mismo es el Padre de nuestro Señor Jesucristo (Ef 1,3), como adelante probaremos" (Ireneo de Lión, Contra las
Herejías, Libro I, 22:1)
"Todas las Escrituras, los profetas y el Evangelio, predican
abiertamente y sin ambigüedades -a quienes puedan escuchar, aunque
no todos crean-, que existe un solo y único Dios, el cual,
excluyendo a cualquier otro Dios, por medio de su Verbo hizo todas las
cosas, visibles e invisibles, del cielo y de la tierra, peces del mar y
animales de la tierra, como hemos probado usando las mismas expresiones
de las Escrituras. Toda la creación de la que formamos parte da
testimonio, por medio de las cosas que extiende ante nuestros ojos, de
que uno solo es el que las hizo y gobierna. Siendo así, se
mostrarán necios quienes se ciegan ante una manifestación
tan clara y se rehúsan a ver la luz de la predicación;
sino que se encarcelan a sí mismos, de modo que mediante
explicaciones tenebrosas de las parábolas, cada uno de ellos
piensa haber encontrado a su propio Dios" (Ireneo de Lión, Contra las
Herejías, Libro II, 27:2)
"... los cuales con cuidado guardan la vieja Tradición, creyendo
en un solo Dios Creador del cielo y de la tierra y de todo cuanto se
encuentra en ellos (Ex 20,11; Sal 145,6; Hech 4,24; 14,15), y en
Jesucristo su Hijo, el cual, movido por su eminentísimo amor por
la obra que fabricó (Ef 3,19), se sometió a ser concebido
de una virgen, uniendo en sí mismo al hombre y a Dios.
Sufrió bajo Poncio Pilato, resucitó y fue recibido en la
luz (1 Tim 3,16). De nuevo vendrá en la gloria (Mt 16,27; 24,30;
25,31) como Salvador de todos los que se salvan y como Juez de los que
son juzgados, para enviar al fuego eterno (Mt 25,41) a quienes
desfiguran su verdad y desprecian a su Padre y su venida" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro III, 4:2)
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doctrinas
Los
dones carismáticos. En este aspecto
tan controvertido hoy en día, los primitivos cristianos tomaron
una actitud muy prudente. Daban
por sentado que para ser lleno del Espíritu Santo no era necesario hablar en Lenguas,
ni que todos debiesen hablar en lenguas como dicen -erróneamente-
algunos pentecostales (ni siquiera se planteaban este extremo). Por otro lado sus escritos desmienten la teoría de que
los dones carismáticos desaparecieron con los apóstoles
(aunque pocos siglos más adelante -hacia el III- no se vuelve a hablar de este
tema en la cristiandad ni se vuelve a dar este fenómeno -salvo contadas ocasiones- hasta principios del
siglo XX con el movimiento Pentecostal). Los escritos que dejo ahora
hacen referencia y censuran a dos tipos de personas (asimilables a dos posturas
radicales de hoy en día): Por un lado a los que usaban mal los dones, y por otro a
los que desechándolos o tildándolos de manifestaciones demoníacas
o cosas similares incurrían en pecado imperdonable (nótese
que hablamos de dones genuinos,
y no imitaciones de los
mismos). Las cosas que se mencionan -como reuniones aparte de la
iglesia donde "carismáticos carnales" se reúnen para
profetizarse mutuamente según sus ideas calenturientas y otras similares- son
más que de actualidad. Ahí queda este testimonio.
"...al profeta que hable en el
Espíritu no lo probaréis ni lo discerniréis;
porque todo pecado será perdonado, pero este pecado no
será perdonado. No obstante, no todo el que habla en el
Espíritu es un profeta, sino sólo el que tiene los
caminos del Señor. Por sus
caminos, pues, será reconocido el profeta falso y el profeta..."
(La Didaké o Doctrina de los Apóstoles 11)
"...Y todo profeta que enseñe la verdad, si no hace lo que enseña, es
un falso profeta..." (La
Didaké o Doctrina de los Apóstoles 11)
"Parecería tener por cómplice a un demonio, por cuya obra
causa la impresión de profetizar, y también hace
profetizar a aquellas mujeres a quienes juzga dignas de participar de su
Gracia. Porque sobre todo anda detrás de mujeres, sobre todo a
las más nobles, mejor vestidas y ricas, a las cuales trata de
seducir con discursos orgullosos como éste: «Quiero darte
parte de mi Gracia, (...) He aquí que la Gracia ha descendido
sobre ti: abre tu boca y profetiza». En seguida la mujer responde:
«Nunca he profetizado ni sé profetizar». El entonces
pronuncia nuevas invocaciones para llenar de admiración a la
pobre engañada, diciéndole: «Abre tu boca y habla cualquier cosa, y
profetizarás». Ella entonces, envanecida por lo que
se le ha dicho, siente calentarse su alma con el sueño de que
está por profetizar; su corazón se pone a palpitar
fuertemente, se atreve a hablar cosas delirantes y cualquier cosa que le
viene, sin sentido pero con osadía, pues siente arder en ella el
espíritu. Alguien superior a nosotros ha dicho acerca de estas
profetisas que el alma encendida de viento vano, se torna audaz e
irreverente. Ella entonces se siente profetisa, agradece a Marcos (Marcos es un falso cristiano)
porque le ha comunicado su Gracia; y en agradecimiento no sólo le
da una pingüe parte de sus riquezas, de donde él amontona
una buena cantidad de dinero; sino que también le entrega su
cuerpo deseando estar unida íntimamente con él" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro
I, 13:3)
"porque saben que los seres humanos no reciben de Marcos (Marcos es un falso cristiano) el
don de la profecía, sino que Dios concede esta gracia desde lo
alto a quienes él quiere; y quienes reciben de Dios este don,
hablan donde y cuando Dios quiere, no cuando Marcos ordena. Aquel que
manda es más grande y soberano que quien le está
subordinado; pues lo primero es propio de quien tiene el gobierno, y lo
segundo del que le está sujeto. Por eso, si Marco o algún
otro da órdenes (como esa gente suele hacerlo en sus fiestas, jugando a los videntes y mandándose
unos a otros profetizar y anunciando unos a otros profecías que
satisfagan sus caprichos), entonces ese tal, siendo sólo
un hombre será el que manda, y así se sentirá mayor
y soberano del Espíritu profético, lo que es imposible.
Pero los espíritus a los que ellos ordenan hablar cuando ellos
quieren, son frágiles y débiles, atrevidos e irreverentes,
a los cuales Satanás envía para seducir y llevar a la
perdición a aquellos que no tienen firme la fe, ni conservan la
que desde el principio han recibido de la Iglesia. (Ireneo de Lión,
Contra las Herejías, Libro I, 13:4)
"Por eso sus discípulos verdaderos en su nombre hacen tantas
obras en favor de los seres humanos, según la gracia que de
él han recibido. Unos real y verdaderamente expulsan a los
demonios, de modo que los mismos librados de los malos espíritus
aceptan la fe y entran en la Iglesia; otros conocen lo que ha de pasar,
y reciben visiones y palabras proféticas; otros curan las
enfermedades por la imposición de las manos y devuelven la salud;
y, como arriba hemos dicho, algunos muertos han resucitado y vivido
entre nosotros por varios años (...) Y no lo hacen para seducir a
nadie ni para ganar dinero, pues, así como ella (la iglesia) lo ha recibido gratis
de Dios, así también gratis lo distribuye (Mt 10,8). Y no
lo hace por invocación de los ángeles, ni por medio de
encantamientos, ni por otros poderes malvados u otro tipo de acciones
mágicas; sino que de modo limpio, puro y abierto, elevando su
oración al Dios que creó todas las cosas e invocando el
nombre de nuestro Señor Jesucristo, hace todos estas obras
maravillosas no para seducir a nadie sino para el bien de los seres
humanos. Pues si hasta hoy el nombre de nuestro Señor Jesucristo
hace tantos beneficios y cura de modo seguro y verdadero a todos los que
creen en él" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro
II, 32:4-5)
"Son en verdad infelices, pues al elegir ser pseudoprofetas, rechazan
la gracia de la profecía en la Iglesia. Se parecen a aquellos
que, para evitar mezclarse con los hipócritas que vienen a la
Iglesia, se abstienen también de la comunión con los
hermanos. Se da por supuesto que gente de esta calaña tampoco
aceptan al apóstol Pablo; pues en la Carta a los Corintios
escribió con precisión acerca de los carismas
proféticos, y reconoció que hay en la Iglesia hombres y
mujeres que profetizan (1 Cor 12,28ss y 14,1ss). Por este motivo, pecando contra el Espíritu de Dios, caen en un pecado sin perdón
(Mt 12,31-32; Mc 3,29; Lc 12,10)" (Ireneo de Lión, Contra las
Herejías, Libro III, 11:9)
"También juzgará (Dios)
a los pseudoprofetas, los cuales, no temiendo a Dios ni aceptando de
Dios el don de la profecía, fingen
profetizar, mintiendo contra Dios, o por vanagloria, o por
interés de ganancias, o por influjo del mal espíritu"
(Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro IV, 33:6)
"También nosotros hemos oído a muchos hermanos en la
Iglesia, que tienen el don de la profecía, y que hablan en todas las lenguas por el
Espíritu, haciendo público lo que está
escondido en los hombres y manifestando los misterios de Dios, a quienes
el Apóstol llama espirituales (1 Cor 2,15): éstos son
espirituales, porque participan del Espíritu" (Ireneo de Lión,
Contra las Herejías, Libro V, 6:1)
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doctrinas
Sobre
el bautismo. Por supuesto que
haciendo honor a lo que la palabra "bautizar" significa (lit.
sumergir), los primitivos cristianos practicaban el bautismo por
inmersión (como los actuales bautistas y otras denominaciones
protestantes). No bautizaban infantes o niños sin uso de razón. Bautizaban
personas que hubiesen creído en Jesús y que estaban dispuestas
a seguirle con todas las consecuencias.
"Otros (Habla de herejes)
piensan que no tiene sentido llevar al bautizando al agua. Prefieren
mezclar aceite con agua, y pronunciando palabras semejantes a las que
hemos dicho arriba, les mojan la cabeza para, según dicen,
consagrarlos para la redención. (Reflexionen
los católico-romanos sobre este texto)" (Ireneo de Lión, Contra las
Herejías, Libro I, 21:4)
"Con respecto al bautismo, os bautizaréis. Habiendo primero
repetido todas estas cosas, os bautizaréis en el nombre del Padre
y del Hijo y del Espíritu Santo en agua viva (corriente). Pero
si no tienes agua corriente, entonces bautízate en otra agua; y
si no puedes en agua fría, entonces hazlo en agua caliente. Pero
si no tienes ni una ni otra, entonces derrama agua sobre la cabeza tres
veces en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Pero, antes del bautismo, que el que bautiza y el que es bautizado
ayunen, y todos los demás que puedan; y ordenarás a aquel
que es bautizado que ayune un día o dos antes" (La Didaké
o Doctrina de los Apóstoles, 7)
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doctrinas
La
resurrección de la carne y el Juicio final Especial
hincapié se hace por estos escritores paleocristianos, en la
doctrina de la resurrección de la carne y por ello de vivir
en santidad en el cuerpo (que hoy en día se predica
muy poco) como esperanza del cristiano, frente a las
herejías que afirmaban lo contrario. Se debería enseñar más sobre
esta nuestra esperanza en las iglesias.
"Y que nadie entre vosotros diga que
esta carne no va a ser juzgada ni se levanta otra vez. Entended esto:
¿En qué fuisteis salvados? ¿En qué
recobrasteis la vista si no fue en esta carne? Por tanto hemos
de guardar la carne como un templo de Dios; porque de la misma
manera que fuisteis llamados en la carne, seréis llamados
también en la carne. Si Cristo el Señor que nos
salvó, siendo primero espíritu, luego se hizo carne, y en
ella nos llamó, de la misma manera también
nosotros recibiremos nuestra recompensa en esta carne" (Segunda de
Clemente, Una Antigua Homilía, 9)
"Llenos de orgullo sin razón, os atrevéis a decir que
conocéis los inefables misterios de Dios, cuando el mismo
Señor, siendo Hijo de Dios, declaró no saber ni el
día ni la hora del juicio, sino sólo Dios, cuando dijo:
«Acerca de aquel día y hora nadie los conoce, ni el Hijo,
sino sólo el Padre» (Mt 24,36). Por lo tanto, si el Hijo no
tuvo empacho de atribuir sólo al Padre el conocimiento de aquel
día, y habló con verdad, tampoco nosotros debemos
avergonzarnos de reservar a Dios aquellas cuestiones que nos superan: en
efecto, nadie está sobre su maestro (Mt 10,24)" (Ireneo de Lión,
Contra las Herejías, Libro II, 28:6)
"El Señor dijo claramente que el fuego está preparado
para los transgresores, y lo enseña el resto de las Escrituras,
así como también enseñan que Dios todo lo sabe de
antemano, y por eso desde el principio preparó este fuego eterno
para quienes habrían de hacerse transgresores. Pero ni la
Escritura ni el Apóstol ni el Señor enseñaron el
motivo preciso por el cual esos seres fueron transgresores. Por eso
debemos dejar a la ciencia de Dios muchas de estas cuestiones, como el
Señor le dejó el día y la hora (Mt 24,36).
Correríamos el más grande peligro si a Dios nada le
dejamos, aunque hemos recibido de él sólo en parte esta
gracia, cuando investigamos las cosas que nos superan y que por ahora no
nos es posible descubrir" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías,
Libro II, 28:7)
"Y ésta es nuestra fe: que también a nuestros cuerpos
mortales que observen la justicia Dios los resucitará y
hará incorruptos e inmortales. Porque Dios es más poderoso
que la naturaleza: está en sus manos el querer porque es bueno,
el poder porque es poderoso, y el realizarlo porque es rico y perfecto"
(Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro II, 29:2)
"De modo muy completo el Señor enseñó que no se
conservan las almas pasando de cuerpo en cuerpo; sino también que
ellas conservan la personalidad del cuerpo para el cual fueron hechas,
y se acuerdan de las obras que acá realizaron o dejaron de
realizar. Cuando relata lo que está escrito acerca del rico y de
Lázaro que descansaba en el seno de Abraham (Lc 16,19-31), dice
que el rico, después de la muerte, reconoció a
Lázaro y a Abraham y recordó el puesto que cada uno de
ellos había tenido, y le rogó que enviara en su auxilio a
Lázaro, al que no había querido hacer participar de su
mesa; y luego la respuesta de Abraham, que no sólo sabía
lo que él era, sino también el rico; y que más les
servía escuchar a Moisés y a los profetas que recibir el
anuncio de algún resucitado de la muerte, a aquellos que no
quisieran llegar a aquel lugar de castigo. Con estas palabras claramente
enseñó que las almas siguen viviendo, no que pasan de
cuerpo en cuerpo, y que retienen su personalidad humana a tal punto que
pueden ser reconocidas y acordarse de lo que acá sucede" (Ireneo de
Lión, Contra las Herejías, Libro II, 34:1)
"Esto mismo dirá el Señor en el Evangelio a quienes
encuentre a su izquierda: «Apartaos, malditos, al fuego eterno que
mi Padre preparó para el diablo y sus ángeles» (Mt
25,41). Con esto quiso dar a entender que el fuego eterno no fue en un
principio preparado para el ser humano, sino para aquel que lo sedujo y
lo arrastró al pecado; es decir, para el «príncipe
de la apostasía» (o sea de «la
separación») y para los ángeles que apostataron
junto con él. Y justamente también recibirán este
castigo quienes, de modo semejante a ellos, perseveren en las obras del
mal, sin conversión y arrepentimiento" (Ireneo de Lión, Contra
las Herejías, Libro III, 23:3)
"El Padre sobrepasa en sabiduría a toda sabiduría
angélica y humana; porque es Señor, juez, justo y soberano
sobre todas las cosas. Pero también es misericordioso, bueno y
paciente para salvar a quienes conviene. No deja de ser bueno al ejercer
la justicia, ni se disminuye su sabiduría. Salva a quienes debe
salvar, y juzga con justo juicio a quienes son dignos. Ni se muestra
inmisericorde al ser justo, porque lo previene y precede su bondad. El
Dios benigno «hace salir su sol sobre todos y llueve sobre justos
y pecadores» (Mt 5,45). Juzgará por igual a cuantos
recibieron su bondad, mas no se comportaron de manera semejante
según la dignidad del don recibido, sino que se entregaron a
placeres y pasiones carnales en contra de su benevolencia, muchas veces
hasta llegar a blasfemar contra aquel que los hizo objeto de tantos beneficios" (Ireneo de
Lión, Contra las Herejías, Libro III,
25:34)
"A este Hijo el Padre ha revelado para manifestarse a sí mismo
por él, y para recibir en el eterno descanso a los justos que
creen en él (pues creer en él significa hacer su
voluntad); mas a aquellos que no creen y por eso huyen de la luz,
justamente los recluirá en las tinieblas que ellos mismos han
elegido para sí. Así pues, el Padre se ha revelado para
todos, y para todos ha hecho visible a su Verbo: y al mismo tiempo el
Verbo ha mostrado a todos al Padre y al Hijo, cuando se dejó ver
de todos, y así es justo el juicio de Dios sobre todos los que
igualmente lo han visto pero no han creído igualmente" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro IV, 6:5)
"Dios siempre ha protegido, por una parte la libertad y decisión
del ser humano, y por otra su exhortación a él: por ello
quienes no obedecen son justamente juzgados por su desobediencia, y
quienes obedecen y creen reciben la corona incorruptible" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro IV, 15:2)
"Pues si alguno afirma que el templo de Dios, en el cual habita el
Espíritu del Padre, y los miembros de Cristo no participan de la
salvación, sino que están condenados a la
perdición, ¿no dirá la más grande blasfemia?
Y porque nuestros cuerpos no resucitan en virtud de su propia
naturaleza, sino por la virtud de Dios, escribe a los Corintios:
«El cuerpo no es para la fornicación, sino para el
Señor, y el Señor para el cuerpo. Dios resucitó al
Señor, y nos resucitará por su poder» (1 Cor
6,13-14)" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro V, 6:2)
"Y por eso, cuando al final de los siglos la Iglesia se levante,
«habrá una tribulación como no la ha habido desde el
principio ni la habrá» (Mt 24,21): pues en los
últimos tiempos los justos deberán luchar, y los
vencedores recibirán la incorrupción como corona" (Ireneo
de Lión, Contra las Herejías, Libro V, 29:1)
"Por ello es preciso explicar acerca de este asunto, que, a la
aparición del Señor, los justos serán los primeros
en recibir la herencia que Dios prometió a los padres,
despertando en una condición renovada de su ser, y con él
reinarán; el juicio universal vendrá en seguida" (Ireneo
de Lión, Contra las Herejías, Libro V, 32:1)
"Esto es lo que recuerdan haber oído de Juan, el
discípulo de Jesús, los presbíteros que lo conocieron, acerca de cómo el Señor les había
instruido sobre aquellos tiempos: «Llegarán días en
los cuales cada viña tendrá diez mil cepas, cada cepa diez
mil ramas, cada rama diez mil racimos, cada racimo diez mil uvas, y
cada uva exprimida producirá 25 medidas de vino. Y cuando uno de
los santos corte un racimo, otro racimo le gritará: ¡Yo soy
mejor racimo, cómeme y bendice por mí al Señor! De
igual modo un grano de trigo producirá diez mil espigas, cada
espiga a su vez diez mil granos y cada grano cinco libras de harina
pura. Lo mismo sucederá con cada fruto, hierba y semilla,
guardando cada uno la misma proporción. Y todos los animales que
coman los alimentos de esta tierra, se harán mansos y
vivirán en paz entre sí, enteramente sujetos al
hombre»" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro V,
33:3)
"El anciano Papias, que también escuchó al
apóstol Juan como compañero de Policarpo, ofrece el
testimonio siguiente en el cuarto de sus cinco libros, añadiendo:
«Cuantos tienen fe aceptarán lo anterior. Y como Judas el
traidor no creyese y le preguntase: ¿Cómo podrá el
Señor producir tales frutos?, el Señor le
respondió: Lo verán quienes irán a esa
tierra»" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro V,
33:4)
"Todo esto se refiere sin duda a la resurrección de los justos,
la cual acaecerá después de la venida del Anticristo (...)
Aquellos a quienes el Señor, al venir de los cielos, encuentre
esperándolo en la carne tras haber sufrido la Gran
Tribulación y haber escapado de las manos del impío (El
anticristo), son aquellos de los cuales dijo el profeta..."
(Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro V, 35:1)
"Como enseñan los Presbíteros (discípulos de los apóstoles
a los que Ireneo conoció), quienes fueren dignos de morar
en los cielos, entrarán en ellos; otros gozarán de las
delicias del paraíso; otros poseerán el esplendor de la
ciudad; pero en todas partes verán a Dios, según la medida
en que fueren dignos de contemplarlo. Habrá una diferencia en la
habitación de aquellos que hayan fructificado el ciento por uno,
el sesenta o el treinta (Mt 13,8): unos serán llevados al cielo,
otros se detendrán en el paraíso y los terceros
habitarán la ciudad. Por eso dijo el Señor que en la casa
de su Padre hay muchas moradas (Jn 14,2). Todo pertenece a Dios, quien
prepara a cada cual su habitación adecuada, como dijo su Verbo,
que el Padre las distribuye a todos según los méritos de
cada uno. Este es el salón de fiesta en el cual tomarán su
lugar y se regocijarán todos los invitados a las bodas (Mt
22,1-14). Los Presbíteros discípulos de los
Apóstoles enseñan que este será el orden y
providencia para los que se salvan, así como cuáles son
los peldaños por los cuales se asciende: por el Espíritu
subimos al Hijo y por éste al Padre, y el Hijo al final
entregará su obra al Padre, como escribe el Apóstol:
«El debe reinar, hasta que ponga a todos sus enemigos bajo sus
pies. La muerte será el último enemigo vencido» (1
Cor 15,25-26). En efecto, cuando llegue el Reino, el justo, viviendo
sobre la tierra, olvidará la muerte: «Habiendo dicho la
Escritura que todo le está sujeto, exceptúa a aquel que
todo le ha sometido. Cuando se le hayan sometido todas las cosas,
también el Hijo se le someterá a aquel que le ha sometido
todo, para que Dios sea todo en todas las cosas» (1 Cor 15,27-28)"
(Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro V, 36:1-2)
"Los apóstoles, con la palabra de
verdad, exhortaron a los gentiles a guardar su cuerpo sin mancilla en
orden a la resurrección y su alma al abrigo de la corrupción"
(Ireneo de Lión, Demostración de la Predicación Apostólica 41)
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doctrinas
La
Gran Tribulación, El Anticristo y la Segunda venida de
Jesús. Como hemos dicho
en otra parte de esta WEB, ni los primeros cristianos, ni
después los grandes reformadores de la Iglesia de la Edad Media
creyeron en un "Rapto" secreto de la iglesia y anterior a la Gran
Tribulación. Los cristianos primitivos sabían por las
enseñanzas del Nuevo testamento y de los diáconos que
conocieron a los apóstoles que una de las señales de la
Venida del Hijo del Hombre sería la persecución extrema de
la iglesia por el Anticristo. Por eso
estaban persuadidos de que la venida de Jesús era inminente, al soportar estar
terribles persecuciones de las
que ya hemos hablado en esta WEB en otra parte. Más que interesante lo que
Ireneo de Lión dice sobre el anticristo.
"...porque en los
últimos días se multiplicarán los falsos profetas
y los corruptores, y las ovejas se volverán lobos, y el amor se
cambiará en aborrecimiento. Porque cuando aumente la licencia y
el libertinaje, se aborrecerán los unos a los otros y se
perseguirán y se traicionarán. Y entonces el
engañador del mundo aparecerá como hijo de Dios; y
hará portentos y señales, y la tierra será
entregada a sus manos; y hará cosas inmundas, que nunca se han
visto en el mundo desde que empezó. Entonces toda la humanidad
creada será probada por fuego y muchos serán
escandalizados y perecerán; pero
el que persista en su fe será salvo por el que ha sido hecho
maldición. Y entonces aparecerán las
señales de la verdad; primero la señal de un desgarro en
el cielo, luego la señal de la voz de una trompeta, y tercero la
resurrección de los muertos; con todo, no de todos, sino como fue
dicho: El Señor vendrá y todos sus santos con El.
Entonces el mundo verá al Señor que viene en las nubes del
cielo" (La Didaké o Doctrina de los Apóstoles 15)
"Y dice también, hablando del Anticristo: «El enemigo que
se exalta sobre todo aquello a lo que se le denomina dios o se le rinde
culto» (2 Tes 2,4), para indicar a los llamados dioses por los
ignorantes, o sea los ídolos. El Padre de todas las cosas es y se
llama Dios. El Anticristo no puede exaltarse sobre él, sino
sólo sobre los llamados dioses sin serlo" (Ireneo de Lión, Contra
las Herejías, Libro III, 6:5)
"También en la Segunda a los Tesalonicenses dice sobre el
Anticristo: «Entonces se manifestará el Inicuo, al que el
Señor Jesucristo matará con el aliento de su boca y
destruirá con la presencia de su venida, cuyo advenimiento
será por obra de Satanás, con toda suerte de poder, signos
y portentos falsos» (2 Tes 2,8-9). He aquí el orden de las
palabras de este pasaje: «Entonces se manifestará el
Inicuo, cuyo advenimiento será por obra de Satanás, con
toda suerte de poder, signos y portentos falsos, a quien el Señor
Jesucristo matará con el aliento de su boca y destruirá
con la venida de su presencia». Porque no es la venida del
Señor la que será por obra de Satanás, sino el
advenimiento del Inicuo, al que llamamos el Anticristo. Por lo tanto hay
que poner atención a la lectura, y mediante las comas en la
respiración dar sentido a lo que lee; si alguien no lo hace, no
sólo dirá incongruencias, sino
que leerá blasfemias, como si la venida del Señor fuese
obra de Satanás" (Ireneo de Lión, Contra las
Herejías, Libro III, 7:2)
"Y también dice en la segunda Carta a los Tesalonicenses, acerca
del Anticristo: «Por eso Dios les envió un Poder del
engaño, para que crean en la mentira y se condenen todos aquellos
que no creyeron en la verdad, sino que consintieron en la
iniquidad» (2 Tes 2,11-12)" (Ireneo de Lión, Contra las
Herejías, Libro IV, 29:1)
"Y no sólo por lo que hemos dicho, sino también por lo
que sucederá bajo el poder del Anticristo, se prueba que el
diablo, siendo apóstata y ladrón, quiere ser adorado como
Dios; y se quiere proclamar rey, siendo un siervo. Porque él,
recibiendo todo el poder del diablo, vendrá no como rey justo o
legítimo sujeto a Dios, sino como impío, injusto y sin
ley, como apóstata, inicuo y homicida, como un ladrón que
recapitulará en sí la apostasía del diablo. Derrocará a los ídolos para
persuadirnos de que él mismo es Dios, poniéndose a
sí mismo como el único ídolo, resumiendo en
sí los distintos errores de los ídolos, a fin de que,
aquellos que adoran al diablo mediante muchas maldades, lo sirvan a
él en su único ídolo. De este es de quien afirma el
Apóstol en su segunda Carta a los Tesalonicenses: «Primero
ha de venir la rebelión y manifestarse el hombre de pecado, el
hijo de la perdición, el enemigo que se exalta a sí mismo
sobre todo lo que llamamos Dios y es objeto de culto, hasta sentarse en
el templo de Dios, haciéndose pasar a sí mismo por
Dios» (2 Tes 2,3-4). El Apóstol claramente desenmascara su
apostasía y que se alzará contra todo lo divino y contra
todo objeto de culto, es decir sobre todos los ídolos -pues no
son dioses, aunque así los llamen los hombres-, y que él
de manera tiránica se empeñará en mostrarse como
Dios" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro V, 25:1)
"Más claramente aún Juan, discípulo del
Señor, escribió en el Apocalipsis acerca de los
últimos tiempos y de de los diez reyes que se dividirán el
reino que ahora impera. Cuando explica el significado de los diez
cuernos que Daniel vio, dice que esto le fue revelado: «Y los diez
cuernos que viste son diez reyes a los que aún no se les ha dado
el reino, sino que por una hora recibirán el poder junto con la
bestia. Estos tienen una sola idea en su mente, la de entregar a la
bestia la fuerza y el poder. Estos lucharán con el cordero, y
éste los vencerá porque es el Señor de los
señores y Rey de los reyes» (Ap 17,12-14). También
se declara que aquel que viene matará a tres de ellos, los otros
le quedarán sometidos, y el mismo será el octavo de ellos.
Y devastarán Babilonia y la quemarán a fuego, le
entregarán su reino a la bestia y perseguirán la Iglesia. Una vez acaecidas estas cosas,
quedarán destruidos con la venida de nuestro Señor"
(Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro V, 26:1)
"Por este motivo dice el Apóstol: «Como no acogieron el
amor de Dios para salvarse, por eso Dios les envió un Poder del
error, a fin de que sean juzgados cuantos no creyeron en la verdad, sino
que se complacieron en la iniquidad» (2 Tes 2,10-12). Una vez que
venga (el Anticristo) con sus planes recapitulará toda la
apostasía en sí mismo, realizará todo lo que haga
por su propia voluntad y arbitrio, sentado en el templo de Dios para que
cuantos se dejen seducir por él lo adoren como a Cristo (2 Tes
2,4). Por eso justamente serán arrojados al estanque de fuego (Ap
19,20)" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro V, 28:2)
"Si lo anterior es verdad, si este número se halla en todos los
manuscritos antiguos y autorizados, si dan testimonio de él todos
aquellos que vieron a Juan cara a cara, y si la razón nos
enseña que la cifra del nombre de la bestia según la
computación de los griegos debe tener las letras que se hallan en
666 (es decir igual número de centenas, decenas y unidades)
-pues el número seis conservado en cada cifra parece recapitular
toda la apostasía desde el principio, pasando por los tiempos
intermedios hasta los últimos-, no sé cómo erraron
algunos, con tal de seguir sus propias ideas, al cambiar el
número intermedio del nombre; pues restaron cincuenta al
número original, y pretendieron que fuese 10. Tal vez, imagino,
fue error de amanuenses, porque, como en griego se ponen letras en lugar
de números, fácilmente cambiaron la letra que significa
60, por la iota. Después otros pudieron hacer lo mismo, sin
confrontar con el original. Otros simplemente asumieron ingenuamente el
número 10. Incluso algunos, por ignorancia, se atrevieron a
investigar los nombres que llevaban ese número falso. En mi
opinión, Dios perdonará a todos los que por simplicidad y
sin malicia hicieron esto; en cambio, a quienes, buscando una gloria
vana, se decidieron por un nombre que lleva el número falso, y
por su propia autoridad definieron el nombre de aquel que ha de venir, a
éstos les irá mal, porque se sedujeron a sí mismos
y a los fieles. El primer daño que han causado es alejarse de la
verdad, juzgando como si fuese lo que no es; además, un castigo
de la Escritura no despreciable recaerá sobre tales hombres. Se
añadirá otro peligro no pequeño para quienes
erróneamente presumen de conocer ese nombre: si creen que es un
nombre, y el que vendrá tiene otro, él podrá
seducirlos fácilmente, pues creerán que aún no se
presenta aquél de quien deben precaverse" (Ireneo de Lión,
Contra las Herejías, Libro V, 30:1)
"Jeremías habla no sólo de su venida imprevista (habla de la manifestación del
Anticristo), sino también de la tribu de la cual ha de
provenir: «Desde Dan se
escucha el resoplar de sus caballos; toda la tierra temblará ante
el relincho de sus corceles. Vendrá a devorar el país y
todo cuanto hay en él: sus ciudades y sus habitantes» (Jer
8,16). Por este motivo el Apocalipsis
no enumera dicha tribu entre las que se han de salvar (Ap
7,5-8)" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro V, 30:2)
"Más seguro y sin peligro es esperar que se cumpla la
profecía, que ponerse a adivinar o a hipotizar cualquier nombre;
pues se pueden encontrar muchos nombres que llevan dicha cifra, (...)
También TEITAN, que en la primera sílaba contiene una
doble vocal griega: E e I, es el nombre más probable entre los
que hallamos. Porque ese nombre consta de seis letras, cada una de sus
dos sílabas consta de tres letras, y es un nombre antiguo y
extraordinario; pues ninguno de los actuales reyes lleva el nombre de
Titán, ni se denomina así ninguno de los ídolos que
los griegos y los bárbaros adoran. Y, sin embargo, muchos
consideran divino ese nombre, pues
también se llama Titán al dios sol (...) Pero,
aunque el nombre de Titán sea tan probable, a tal punto que
muchos se preguntan si no se llamará así el que ha de
venir, sin embargo no correremos el riesgo de pronunciarnos acerca del
nombre que habrá de llevar; pues sabemos que, si su nombre
debiera ser claramente proclamado ya en el presente, lo habría
dicho aquel que lo contempló en el Apocalipsis; además,
esta visión ha tenido lugar casi en nuestro tiempo, hacia el
final del imperio de Domiciano" (Ireneo de Lión, Contra las
Herejías, Libro V, 30:3)
"Cuando el Anticristo devastare todas
las cosas en este mundo, y hubiese reinado durante tres años y
seis meses, sentado en el templo de Jerusalén, entonces el
Señor vendrá entre las nubes del cielo en la gloria del
Padre (Mt 16,27). Entonces lo enviará al lago de fuego con
sus seguidores (Ap 19,20), e instaurará el tiempo del reino para
los justos, es decir el descanso, el séptimo día
santificado, y cumplirá a Abrahám la promesa de la
herencia. Este es el reino al cual, según la palabra del
Señor, muchos vendrán de oriente y occidente, para tomar
su lugar junto con Abraham, Isaac y Jacob (Mt 8,11)" (Ireneo de Lión,
Contra las Herejías, Libro V, 30:4)
"Todo esto se refiere sin duda a la resurrección de los justos, la cual acaecerá después de
la venida del Anticristo (...) Aquellos a quienes el Señor,
al venir de los cielos, encuentre esperándolo en la carne tras haber sufrido la Gran
Tribulación y haber escapado de las manos del impío
(El anticristo), son aquéllos de los cuales dijo el profeta..."
(Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro V, 35:1)
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doctrinas
Dios
Padre. Aparte de otros
temas, se hace hincapié en que el Dios del Nuevo Testamento es el mismo que el Dios del Antiguo, y no
otro, como afirmaban algunos herejes (gnósticos y otros). Esta era una de las
principales herejías de la época: separar o hacer diferente al Dios del Antiguo
Testamento del Dios del Nuevo.
"Porque ser eminente sobre todas las cosas es lo propio de Dios, y por
ello no le hacen falta instrumentos para llevar a cabo la hechura de su
creación. Y su Verbo es capaz y suficiente para realizar todas
las cosas, como escribió de él su discípulo Juan:
«Todas las cosas fueron hechas por él, y sin él nada
se ha hecho» (Jn 1,3). Y en la expresión «todas las
cosas» está incluido nuestro mundo. Por tanto, éste
fue hecho por el Verbo, como dice la Escritura en el Génesis, que
Dios hizo por su Palabra todas las cosas que existen en nuestro mundo (Gén 1,3-26). También David lo afirma: «Porque
él lo dijo y fueron hechas; lo mandó y fueron
creadas» (Sal 33[32],9; 148,5). ¿A quién, pues,
vamos a creer acerca de la creación del mundo: a esos herejes que
hemos mencionado, que mascullan tonterías y contradicciones, o a
los discípulos del Señor, a Moisés el fiel siervo
de Dios (Núm 12,7) y profeta? Este fue el primero que
describió el origen del mundo: [716] «En el principio Dios
hizo el cielo y la tierra» (Gén 1,1), y en seguida todo el
resto. No habló de dioses ni de ángeles" (Ireneo de Lión,
Contra las Herejías, Libro II, 2:5)
"Y que este mismo Dios es el Padre de nuestro Señor Jesucristo,
lo dijo el Apóstol Pablo: «Uno solo es Dios Padre, que
está sobre todos, por todos y en todos nosotros» (Ef 4,6).
Ya demostramos anteriormente que existe sólo un Dios; pero
aún lo seguiremos probando a partir de las palabras del
Señor y de los Apóstoles. Pues ¿a dónde
llegaríamos si, dejando las palabras del Señor y de los
Apóstoles, prestáramos atención a aquellas que nada
sensato pueden decirnos?" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías,
Libro II, 2:6)
"Si conociesen las Escrituras y se dejaran educar por la verdad,
aprenderían que Dios no es como los seres humanos, ni sus
pensamientos son como los del hombre (Is 55,8-9). Pues el Padre de todas
las cosas dista mucho de las acciones y pasiones humanas, es simple, no
es compuesto, no consta de miembros diversos, todo su ser es igual a
sí mismo; es todo intelecto, todo espíritu, todo
sentimiento, todo pensamiento, todo verbo, todo oído, todo ojo,
todo luz y todo bien de todos los bienes, como afirman de Dios los
hombres de fe y piadosos. El está sobre todas las cosas, y por
eso es inefable. Se puede afirmar con rectitud y justicia que es un
intelecto que abarca todas las cosas, pero no de modo semejante al
intelecto de los seres humanos. También se le puede llamar luz,
pero no a la manera de nuestra luz. Y así sucesivamente: el Padre
de todas las cosas no es en nada igual a la pequeñez humana; y,
aunque nosotros podemos hablar de estas cosas en él por motivo de
su amor, sin embargo hemos de entender que siempre nos supera en
grandeza" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro II, 13:3,4)
"Con estas palabras Juan quiso decir que los ángeles, los
arcángeles, «los tronos y dominaciones» (Col 1,16),
fueron creados por el Dios que está sobre todas las cosas, y
hechos por mediación del Verbo; pues, cuando afirma que el Verbo
de Dios estaba en el Padre, añadió: «Todo fue hecho
por medio de él, y sin él nada ha sido hecho» (Jn
1,3). Cuando David enumera las alabanzas, nombra todas las cosas que
dijimos, y añade los cielos y todas sus potestades: «El lo
mandó y todo fue creado. El lo dijo y se hizo» (Sal 148,5;
33[32],9). ¿A quién se lo mandó? Al Verbo,
«por el cual fundó los cielos y con el soplo de su boca
toda su potencia» (Sal 33[32],6). Y que hizo todas las cosas por
propia libertad y como quiso, también lo dice David:
«Nuestro Dios hizo en los cielos y en la tierra todo lo que
quiso» (Sal 114[113],11). Las cosas creadas son diferentes de
aquel que las creó, y las cosas hechas, de su Hacedor. Pues
éste es increado, no tiene principio ni fin, y de nadie tiene
necesidad. No carece de nada, se basta a sí mismo, y da a todos
los demás seres la existencia. Cuanto fue hecho por él,
tuvo un principio. Y las cosas que tuvieron un comienzo, pueden un
día perecer, están sujetas y necesitan de su Hacedor. Como
hay muchos que tienen poca inteligencia para distinguir estas cosas,
fue necesario usar palabras diversas, de modo que a aquel solo que hizo
todas las cosas con su Palabra, se le llame Dios y Señor. En
cuanto a las creaturas, no son capaces de llamarse con estos nombres, ni
pueden con justicia adjudicarse un título que pertenece
sólo al Creador. (Ireneo de Lión, Contra las Herejías,
Libro III, 8:3)
"Queda, pues, firme sin discusión, que el Espíritu,
hablando en propia persona, no ha llamado Dios y Señor a nadie
más sino al Dios Soberano de todas las cosas, con su Verbo;
así también aquellos que reciben el Espíritu de
adopción, es decir, quienes creen en el único Dios
verdadero y en Jesucristo Hijo de Dios. De modo semejante, el
Apóstol no llama Dios y Señor a otros fuera de
éstos; y lo mismo nuestro Señor, el cual nos mandó
no proclamar Padre a ningún otro sino al que está en los
cielos, al único Dios y Padre" (Ireneo de Lión, Contra las
Herejías, Libro IV, 1:1)
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doctrinas
El
Espíritu Santo
"Para ello el Señor prometió que enviaría al
Paráclito que nos acercase a Dios (Jn 15,26; 16,7). Pues,
así como del trigo seco no puede hacerse ni una sola masa ni un
solo pan, sin algo de humedad, así tampoco nosotros, siendo
muchos, podíamos hacernos uno en Cristo Jesús, sin el agua
que proviene del cielo. Y así como si el agua no cae la tierra
árida no fructifica, así tampoco nosotros, siendo un
leño seco, nunca daríamos fruto para la vida, si no se nos
enviase de los cielos la lluvia gratuita. Pues nuestros cuerpos
recibieron la unidad por medio de la purificación (bautismal)
para la incorrupción; y las almas la recibieron por el
Espíritu. Por eso una y otro fueron necesarios, pues ambos nos
llevan a la vida de Dios" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías,
Libro III, 17:2)
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doctrinas
Jesucristo. ¡Malas
noticias para los Testigos de Jehová! Los primitivos cristianos
creyeron en la Divinidad de Jesucristo, como atestiguan los numerosos
escritos al respecto (hablan de él como el Dios que se
apareció a Abraham antes de la destrucción de Sodoma y
Gomorra, del Dios que se apareció a Moisés en la zarza,
etc. No es hasta el siglo III-IV que surgirán las herejías
que afirmaban lo contrario y con ello los debates sobre la Trinidad (palabra que no aparece hasta el siglo III en la
cristiandad. Recomiendo leer mi credo para ver la manera en que
entendían los primitivos cristianos lo que después se llamó doctrina de
la Trinidad en el siglo III -lo he escrito así a propósito-).
"Tenía treinta años cuando recibió el bautismo,
edad que es la perfecta para un maestro. En seguida se dirigió a
Jerusalén, donde se le llamó «Maestro»: (...)
se manifestó como era. Siendo, pues, el Maestro, tenía la
edad apropiada para un maestro. El no rechazó ni reprobó
al ser humano, ni abolió en sí la ley del género
humano, sino que santificó todas las edades al asumirlas en
sí a semejanza de ellos. Porque vino a salvar a todos: y digo a
todos, es decir a cuantos por él renacen para Dios, sean
bebés, niños, adolescentes, jóvenes o adultos. Por
eso quiso pasar por todas las edades: para hacerse bebé con los
bebés a fin de santificar a los bebés; niño con los
niños, a fin de santificar a los de su edad, dándoles
ejemplo de piedad, y siendo para ellos modelo de justicia y obediencia;
se hizo joven con los jóvenes, para dar a los jóvenes
ejemplo y santificarlos para el Señor; y creció con los
adultos hasta la edad adulta, para ser el Maestro perfecto de todos, no
sólo mediante la enseñanza de la verdad, sino
también asumiendo su edad para santificar también a los
adultos y convertirse en ejemplo para ellos. En seguida asumió
también la muerte, para ser «el primogénito de los
muertos, y tener el primado sobre todos» (Col 1,18), el iniciador
de la vida (Hech 3,15), siendo el primero de todos y yendo adelante de
ellos" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro II, 22:4)
"Esta edad tenía el Señor cuando enseñaba, como
dicen el Evangelio y todos los presbíteros de Asia que, viviendo
en torno a Juan, de él lo escucharon, puesto que éste
vivió con ellos hasta el tiempo de Trajano. Algunos de ellos
vieron no sólo a Juan, sino también a otros
Apóstoles, a quienes han escuchado decir lo mismo. ¿A
quién tenemos que creer? ¿A estos testigos, o a Ptolomeo (Un hereje), que nunca
conoció a los Apóstoles, y que ni en sueños
siguió sus huellas?" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías,
Libro II, 22:5)
"Ni el Señor, ni el Espíritu Santo (por los profetas), ni
los Apóstoles jamás habrían llamado Dios de modo
absoluto y definitivo al que no lo fuese verdaderamente; ni
habrían llamado Señor a ninguna otra persona, sino al Dios
Padre soberano de todas las cosas, y a su Hijo que recibió de su
Padre el señorío sobre toda la creación,
según aquellas palabras: «Dijo el Señor a mi
Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus
enemigos como escabel de tus pies» (Sal 110[109],1). En este pasaje se presenta al Padre
conversando con el Hijo; él «le ha dado las
naciones por herencia» (Sal 2,8) y le ha sometido a todos sus
enemigos. Y como el Padre es en
verdad Señor, y el Hijo es en verdad Señor, con
razón el Espíritu Santo los llamó con el
título Señor. También al narrar la destrucción de Sodoma, la Escritura
dice: «Y el Señor hizo llover desde el cielo fuego y azufre
sobre Sodoma y Gomorra» (Gén 19,24). Esto significa que el Hijo, el mismo que había
conversado con Abraham, ha recibido del Padre el poder de
condenar a los sodomitas, por motivo de su iniquidad. De modo
semejante afirma: «Tu trono, oh Dios, para siempre; cetro de
rectitud es el cetro de tu reinado; amaste la justicia y odiaste la
iniquidad; por eso te ungió Dios, tu Dios» (Sal
45[44],7-8). Aquí el
Espíritu los llamó a ambos con el nombre de Dios:
tanto al Hijo, el ungido, como al que unge, el Padre. Y también:
«Dios se presentó en la asamblea de los dioses, en medio
de ellos juzga a los dioses» (Sal 82[81],1). (El Espíritu) habla aquí del Padre y del Hijo
y de aquellos que recibieron la adopción filial, y mediante ellos
se refiere a la Iglesia: porque ésta es la sinagoga de Dios, la cual Dios, me refiero al Hijo, ha
reunido por sí y para sí mismo. También dice en
otro lugar: «Dios, el Señor de los dioses, habló y
convocó la tierra» (Sal 50[49],1). ¿De cuál Dios se trata? De
aquel del cual está escrito: «Dios vendrá de modo
manifiesto; nuestro Dios, y no callará», esto es, el Hijo,
que se manifestó por su venida a los hombres, el cual dice:
«Me manifesté al descubierto a quienes no me
buscaban» (Is 65,1). ¿Y de qué dioses se trata? De
aquellos a quienes él declara: «Yo he dicho: Vosotros sois
dioses, todos sois hijos del Altísimo» (Sal 82[81],6; Jn
10,34); es decir, aquellos que han recibido la gracia de la
adopción, por la cual clamamos: «¡Abbá,
Padre!» (Rom 8,15; Gál 4,5-6). Así, pues, como
arriba dije, a ningún otro se le llama Dios o Señor, sino
al que es Dios y Señor de todas las cosas, el que dijo a
Moisés: «Yo soy el que soy», y: «Así
dirás a Israel: Yo soy me manda a vosotros» (Ex 3,14); y también a su Hijo, nuestro
Señor Jesucristo, el cual hace hijos de aquellos que
creen en su nombre (Jn 1,12). El Hijo también habla por
Moisés: «Yo he descendido a librar a este pueblo» (Ex
3,8), porque es él «quien descendió y
ascendió» (Ef 4,10) para salvar a los seres humanos. De
este modo, «Por el Hijo que está en el Padre y tiene en
sí al Padre» (Jn 14,10-11) se ha manifestado Dios aquel que
es, al dar testimonio, como Padre, del Hijo (Mt 16,17; Jn 5,37),
mientras el Hijo anuncia al Padre (Mt 11,27; Jn 11,41-42). Como dice
Isaías: «Yo doy testimonio, dice el Señor Dios, y mi
Siervo a quien yo elegí, para que sepáis, creáis y
entendáis que soy yo» (Is 43,10). (Ireneo de Lión, Contra
las Herejías, Libro III, 6:1-2)
"El Padre, pues, es Señor y el Hijo es Señor; es Dios
el Padre y lo es el Hijo, porque el que ha nacido de Dios es Dios.
Así según la esencia de su ser y de su poder, hay un solo Dios; pero,
al mismo tiempo, en la administración de la economía de nuestra
redención, Dios aparece como Padre y como Hijo. Y dado que el
Padre del Universo es invisible e inaccesible a los seres creados, es
por medio del Hijo como los destinados a acercarse a Dios deben
conseguir el acceso al Padre" (Ireneo de Lión, Demostración
de la Predicación Apostólica, 47)
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doctrinas
Vida cristiana y en la
Iglesia. Como me gustaría que el lector se
hiciese con algún buen libro sobre textos de los cristianos primitivos
(Recomiendo "Los Padres Apostólicos" de Editorial CLIE), para
que se diesen cuenta de la seriedad -que hoy apenas existe- con la que
estos hermanos vivieron la fe y la vida de iglesia. Ni eran unos
"descontrolados" locos como hoy parecen serlo algunos, ni unos
rigoristas farisaicos con la exclusiva de la verdad -como también
abundan por ahí-. Eran lo más serio y consagrado que se pueda imaginar
-con sus defectos y problemas- pero con la Libertad con la
que el Cristo nos ha hecho Libres.
"Y los libros y los apóstoles
declaran de modo inequívoco que la Iglesia no sólo existe
ahora por primera vez, sino que ha sido desde el principio:
porque era espiritual, como nuestro Jesús era
también espiritual, pero fue manifestada en los últimos
días para que Él pueda salvarnos" (2ª De Clemente,
"Una Antigua Homilía" 14)
"Pues es mejor y más provechoso para uno ser ignorante o de poca
ciencia, si se acerca a Dios por el amor hacia su prójimo, que
imaginarse saber mucho y ser perito en muchas cosas hasta blasfemar de
Dios inventando a otro Dios y Padre. Por eso Pablo exclamó:
«La ciencia envanece, el amor edifica» (1 Cor 8,1). No es
que condenara el verdadero conocimiento de Dios, porque si así lo
hiciera se condenaría a sí mismo; sino que, sabiendo que
algunos, con ocasión de la ciencia, se enorgullecían hasta
apartarse del amor de Dios, y sin embargo se tenían a sí
mismos por perfectos, inventaban a un dios imperfecto como producto de
su ciencia; por eso dijo: «La ciencia envanece, el amor
edifica». (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro II,
26:1a)
"Mejor que buscar la ciencia es no conocer otra cosa sino a Jesucristo
el Hijo de Dios crucificado por nosotros (1 Cor 2,2), en vez de
investigar cuestiones sutiles hasta caer en la impiedad y en la vana
palabrería." (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro
II, 26:1b)
"Una mente sana y religiosa que ama la verdad, sin peligro alguno pone
la capacidad que Dios concedió a los seres humanos al servicio de
la ciencia, y con un constante estudio podrá progresar en su
conocimiento de las cosas. Por éstas quiero decir aquellas que
día tras día suceden ante nuestros ojos, y también
aquellas que las palabras de la Escritura tratan en forma abierta. Por
eso se deben interpretar las parábolas sin métodos
ambiguos: quien de esta manera las entiende, no correrá peligro,
y todos deben explicar las parábolas de modo semejante.
Haciéndolo así, el cuerpo de la verdad permanecerá
íntegro, siempre adecuado a los miembros y libre de distorsiones.
En cambio, cuando se aplican cosas ocultas y que no están a la
vista, a la interpretación de las parábolas, como a cada
uno se le antoja, desaparece toda regla de la verdad; pues cuantos
fueren los expositores de las parábolas, otras tantas
serán las verdades opuestas entre sí y provocarán
doctrinas contradictorias, como sucede con las cuestiones de los
filósofos paganos" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías,
Libro II, 27:1)
"En la Iglesia se halla la compasión, la misericordia (Zac 7,9),
la solidez y la verdad, que se ejercitan gratuitamente y sin esperar
paga alguna, sólo al servicio de los seres humanos. Damos lo que
tenemos para la salvación de los hombres, y muchas veces los
enfermos reciben de nosotros, para su curación, incluso lo que a
nosotros nos hace falta" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías,
Libro II, 31:3)
"Usando la enseñanza del Señor: según su palabra,
no sólo serán echados de su presencia quienes pequen, sino
también quienes quieran pecar (Mt 5,25-28). No sólo el
que asesina merecerá el castigo del asesino, sino también
aquel que, sin motivo, se enoje contra su hermano (Mt 5,21-22). No
sólo prohibió odiar a los demás, sino que
ordenó amar a los enemigos (Mt 5,43-44). No únicamente
vetó hablar mal del prójimo, sino que mandó no
llamar al otro vacío o estúpido, bajo pena de caer en el
fuego de la gehenna (Mt 5,22). No sólo enseñó no
golpear a otro, sino que, si alguien nos pega, a presentarle la otra
mejilla (Mt 5,39). No se limitó a disponer que no hemos de robar
lo ajeno, sino también a no reclamarle al otro que nos ha quitado
lo nuestro (Mt 5,40); y no únicamente prohibió hacer el
mal o herir al prójimo, sino que mandó hacer el bien con
generosidad a quienes nos tratan mal y orar por ellos para que se
conviertan y se salven (Mt 5,44): no hemos de imitar, pues, a los otros
en las ofensas, los apetitos y el orgullo" (Ireneo de Lión, Contra las
Herejías, Libro II, 32:1)
"Esta es la predicación abierta de Cristo: que él es el
Salvador de quienes por confesarlo serán entregados a la muerte y
perderán su vida" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías,
Libro III, 18:4)
"Hemos también expuesto cómo la predicación de la
Iglesia es la misma en todas las regiones, se mantiene igual y se funda
en el testimonio de los profetas, de los Apóstoles y de todos los
discípulos; y así también (hemos explicado) desde
el principio, por sus medios y hasta el fin, el universal proyecto
salvífico de Dios, y la obra que realiza todos los días
por la salud del hombre, en lo que nuestra fe consiste. Conservamos esta
fe, que hemos recibido de la Iglesia, como un precioso perfume
custodiado siempre en su frescura en buen frasco por el Espíritu
de Dios, y que mantiene siempre joven el mismo vaso en que se guarda.
Este es el don confiado a la Iglesia, como el soplo de Dios a su
criatura, que le inspiró para que tuviesen vida todos los
miembros que lo recibiesen. En éste se halla el don de Cristo, es
decir el Espíritu Santo, prenda de incorrupción,
confirmación de nuestra fe, y escalera para subir a Dios. En
efecto, «en la Iglesia Dios puso apóstoles, profetas,
doctores» (1 Cor 12,28), y todos los otros efectos del
Espíritu. De éste no participan quienes no se unen a la
Iglesia, sino que se privan a sí mismos de la vida por su mala
doctrina y pésima conducta. Pues donde está la Iglesia
ahí se encuentra el Espíritu de Dios, y donde está
el Espíritu de Dios ahí está la Iglesia y toda la
gracia, ya que el Espíritu es la verdad" (Ireneo de Lión, Contra
las Herejías, Libro III, 24:1)
"También juzgará (Dios)
a los que provocan divisiones, vacíos del amor de Dios, los
cuales más buscan su provecho que la unidad de la Iglesia. Estos,
alegando cualquier motivo sin peso, dividen y fragmentan el grande y
glorioso Cuerpo de Cristo, y en cuanto está de su parte de nuevo
lo matan. Hablan de paz mientras hacen la guerra, «cuelan el
mosquito mientras se tragan el camello» (Mt 23,24). Esos tales no
pueden ofrecer una corrección tan grande cuanto lo es el
daño que provocan con las divisiones. Juzgará a todos los
que están alejados de la verdad, es decir, que se han puesto
fuera de la Iglesia" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro
IV, 33:7)
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doctrinas
Actitud ante la Escritura
"Aunque no podamos resolver todas las cuestiones que se plantean en la
Escritura, no busquemos a otro Dios fuera del único que existe:
sería la peor impiedad. Debemos abandonar esas cuestiones al Dios
que nos hizo, sabiendo perfectamente que las Escrituras son perfectas,
pues fueron dictadas por el Verbo de Dios y por su Espíritu. A
nosotros, por ser inferiores al Verbo y a su Espíritu y por vivir
en el tiempo (202), nos hace falta su conocimiento de los misterios. Ni
hay por qué admirarse de que necesitemos la revelación de
las cosas espirituales y celestiales; incluso respecto de las cosas que
tenemos bajo los pies -me refiero a las que existen en este mundo, con
las que vivimos y que todos los días manejamos y vemos-, muchas
de ellas han escapado a nuestro conocimiento, y por eso las confiamos a
Dios; porque él necesariamente está sobre todas las cosas"
(Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro II, 28:2)
"Si aun entre las cosas creadas algunas son accesibles sólo al
conocimiento de Dios, y otras también pueden caer bajo nuestra
ciencia, ¿qué dificultad hay si en las cuestiones de la
Escritura, siendo éstas espirituales, averiguamos unas cosas con
su gracia y otras las dejamos a Dios, de tal manera que no sólo
en esta vida, sino también en la futura, Dios sea siempre el
Maestro, y el ser humano deba siempre aprender de él? Como dice
el Apóstol, cuando desaparezca todo lo parcial,
permanecerán sólo la fe, la esperanza y el amor (1 Cor
13,9-13). La fe en nuestro Maestro sigue siendo firme en la
confesión de un solo Dios verdadero y en el amor que siempre le
tenemos por ser el único Padre; por eso esperamos recibir y
aprender más de Dios, porque es bueno e infinitamente rico, su
reino jamás se acaba y su doctrina no tiene término"
(Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro II, 28:3)
"Así pues, la Tradición apostólica está
viva en la Iglesia y dura entre nosotros. Ahora volvamos los ojos a las
Escrituras, para sacar de ella la prueba de todas aquellas cosas que los
Apóstoles dejaron por escrito en los Evangelios" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro III, 5:1)
"¿Qué médico, si quiere curar al enfermo, le da la
medicina que a éste le gusta y no la adecuada para devolverle la
salud? (...) ¿Cómo se aliviarán estos enfermos?
¿Y cómo se arrepentirán los pecadores?
¿Acaso manteniéndose en su estado? ¿No será
más bien por un cambio a fondo y alejándose de su anterior
modo de vivir en la transgresión, que provocó en ellos
esa grave enfermedad y tantos pecados?, pero la ignorancia, madre de
todos estos males, se elimina por el conocimiento (de la Doctrina de los Apóstoles en
la Escritura)" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro
III, 5:2)
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doctrinas
El depósito de
la fe por medio de los apóstoles
"Nosotros no hemos conocido la Economía de nuestra
salvación, sino por aquellos a través de los cuales el
Evangelio ha llegado hasta nosotros: ellos primero lo proclamaron,
después por voluntad de Dios nos lo transmitieron por escrito
para que fuese «columna y fundamento» (1 Tim 3,15) de
nuestra fe.
Y no es justo afirmar que ellos predicaron antes de tener «el
conocimiento perfecto», como algunos se atreven a decir
gloriándose de corregir a los Apóstoles. Pues una vez
resucitado de entre los muertos los revistió con la virtud del
Espíritu Santo (Hech 1,8) que vino de lo alto (Lc 24,49); ellos
quedaron llenos de todo y recibieron «el perfecto
conocimiento». Luego partieron hasta los confines de la tierra
(Sal 19[18],5; Rom 10,18; Hech 1,8), a fin de llevar como Buena Nueva
todos los bienes que Dios nos da (Is 52,7; Rom 10,15), y para anunciar a
todos los hombres la paz del cielo (Lc 2,13-14); tenían todos y
cada uno el Evangelio de Dios (Rom 1,1; 15,16; 2 Cor 11,7; 1 Tes
2,2.8.9; 1 Pe 4,17).
Mateo, (que predicó) a los Hebreos en su propia lengua,
también puso por escrito el Evangelio, cuando Pedro y Pablo
evangelizaban y fundaban la Iglesia. Una vez que éstos murieron,
Marcos, discípulo e intérprete de Pedro, también
nos transmitió por escrito la predicación de Pedro.
Igualmente Lucas, seguidor de Pablo, consignó en un libro
«el Evangelio que éste predicaba» (1 Tes 2,9;
Gál 2,2; 2 Tim 2,8). Por fin Juan, el discípulo del
Señor «que se había recostado sobre su pecho» (Jn 21,20; 13,23), redactó el Evangelio cuando residía en
Efeso.
Y todos ellos nos han transmitido a un solo Dios Creador del cielo y de
la tierra anunciado por la Ley y los profetas, y a un solo Cristo Hijo
de Dios. Pero si alguien no está de acuerdo con ellos, desprecia
por cierto a quienes han tenido parte con el Señor (Heb 3,4),
desprecia al mismo Cristo Señor y aun al Padre (Lc 10,16), y se
condena a sí mismo (Tt 3,11), porque resiste (2 Tim 2,25) a su
salvación, cosa que hacen todos los herejes. (Ireneo de Lión,
Contra las Herejías, Libro III, 1:1-2)
"En cambio la Iglesia, que en todo el mundo ha tenido de los
Apóstoles su origen, persevera en una sola y misma doctrina
acerca de Dios y de su Hijo" (Ireneo de Lión, Contra las
Herejías, Libro III, 12:7)
"Tal vez alguno, afectado por la manía de discutir, opine que
las expresiones de los Apóstoles deben tomarse en sentido
metafórico" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro
III, 12:11)
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doctrinas
El uso de estatuas e
imágenes Que no se imagine el católico lector que los primitivos cristianos usaban
cualquier tipo de imagen o estatua en su "liturgia". Para ellos
la sola mención de esto hubiese sido motivo de escándalo (pues el
Segundo Mandamiento de la Ley de
Dios no se enseña en la Iglesia Católica de Roma),
por ello afirma el enemigo de los cristianos Celso, en su libro
"Discurso verdadero contra los cristianos" que éstos "no soportan
siquiera ni la presencia de imágenes o estatuas"
"A su vez, los Apóstoles enseñaban a los paganos a
abandonar los ídolos de piedra y de madera a los que adoraban
como dioses; a adorar como Dios verdadero a aquel que creó e hizo
toda la raza humana" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro
III, 5:3)
"Mateo Apóstol sabía que hay sólo un Dios, el
mismo que hizo a Abraham la promesa de que multiplicaría su
descendencia como las estrellas del cielo, el mismo que por su Hijo
Jesucristo nos llamó del culto a los ídolos de piedra a su
conocimiento, a fin de que «el que no era pueblo se hiciese
pueblo, y lo que no era amado se hiciese amado» (Rom 9,25; Os
1,10)" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro III, 9:1)
"Los cristianos no pueden soportar
la vista de templos, de altares ni de estatuas" (Celso -Autor ferozmente
anticristiano del siglo II- "El discurso verdadero contra los
cristianos" Libro IV, 97)
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doctrinas
Oraciones paleocristianas
"¡Yo también te invoco, «Señor Dios de
Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob y de Israel» que eres el
Padre de nuestro Señor Jesucristo, Dios que por la multitud de tu
misericordia te has complacido en nosotros para que te conozcamos; que
hiciste el cielo y la tierra, que dominas sobre todas las cosas, que
eres el único Dios verdadero, sobre quien no hay Dios alguno; por
nuestro Señor Jesucristo danos el Reino del Espíritu
Santo; concede a todos los que leyeren este escrito conocer que
tú eres el único Dios, que en ti están seguros, y
defiéndelos de toda doctrina herética, sin fe y sin Dios!"
(Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro III, 6:4)
"Por nuestra parte, oramos por que no caigan (los inventores y seguidores de
herejías) en el pozo que ellos mismos han cavado; sino
que se aparten de su «Madre», salgan del
«Abismo», renuncien al «Vacío» y a la
«Sombra», y se conviertan para nacer a la Iglesia de Dios, a
fin de que Cristo se forme en ellos, y conozcan al Creador de todas las
cosas como al único Dios y Señor. Al orar de esta manera
por ellos, los amamos más de cuanto ellos piensan amarse a
sí mismos. Y porque nuestro afecto es verdadero, puede servir
para su salvación, si es que quieren aceptarlo. Es como una
medicina dolorosa que desprende las costras superficiales de la carne
herida: este afecto les arranca el orgullo y la vanagloria. Por eso no
nos cansará seguir con todas nuestras fuerzas tendiéndoles
la mano" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro III, 25:7)
"Concédenos, Señor, que
podamos poner nuestra esperanza en tu Nombre, que es la causa
primaria de toda la creación, y abramos los ojos de
nuestros corazones para que podamos conocerte a Ti, que eres
sólo el más Alto entre los altos, el Santo entre los
santos; que abates la insolencia de los orgullosos, y
desbaratas los designios de las naciones; que enalteces
al humilde, y humillas al exaltado; que haces ricos y
haces pobres; que matas y das vida; que eres
sólo el benefactor de los espíritus y el Dios de toda
carne; que miras en los abismos, y escudriñas las obras
del hombre; el socorro de los que están en peligro, el Salvador
de los que están en angustia; el Creador y observador
de todo espíritu; que multiplicas las naciones sobre la
tierra, y has escogido de entre todos los hombres a los que te
aman por medio de Jesucristo, tu querido Hijo, por medio del cual
nos enseñaste, nos santificaste y nos honraste. Te rogamos,
Señor y Maestro, que seas nuestra ayuda y socorro. Salva
entre nosotros a aquellos que están en tribulación; ten
misericordia de los abatidos; levanta a los caídos;
muéstrate a los necesitados; restaura a los apartados;
convierte a los descarriados de tu pueblo; alimenta a los
hambrientos; suelta a los presos; sostén a los débiles;
confirma a los de flaco corazón. Que todos los
gentiles sepan que sólo Tú eres Dios, y
Jesucristo es tu Hijo, y nosotros somos tu pueblo y ovejas de
tu prado" (Clemente de Roma, Carta a los Corintios 59)
"Tú, que por medio de tu
actividad hiciste manifiesta la fábrica permanente del
mundo. Tú, Señor, que creaste la tierra. Tú, que
eres fiel de generación en generación, justo en tus
juicios, maravilloso en la fuerza y excelencia. Tú, que
eres sabio al crear y prudente al establecer lo que has hecho, que
eres bueno en las cosas que se ven y fiel a aquellos que
confían en Ti, compasivo y clemente, perdónanos
nuestras iniquidades y nuestras injusticias y nuestras transgresiones y
deficiencias. No pongas a nuestra cuenta cada uno de los pecados de tus
siervos y tus siervas, sino límpianos con tu verdad, y guía
nuestros pasos para que andemos en santidad y justicia e
integridad de corazón, y hagamos las cosas que sean
buenas y agradables a tu vista y a la vista de nuestros
gobernantes. Sí, Señor, haz que tu rostro resplandezca
sobre nosotros en paz para nuestro bien, para que podamos ser
resguardados por tu mano poderosa y librados de todo pecado con
tu brazo levantado. Y líbranos de los que nos aborrecen sin
motivo. Da concordia y paz a nosotros y a todos los que habitan en la
tierra, como diste a nuestros padres cuando ellos invocaron tu
nombre en fe y verdad con santidad, [para que podamos ser
salvos] cuando rendimos obediencia a tu Nombre todopoderoso y
sublime y a nuestros gobernantes y superiores sobre la tierra."
(Clemente de Roma, Carta a los Corintios 55)
"Tú, Señor y Maestro,
les has dado el poder de la soberanía por medio de tu poder
excelente e inexpresable, para que nosotros, conociendo la gloria
y honor que les has dado, nos sometamos a ellos, sin resistir en
nada tu voluntad. Concédeles a ellos, pues, oh
Señor, salud, paz, concordia, estabilidad, para que puedan
administrar sin fallos el gobierno que Tú les has dado. Porque
Tú, oh Señor celestial, rey de las edades, das a los
hijos de los hombres gloria y honor y poder sobre todas las cosas
que hay sobre la tierra. Dirige Tú, Señor, su
consejo según lo que sea bueno y agradable a tu vista, para que,
administrando en paz y bondad con piedad el poder que Tú les has
dado, puedan obtener tu favor. ¡Oh Tú, que puedes hacer
estas cosas, y cosas más excelentes aún que
éstas, te alabamos por medio del Sumo Sacerdote y guardián
de nuestras almas, Jesucristo, por medio del cual sea a Ti la gloria y
la majestad ahora y por los siglos de los siglos! Amén"
(Clemente de Roma, Carta a los Corintios 56)
"Finalmente, que el Dios
omnisciente, Señor de los espíritus y de toda carne,
que escogió al Señor Jesucristo, y a nosotros, por medio
de Él, como un pueblo peculiar, conceda a cada alma que se llama
según su santo y excelente Nombre, fe, temor, paz,
paciencia, longanimidad, templanza, castidad y sobriedad, para que
podáis agradarle en su Nombre, por medio de nuestro Sumo
Sacerdote y guardián Jesucristo, a través del cual sea a
Él la gloria y majestad, la potencia y el honor, ahora y para
siempre jamás. Amén" (Clemente de Roma, Carta a los
Corintios 64)
"Orad en favor de todos los santos.
Orad también por los reyes y potentados y príncipes, y por
los que os persiguen y aborrecen, y por los enemigos de la cruz,
que vuestro fruto pueda ser manifiesto entre todos los hombres,
para que podáis ser perfeccionados en Él" (Policarpo de
Esmirna, carta a los Filipenses 12)
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La Cena del Señor
o Eucaristía
(Nota: Los primitivos cristianos griegos la llamaban Eucaristía, que
significa: "reconocimiento", "agradecimiento", esto es, "Acción de
Gracias"). Los primeros
cristianos tomaban el pan y el vino (siendo el "vino" vino mezclado con
algo de agua y no mosto -incluso
alguno (para mí exagerado) tilda de herejes a los que usaban
mosto-) cada día del Señor o Domingo (y no una vez al mes
o cada varios meses como es costumbre en algunas congregaciones
actuales). La "Santa cena" o "Partimiento del pan" se solía
celebrar tras una comida o "ágape" fraternal. Se tomaba el Pan
y se partía en recuerdo del Cuerpo de Cristo que dio Su Vida por todos
nosotros en la cruz -no se traían los trocitos de pan ya partidos, lo cual
no es "partir el pan"- y se
tomaba después una copa -y no muchas copas pequeñitas como se hace hoy
en algunos sitos- de la cual bebían todos los bautizados. Por supuesto ni se les ocurría pensar que estos
elementos se transubstanciasen o cosa parecida, pero tampoco lo tomaban
nada a la ligera. Se sabe que en algunas congregaciones paleocristianas ni siquiera se permitía a los no
bautizados estar presentes en el momento de partir el pan (no
quiere decir que haya que hacer esto hoy en día) ¡cuanto
menos tomar de él! Como digo, se partía el pan tras orar por
él y se repartía entre los hermanos, después se pasaba una
copa de la que bebían todos. ¡¡Por
supuesto que ni se les ocurriría tirar las sobras a la basura
como he visto hacer en alguna congregación!!, sino que
tomarían todo. Veamos algunos textos al respecto:
"En cuanto a la acción de gracias eucarística, dad
gracias de esta manera. Primero, por lo que se refiere a la copa: Te damos gracias, Padre nuestro, por la
santa vid de tu hijo David, la cual nos has dado a conocer por medio de
tu Hijo Jesús; tuya es la gloria para siempre jamás.
Luego, por lo que respecta al pan partido: Te damos gracias, Padre nuestro, por la
vida y conocimiento que Tú nos has dado a conocer por medio de tu
Hijo Jesús; tuya es la gloria para siempre jamás. Tal
como este pan partido estaba esparcido por las montañas y al ser
juntado pasó a ser uno, así también que tu Iglesia
pueda ser juntada de todos los extremos de la tierra en tu reino; porque
tuya es la gloria y el poder por medio de Jesucristo para siempre
jamás.
Pero que ninguno coma o
beba de esta acción de gracias eucarística, a menos que
haya sido bautizado en el nombre del Señor; porque
respecto a esto también ha dicho el Señor: No deis lo
santo a los perros. Y después, cuando estéis satisfechos,
dad gracias así: Te damos
gracias, Padre Santo, por tu santo nombre, porque Tú has puesto
tu tabernáculo en nuestros corazones, y por el conocimiento y fe
e inmortalidad que nos has dado a conocer por medio de tu Hijo
Jesús; tuya es la gloria para siempre jamás. Tú,
Señor Todopoderoso, creaste todas las cosas por amor a tu nombre,
y diste comida y bebida a los hombres para que disfrutaran de ellas, y
para que pudieran darte gracias a Ti; pero nos has concedido alimento y
bebida espiritual y vida eterna por medio de tu Hijo. Ante todo, te
damos gracias porque eres poderoso; tuya es la gloria para siempre
jamás. Recuerda, Señor, a tu Iglesia para librarla de todo
mal y para perfeccionarla en el amor; y recogerla de los cuatro vientos
-tu Iglesia que ha sido santificada- en tu Reino que has preparado para
ella; porque tuyo es el poder y la gloria para siempre jamás. Que
venga la gracia y que pase este mundo. Hosanna al Dios de David. Si
alguno es santo, que venga; si alguno no lo es, que se arrepienta. Maran
Atha. Amén. Pero permitid a los profetas que ofrezcan
acción de gracias tanto como deseen" (La Didaké o Doctrina
de los Apóstoles 9 y 10)
"Y en el día del Señor
congregaos y partid el pan y dad gracias, confesando primero vuestras transgresiones,
para que vuestro sacrificio sea puro. Y
que ninguno que tenga una disputa con su compañero se una a la
asamblea hasta que se haya reconciliado, para que su sacrificio no sea
mancillado; porque este sacrificio es aquel del que habló
el Señor: En todo lugar y en todo tiempo ofrecedme un sacrificio
puro; porque yo soy un gran rey, dice el Señor, y mi nombre es
maravilloso entre las naciones" (La Didaké o Doctrina de
los Apóstoles 14)
"Después del baño (del
bautismo), llevamos al que ha venido a creer y adherirse a
nosotros a los que se llaman hermanos, en el lugar donde se tiene la
reunión, con el fin de hacer oraciones en común por nosotros mismos, por
el que acaba de ser iluminado y por todos los demás esparcidos por todo el
mundo, con todo fervor, suplicando se nos conceda, ya que hemos conocido
la verdad, mostrarnos hombres de recta conducta en nuestras obras y
guardadores de lo que tenemos mandado, para conseguir así la salvación
eterna. Al fin de las oraciones nos damos el beso de paz. Luego se
presenta pan y un vaso de agua y vino (Como ya
hemos dicho en otras ocasiones, en este texto y otros muchos de la
antigüedad cristiana se insiste en que la Santa Cena se realiza con Vino
mezclado con Agua, y no con mosto -más información sobre este delicado
-para algunos- tema
aquí-) al que preside de los hermanos, y él,
tomándolos, tributa alabanzas y gloria al Padre de todas las cosas por el
nombre del Hijo y del Espíritu Santo, haciendo una larga acción de gracias
por habernos concedido estos dones que de él nos vienen. Cuando el
presidente ha terminado las oraciones y la acción de gracias, todo el
pueblo presente asiente diciendo Amen, que en hebreo significa «Asi sea».
Y cuando el presidente ha dado gracias y todo el pueblo ha hecho la
aclamación, los que llamamos ministros o diáconos dan a cada uno de los
asistentes algo del pan y del vino y agua sobre el que se ha dicho la
acción de gracias, y lo llevan asimismo a los ausentes.
Esta comida se llama entre nosotros
eucaristía, y a nadie le es licito participar de ella si no cree ser
verdaderas nuestras enseñanzas y se ha lavado en el baño del perdón de los
pecados y de la regeneración,
(Ya hemos dicho en otro sitio
que los primitivos cristianos no daban la Santa Cena a los no bautizados,
y que en algunos casos ni siquiera les permitían participar de la reunión
donde éste se celebraba)
viviendo de acuerdo con lo que Cristo nos enseñó. Porque esto no lo
tomamos como pan común ni como bebida ordinaria, sino que así como nuestro
salvador Jesucristo, encarnado por virtud del Verbo de Dios, tuvo carne y
sangre por nuestra salvación, así se nos ha enseñado que en virtud de la
oración del Verbo que de Dios procede, el alimento sobre el que fue dicha
la acción de gracias -del que se nutren nuestra sangre y nuestra carne al
asimilarlo- es el cuerpo y la sangre de aquel Jesús encarnado. Y en
efecto, los apóstoles en los Recuerdos que escribieron, que se llaman
Evangelios, nos transmitieron que así les fue mandado, cuando Jesús tomó
el pan, dio gracias y dijo: «Haced esto en memoria mía»...
(No debemos usar esta cita
para pensar que los primitivos cristianos creían en la doctrina romanista
de siglos posteriores de la "Transubstanciación", se ocupa Justino de
dejar claro que lo que los apóstoles les enseñaron fue un "memorial".
Tampoco debemos tomar la santa cena a la ligera)
(Apología de Justino 65-66, año 155 d.C.)
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¿Se puede
perder la salvación? Una de las grandes
polémicas y motivos de discusión dentro del cristianismo evangélico. Leer
estos textos con
mucho cuidado, y siempre a la luz de lo que la Palabra de Dios dice al respecto.
En todo caso veremos que estos hermanos de entonces, no jugaban a ser cristianos. Ahí quedan estos
testimonios para la reflexión de cada uno.
"Así pues, vosotros, los que
sois la causa de la sedición, someteos a los
presbíteros y recibid disciplina para arrepentimiento,
doblando las rodillas de vuestro corazón. Aprended a
someteros, deponiendo la obstinación arrogante y orgullosa de
vuestra lengua. Pues es mejor que seáis hallados siendo poco en
el rebaño de Cristo y tener el nombre en el libro de Dios,
que ser tenidos en gran honor y, con todo, ser expulsados de
la esperanza de Él" (Clemente de Roma, Carta a los
Corintios 57)
"Pero si algunas personas son desobedientes a las palabras dichas por
Él por medio de nosotros, que entiendan bien que se
están implicando en una trasgresión y peligro serios;
mas nosotros no seremos culpables de este pecado. Y pediremos con
insistencia en oración y suplicación que el
Creador del universo pueda guardar intacto hasta el fin el
número de los que han sido contados entre sus elegidos en todo el
mundo, mediante su querido Hijo Jesucristo, por medio del cual nos
ha llamado de las tinieblas a la luz, de la ignorancia al pleno
conocimiento de la gloria de su Nombre" (Clemente de Roma, Carta a los
Corintios 59)
"No nos engañemos, hermanos. Los
que corrompen las casas (familias) no van a heredar el reino de
Dios. Así pues, si a los que hacen estas cosas
según la carne se les da muerte, cuánto más
si un hombre, con mala doctrina, corrompe la fe de Dios por la cual
Jesucristo fue crucificado. Este hombre, habiéndose corrompido a
sí mismo, irá al fuego
que nunca se apaga; y lo mismo irán los que le
escuchan y hacen caso de él" (Ignacio de Antioquia, Carta a los
Efesios 16)
"...entonces todos los pecados que
ellos han cometido con anterioridad les serán perdonados;
sí, y también a todos los santos que han pecado
hasta el día de hoy, si se arrepienten de todo
corazón, y quitan la doblez de ánimo de su corazón.
Porque el Señor juró por su propia gloria, con
respecto a sus elegidos: que si, ahora que se ha puesto este
día como límite, se comete pecado, después no habrá para ellos
salvación; porque el arrepentimiento para los justos tiene un
fin; los días del arrepentimiento se han cumplido para todos los
santos; en tanto que para los gentiles hay arrepentimiento
hasta el último día" (El Pastor de Hermas, 2)
"Pero los que fueron desechados y
puestos a un lado, ¿quiénes son?» «Estos han
pecado, y desean arrepentirse, por tanto no son lanzados a gran
distancia de la torre (la iglesia), porque serán
útiles para la edificación si se arrepienten. Los
que se arrepienten, pues, si lo hacen, serán fuertes en la
fe si se arrepienten ahora en tanto que se construye la torre (la
iglesia). Este privilegio lo tienen solamente los que se hallan
cerca de la torre (la iglesia)" (El Pastor de Hermas, 5)
"Estos son los hijos del
libertinaje. Estos recibieron la fe hipócritamente, y no hubo
maldad que no se hallara en ellos. Por tanto, no tienen salvación, porque
no son útiles para edificar, por razón de su
maldad. Por tanto son desmenuzados y tirados por causa de la ira del
Señor, porque le provocaron a ira. En cuanto al resto de
las piedras que tú has visto echadas en gran número y que
no entran en el edificio, de ellas, las que son mohosas son las
que conocieron la verdad, pero no permanecieron en ella ni se
mantuvieron adheridos a los santos. Por lo tanto, son
inservibles" (El Pastor de Hermas, 5)
"Y le dije: «Todavía
voy a hacer otra pregunta, Señor.» «Di»,
me contestó. «He oído, Señor», le dije,
«de ciertos maestros, que no hay otro arrepentimiento aparte del
que tuvo lugar cuando descendimos al agua y obtuvimos
remisión de nuestros pecados anteriores.» El me
contestó: «Has oído bien; porque es así.
Porque el que ha recibido remisión de pecados ya no debe
pecar más, sino vivir en pureza. Pero como tú
inquieres sobre todas las cosas con exactitud, te declararé esto
también, para que no tengan excusa los que crean, a partir de
ahora, en el Señor, o los que ya hayan creído. Pues los
que ya han creído, o van a creer en adelante, no tienen
arrepentimiento para los pecados, sino que tienen sólo
remisión de sus pecados anteriores. A los que Dios
llamó, pues, antes de estos días, el Señor les
designó arrepentimiento. Porque el Señor, discerniendo los
corazones y sabiendo de antemano todas las cosas, conoció
la debilidad de los hombres y las múltiples añagazas del
diablo, en qué forma él procurará engañar a
los siervos de Dios, y se portará con ellos perversamente.
El Señor, pues, siendo compasivo, tuvo piedad de la obra de sus
manos y designó esta (oportunidad para) arrepentirse, y a
mí me dio la autoridad sobre este arrepentimiento. Pero te
digo», me añadió, «si
después de este llamamiento grande y santo, alguno, siendo
tentado por el diablo, comete pecado, sólo tiene una
(oportunidad de) arrepentirse. Pero si peca nuevamente y se
arrepiente, el arrepentimiento no le aprovechará para
nada; porque vivirá con dificultad.» Yo le dije:
«He sido vivificado cuando he oído estas cosas de modo tan
preciso. Porque sé que, si no añado a mis pecados,
seré salvo.» «Serás salvo», me dijo,
«tú y todos cuantos hagan todas estas cosas.»
(El Pastor de Hermas, 4º mandato, 3)
"El Señor juzgará al
mundo sin acepción de personas: Cada uno recibirá
conforme obró. Si el hombre fue bueno, su justicia
marchará delante de él; si fuere malvado, la paga de su
maldad irá también delante de él. Recordémoslo, no sea que,
echándonos a descansar como llamados, nos durmamos en
nuestros pecados, y el príncipe malo, tomando poder sobre
nosotros, nos empuje lejos del reino del Señor.
Además, hermanos míos, considerad este punto: cuando
estáis viendo que, después de tantos signos y
prodigios sucedidos en medio de Israel y que, sin embargo, han sido de
este modo abandonados, andemos alerta, no sea que, como está
escrito, nos encontremos muchos llamados y pocos escogidos."
(Epístola de Bernabé 4,12-13)
"Por tanto seamos hallados entre los
que dan gracias, entre los que han servido a Dios, y no entre los
impíos que son juzgados. Porque yo también, siendo
un pecador extremo y aún no libre de la tentación,
sino en medio de las acechanzas del diablo, procuro con diligencia
seguir la justicia, para poder prevalecer consiguiendo llegar por lo
menos cerca de ella, en tanto que temo el juicio venidero" (2ª de
Clemente, "Una Antigua Homilía" 18)
"Por tanto dijo este anciano (se refiere bien al apóstol Juan o
bien -más probablemente- a Policarpo, discípulo de Juan y
maestro de Ireneo), no deberíamos ser orgullosos ni
reprochar a los antiguos, sino nosotros mismos temer, no sea que,
después de tener el conocimiento de Cristo, si hacemos algo que
desagrada a Dios, no tengamos ya
remisión de los pecados, sino que nos hallemos
excluídos de su reino. Y a esto se refiere el dicho de Pablo:
Porque si Él no eximió... (cita Romanos 11:17-21)" (Ireneo
de Lión en "Contra las herejías" Libro IV, 27. 1-28)
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¿Sábado
o Domingo? Si bien
las primitivas congregaciones de judeocristianos se reunían el
sábado y el domingo indistintamente, desde el siglo I y ya todo
el II se celebraba el primer día de la semana o Domingo
-Día del Señor o día Dominical- (primero de
la semana, frente al sábado que es el séptimo) como
símbolo de un primer día de la Nueva Creación que Cristo comenzó como primicia al resucitar de los muertos.
El hecho de que después Constantino impusiese el día de Domingo y que
éste coincidiese con el día del culto al dio sol pagano (al que Constantino
adoraba-ver estudio al respecto en el siglo IV-) es una absoluta casualidad,
como leeremos abajo que dice Tertuliano a finales del siglo II y
principios del III más de un siglo antes de Constantino, y que le vino muy bien a dicho emperador para atraer al culto
pagano-cristiano que él fundó a los gentiles, y que hoy es usada como
argumento "antidominical" por ciertos sectores sabatistas y/o
judaizantes. En todo caso, como hemos comentado, al parecer los primitivos
judeocristianos siguieron celebrando el sábado en tanto que
judíos y el domingo en tanto que seguidores del Mesías resucitado
en dicho día.
"Por último, les dice: Vuestros
novilunios y vuestros sábados no los aguanto. Mirad
cómo dice: No me son aceptos vuestros sábados de
ahora, sino el que yo he hecho, aquél en que, haciendo
descansar todas las cosas, haré el principio de un día
octavo, es decir, el principio de otro mundo. Por eso justamente
nosotros celebramos también el día octavo con regocijo,
por ser día en que Jesús resucitó de entre
los muertos y, después de manifestado, subió a los cielos"
Epístola de Bernabé 15:8)
"Los que vivían según el orden de cosas antiguo han pasado a la
nueva esperanza, no observando ya el sábado, sino el día del Señor
(domingo) en que nuestra vida es bendecida por Él y por su
muerte" (Ignacio de Antioquia, a los Magnesios 9:1)
"Ya no mandará guardar un
día de descanso al que todos los días observa el
sábado, es decir, al que rinde culto a Dios en el templo de
Dios que es el cuerpo del hombre y practica siempre la justicia"
(Ireneo de Lión, Demostración de la predicación
Apostólica 96)
"Nos reunimos todos el llamado día del sol (el domingo) porque es
el primer día de la semana, después del sábado judío, en que Dios,
sacando la materia de las tinieblas creó el mundo; y ese mismo día
Jesucristo nuestro Salvador resucitó de entre los muertos"
(Justino Mártir, Apologético 1:67)
"...y asimismo, si nos damos a la
alegría el día del sol (el domingo), por razón muy distinta que
la de tributar culto al sol, seguimos en ello a los que designan el día
de Saturno (el sábado) a comer y descansar, sin seguir por ello la
costumbre judía que desconocen (de guardar el Shabat)..." (Tertuliano,
Apologético. Cap. XVI)
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Ofrendas y
diezmos: Queda
claro para el lector de los textos y testimonios que nos ha legado el
Cristianismo Primitivo que aquellos primitivos cristianos no practicaron
de ningún modo el diezmo como un mandamiento obligatorio del Señor,
considerando esta práctica como parte de la Ley, y por tanto no
obligatoria en su cumplimiento para la Iglesia. Para ellos el cristiano no
daba sus diezmos como obligación porque ya había dado todo su ser y
posesiones a Cristo. Aquí dejo algunos
testimonios:
"Por lo tanto no necesitamos de la ley como pedagogo; he aquí que nosotros hablamos con el Padre y estamos en su presencia convertidos en niños sin malicia y afincados en la justicia y honestidad. La Ley, en efecto, no afirmará más:
(...) no exigirá los diezmos de quien ha consagrado a Dios todos sus bienes y ha dejado padre, madre y toda su familia para seguir al Verbo de Dios"
(Ireneo de Lión, Demostración de la predicación
Apostólica 96)
"Y aunque exista entre nosotros una caja
común, no se exige una suma obligatoria a los elegidos, como si la
religión fuera sacada a subasta. Cada cual entrega una módica suma un
día fijo del mes, cuando quiere y si quiere y si puede, porque a
nadie se le obliga a dar: cada uno contribuye espontáneamente.
Estos son unos fondos de ayuda, porque de ellos no se saca el dinero para
banquetes o fiestas ni estériles comilonas, sino para alimentar y
sepultar menesterosos, y niños, y doncellas y huérfanos, y a los criados
y a los ancianos..." (Tertuliano, Apologético. Cap. XXXIX)
"Cuantos disponen de bienes y quieren dan libremente lo que les parece.
Lo recogido se deposita en manos del que preside, quien se encarga de
socorrer a los huérfanos, a las viudas y a quienes por enfermedad o
cualquier otra razón se hayan necesitados. También a los presos
(Se refiere a
cristianos encarcelados por serlo) y a los huéspedes llegados de
lejos." (Justino mártir, Misterios cristianos, 67)
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Los autores de estos escritos:
Policarpo de Esmirna: Discípulo del Apóstol
Juan al que oyó junto a Papías en su juventud.
Fue quemado vivo por no maldecir a Jesús. Fue el maestro de
Ireneo de Lión.
La
Didaké: El
documento paleocristiano (de origen judío) más antiguo que
se conserva (una especie de regla de conducta cristiana). Es del siglo I
y al parecer más antiguo que algunos textos del Nuevo Testamento.
Ignacio
de Antioquia: Fue el pastor
de la iglesia de Antioquia en el siglo I, al parecer, por lo que nos
dicen de él los escritores paleocristianos, y por las fechas de
su ministerio, fue conocedor del apóstol Pablo. Murió devorado
por las fieras en Roma a donde fue llevado desde Antioquia para el
espectáculo del circo.
Clemente
de Roma: De origen judío,
fue obispo de Roma en el primer siglo (para los católicos
romanos el tercer papa, después de Lino y Pedro). Se le menciona
en los saludos del final de la epístola a los Efesios.
Murió mártir.
Hermas: Autor del libro "El Pastor de Hermas"
de carácter profético y apocalíptico y que fue
considerado inspirado por muchas iglesias paleocristianas (la actual iglesia de
Etiopía aún pone este libro como inspirado después del Apocalipsis). Se le
menciona en los saludos finales de la epístola a los
Romanos.
Bernabé: Autor de la epístola de
Bernabé, se duda si fue, como afirmaban algunos primitivos
cristianos, el Bernabé del Nuevo Testamento.
Ireneo
de Lión:
Discípulo de Policarpo en Asia Menor y obispo de la iglesia de
Lión en las Galias (actual Francia). Murió Mártir en una
persecución.
Justino Mártir:
Escritor cristiano del siglo II, que murió mártir.
Tertuliano:
Escritor de finales del siglo II y principios del III que en su etapa
final se pasó a las filas del Montanismo. Murió mártir.
Justino Mártir:
Escritor de la segunda mitad del siglo II.
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J. P. V.
Solo Dios es Sabio
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