LOS MORMONES Y JOSÉ SMITH
© C. Vidal,
Libertad digital (ProtestanteDigital.com. 2005, España)
Los mormones y José Smith
El "Libro del Mormón"
Las grandes deserciones mormonas
Falsedades históricas
del Libro de Mormón
Más vínculos del
mormonismo y la masonería
Mormonismo y poligamia
La dudosa
moralidad de Joseph Smith
|

José Smith recibiendo la visita de unos seres
luminosos que le revelaron un nuevo "evangelio" en el "Libro de Mormón"
(imagen mormona) |
"Mas si aun nosotros, o un
ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os
hemos anunciado, sea anatema. Como antes hemos dicho, también ahora lo
repito: Si alguno os predica diferente evangelio del que habéis
recibido, sea anatema" (Gálatas 1:8-9)
"Y no es maravilla, porque
el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz. Así que, no es
extraño si también sus ministros se disfrazan como ministros de
justicia; cuyo fin será conforme a sus obras" (2ª Corintios
11:14-15) |
Los mormones y Joseph Smith
La influencia de la masonería (I)
El peso de la masonería en el reverdecer del ocultismo del siglo XIX fue,
como vimos en las entregas anteriores, ciertamente extraordinario, hasta el
punto de que no puede entenderse su historia sin hacer referencia a él. Ya
hemos indicado como uno de sus componentes esenciales – y de sus atractivos
– era la pretensión de poseer un conocimiento secreto, una gnosis, que sólo
se comunicaba a los iniciados. Esta circunstancia - absolutamente esencial
en la historia de la masonería y, sin embargo, tantas veces omitida -
explica, por ejemplo, el considerable papel representado por la masonería en
la configuración de algunas de las sectas surgidas durante el siglo XIX. En
las siguientes entregas, nos ocuparemos del papel de la masonería en la
fundación del mormonismo, de los adventistas, de la Ciencia cristiana y de
los testigos de Jehová.
De entre las sectas contemporáneas, la más importante, con diferencia, es la
iglesia de Jesucristo de los santos de los últimos días, más conocidos
popularmente como los mormones. En la actualidad, los mormones cuentan con
no menos de diez millones de miembros en todo el mundo y un peso social,
político y económico que supera con mucho el de ese número . Todo eso es más
o menos conocido, lo que ya resulta mucho menos sabido es que Joseph Smith
Jr. era masón y que la masonería desempeñó un papel muy considerable en el
nacimiento y establecimiento de la secta.
Resulta obligado decir que nada puede alcanzar la categoría de comprensible
en relación con la historia y la teología de los mormones – a la que
Ferguson denominó la religión sintética de Utah – sin hacer referencia a la
persona de su fundador y profeta Joseph Smith .
Nacido el 23 de diciembre de 1805, cuando Estados Unidos era una jovencísima
nación recién emancipada de Gran Bretaña, Smith nació en un entorno
doméstico peculiar. Los vecinos de Smith consideraban a la familia de éste
como “analfabeta, bebedora de whiskey, holgazana e irreligiosa” (1). La
madre de Smith, Lucy Mak, practicaba la hechicería y alimentaba la
pretensión – por lo visto no del todo desprovista de fines crematísticos –
de tener visiones.
El padre, Joseph, más conocido como Joe, contaba con una cierta popularidad
que emanaba de que su ocupación consistía en buscar tesoros en favor de
aquellos que le pagaban con esa finalidad. Está documentado que el joven
Joseph Smith acompañaba con frecuencia a su padre en estas expediciones a
mitad de camino entre el fraude y lo oculto, y desde edad muy temprana se
dedicó a la práctica de la adivinación y de decir la fortuna mediante el uso
de piedras, una práctica específicamente prohibida por la Biblia (2). Sin
embargo, de manera aún más interesante, la familia de Joseph Smith estaba
estrechamente vinculada con la masonería.
El padre, Joseph Smith Sr. había sido iniciado en el grado de maestro masón
el 7 de mayo de 1818 en la logia de Ontario n. 23 de Canandaigua, Nueva York.
Uno de los hijos mayores, Hyrum Smith, era miembro de la logia Mount Moriah
n. 112 de Palmyra, Nueva York.
Las fechas resultan interesantes porque en 1820, según el relato de los
mormones, Dios se le apareció a Joseph Smith en un episodio que explica el
surgimiento de la secta .
La importancia de esta experiencia es de trascendencia capital para la
teología mormona. El dirigente y apóstol de la secta, David O. McKay ha
señalado claramente que “La aparición del Padre y del Hijo a Joseph Smith es
el fundamento de esta iglesia” (3). En realidad, con ello no hace sino
repetir lo que antes han dicho otros apóstoles mormones: si la visión es
falsa, todo el edificio del mormonismo se debería derrumbar como un castillo
de naipes.
Tal y como lo expresó el apóstol mormón John A. Widtsoe: “Sobre su realidad
(la de la visión) descansa la verdad y el valor de su (de Smith) obra
posterior”(4). Desde luego, no es para menos. Si efectivamente Dios se le
apareció a Joseph Smith dándole instrucciones concretas, sería estúpido
negarle, al menos, un poco de atención. Si, por el contrario, la historia es
falsa, Smith sería un farsante, un enfermo o algo peor.
El relato oficial es como sigue. En 1820, cuando Joseph Smith tenía sólo
catorce años , se adentró, una hermosa mañana de inicios de la primavera, en
el bosque. Al parecer había decidido orar para descubrir cual de “todas las
sectas era la correcta”, una oración nada baladí teniendo en cuenta la
vinculación de su padre con la masonería. Mientras, presuntamente, se
hallaba en oración vio sobre él, en el aire, a dos personajes. Uno de ellos
señaló al otro y exclamó: “Este es mi Hijo amado, escúchalo” . Después, uno
de los dos personajes le dijo que todas las iglesias estaban equivocadas.
En el siguiente artículo analizaremos la revelación de J. Smith.
(1) Citado en B. Larson, Oc, p. 309.
(2) Las citas al respecto son claras. Por ejemplo, “No os volváis a los
encantadores ni a los adivinos; no los consultéis, contaminándoos con ellos”
(Levítico 19:26) o “ No sea hallado en ti quien haga pasar a su hijo o a su
hija por el fuego, ni quien practique adivinación, ni agorero, ni
sortilegio, ni hechicero, ni encantador, ni adivino, ni mago, ni quien
consulte a los muertos. Porque es abominación para con el Señor cualquiera
que hace estas cosas, y por estas abominaciones el Señor tu Dios echa estas
naciones delante de ti. Perfecto serás delante de el Señor tu Dios. Porque
estas naciones que vas a heredar, a agoreros y a adivinos oyen; mas a ti no
te ha permitido esto el Señor tu Dios” (Deuteronomio 10, 8-14).
(3) D. O. McKay, Gospels Ideals. Salt Lake City. 1953, p. 85.
(4) John A Widtsoe, Joseph Smith-Seeker After Truth, SALT Lake City, 1951,
pg. 19.
Mormones: la visión de
Joseph Smith
La influencia de la masonería (II)
Vimos que en 1820, según el relato de los mormones, Dios se le apareció a
Joseph Smith en un episodio que explica el surgimiento de la secta, siendo
la importancia de esta experiencia es de trascendencia capital para la
teología mormona. El dirigente y apóstol de la secta, David O. McKay ha
señalado claramente que "La aparición del Padre y del Hijo a Joseph Smith es
el fundamento de esta iglesia"(1). En realidad, con ello no hace sino
repetir lo que antes han dicho otros apóstoles mormones: si la visión es
falsa, todo el edificio del mormonismo se debería derrumbar como un castillo
de naipes.
Como relatamos en el artículo anterior, el relato oficial es que en 1820,
cuando Joseph Smith tenía sólo catorce años mientras, presuntamente, se
hallaba en oración vio sobre él, en el aire, a dos personajes. Uno de ellos
señaló al otro y exclamó: "Este es mi Hijo amado, escúchalo". Después, uno
de los dos personajes le dijo que todas las iglesias estaban equivocadas.
Sería de esperar que esta visión de radical importancia hubiera sido
registrada desde el principio entre los recuerdos y testimonios del futuro
profeta. Lo cierto es que no fue así. Los mismos mormones se han visto
obligados a reconocer que "el relato oficial de la primera visión de Joseph
Smith y las visitas del ángel Moroni... fue publicado por primera vez en
1842"(2), es decir, 22 años después de acontecidos los hechos. Hasta qué
punto este "retraso" resulta absurdo podemos verlo en el hecho de que la
secta fue fundada oficialmente en 1830, el mismo año de publicación del
Libro de Mormón. ¿A qué se debe que la piedra básica - la visión divina de
Smith - sobre la que está edificada la secta de los mormones no fuera
mencionada por el profeta sino veintidós años después de presuntamente
acontecida?.
Diversas investigaciones parecen apuntar a una causa bien poco presentable:
el mismo Joseph Smith no contó siempre la misma historia y ello se debe
sencillamente a que la misma no era verdad. Jerald y Sandra Tanner (3) han
dejado de manifiesto que en el interior de la secta circulaban, al menos,
dos versiones diferentes de la visión divina de Smith si bien no salieron a
la luz pública hasta que Paul Cheesman, un estudiante de la universidad
Brigham Young, las publicó en 1965. Por si esto fuera poco, al año
siguiente, James B. Allen, profesor asociado de Historia de la BYU, reveló
otra versión más de la visión. Demasiados relatos discordantes para creer en
una versión - hoy oficial - que, al parecer, desconocieron dirigentes
mormones como Brigham Young y Oliver Cowdery (4).
El mismo Joseph Smith se destacó por ser el origen de este tremendo
embrollo. A fin de cuentas, no relató siempre la misma historia . Así, el
Messenger and Advocate de septiembre de 1834 y de febrero de 1835 publicó
diversas versiones de la "primera visión" considerablemente diferentes de la
oficial de 1842. Las diferencias son de bulto. En la versión ahora oficial,
Joseph Smith tenía catorce años, buscaba saber qué secta era la verdadera y
se le aparecieron el Padre y el Hijo. En las de 1834 y 1835, Joseph Smith
tenía diecisiete años, lo que ansiaba saber es si existía un ser supremo y
el que se le apareció fue un simple ángel. Para terminar de complicar las
cosas el 29 de mayo de 1852 el Desert News publicaba unas declaraciones del
profeta Smith en que afirmaba que la primera visión la tuvo a los catorce
años y que fue de ángeles.
Esto fue corroborado posteriormente, por el apóstol mormón Orson Pratt (5) y
por John Taylor, el tercer presidente de los mormones (6). Por desgracia
para Smith, ni siquiera en la época en que coincidían casi todos en que
quien se había aparecido era un ángel, llegaban a ponerse de acuerdo sobre
la identidad del mismo. En la primera edición de la "Perla de gran precio"
de 1851, pg. 41, se decía que el ángel era Nephi y la misma opinión
sustentaba Lucy Mack, su madre. No obstante, después se denominó al ángel
con el apelativo de Moroni. Finalmente, alguien debió de llegar a la
conclusión de que una aparición del Padre y del Hijo siempre es mucho más
atrayente que la de un simple enviado. Así esta tesis acabaría imponiéndose
de manera oficial en la "Perla de gran precio", uno de los libros sagrados
de los mormones (7) .
Como fundamento- según el profeta y apóstol MacKay - de la organización que
afirmaba ser la única iglesia cristiana, la visión primera de Smith da la
impresión de dejar mucho que desear. No coinciden - de acuerdo a las
diferentes versiones - ni la edad de Smith, ni el motivo de su oración ni
los personajes que se le aparecieron. Francamente, un profeta con una
memoria tan dudosa sobre asunto de tanta importancia no consigue crear
precisamente confianza en la manera en que transmite las revelaciones ni en
la veracidad de las mismas. Para colmo, la última - por el momento - versión
de la visión de Smith se contradice con sus propias enseñanzas de manera
directa.
En 1832, Joseph Smith afirmó haber tenido una revelación de Dios según la
cual nadie puede ver a Dios sin tener el sacerdocio. Según el propio SmitH
él no tuvo ese sacerdocio hasta pasado 1830 (8) pero la visión de Dios fue,
al menos, diez años antes. Como y por qué Dios hizo una excepción a Su
revelación en relación a Smith constituye un misterio que - hasta la fecha -
ningún adepto de la secta ha conseguido aclarar.
Como ha dejado de manifiesto Floyd C. Mc Elveen, ambas revelaciones no
pueden ser verdad. O bien Smith vio a Dios en 1820 - y eso se contradice con
la revelación sobre el sacerdocio de 1832 - o bien la revelación de 1832 es
falsa y con ello queda a salvo la veracidad de la versión - hoy oficial- de
la visión de 1820. Naturalmente cabe también la posibilidad de que ambas
visiones no fueran sino una falacia.
(1) D. O. McKay, Gospels Ideals. Salt Lake City. 1953, p. 85.
(2) Improvement Era, julio de 1961, p. 490.
(3) Jerald y Sandra Tanner, The First ision Examines. Salt Lake City.
1969.La obra constituye un clásico en el estudio de las fuentes de la secta.
(4).C..Mc Elveen, The mormon illusion, Ventura, 1977 pp. 24-25.
(5) Vid: Messenger and Advocate, vol.I, pp. 78-79.
(6) Journal of Discourses, Salt Lake City. (1966) vol. 13, pp. 65-66.
(7) Pearl of Great Price, Salt Lake City, 1958, p.48 par.17.
(8) Bruce R. McConkie, doctrines of Salvation, SALT Lake City, 1954, vol. I,
p. 4.
El "Libro del Mormón"
La influencia de la masonería (III)
Aún más problemas plantea esa obra que Mark Twain denominó "cloroformo en
forma de libro" y que nosotros conocemos como el Libro del Mormón. La
historia oficial del mismo es digna de ser referida aunque sea brevemente.
En la Perla de gran precio, uno de los libros sagrados de la secta, Joseph
Smith narra una visión que tuvo en 1823. De acuerdo con este libro, en el
curso de la misma se le apareció a Smith un ángel llamado Moroni que le
señaló la misión que Dios le había encomendado. Smith tenía que encontrar
unas placas de oro en las que había escrita una obra cuya traducción debía
acometer. Junto a las placas, Smith encontraría unas gafas que le
permitirían traducir las placas del egipcio reformado en que estaban
escritas al inglés. Para colmo de maravillas, las mencionadas lentes fueron
identificadas por el ángel con el Urim y el Tumim del Antiguo Testamento. La
obra señalada por el ángel, presuntamente, era el Libro del Mormón.
No hace falta decir que para una vez que una revelación presuntamente divina
no se produce por inspiración sino por traducción, hubiera resultado
sumamente interesante poder examinar los textos y el artilugio destinado a
facilitar su comprensión a los mortales. No ha sido posible. Según la tesis
mormona, después de que Smith tradujo las 116 primeras páginas del Libro del
Mormón, aquellas desaparecieron. ¿Y las gafas? Se las llevó el ángel.
Según los tres testigos del Libro del Mormón, David Whitmer, Oliver Cowdery
y Martín Harris, el método de traducción de Smith era auténticamente
peculiar. En primer lugar, Smith colocaba los lentes en un sombrero y
después metía la cara en el mismo comenzando a continuación a traducir de
las placas de oro... que prácticamente nunca estuvieron presentes. Dado el
método utilizado, no es de extrañar que no hicieran ni falta.
No acaba aquí la cosa. Según ha dejado escrito David Whitmer (1), una vez
que Smith se echaba a la cara el sombrero con las gafas, aparecía una
especia de jeroglífico con la traducción inglesa debajo. Smith la leía
entonces para que copiara Cowdery o cualquier otro y si quedaba escrito
correctamente la frase desaparecía.
El método se presenta como un tanto alambicado, pero así es como fue
presentado por Smith y sus adeptos más cercanos. La obra era una revelación
de Dios de igual importancia - en la práctica más - que la Biblia. Por
desgracia para Smith y su secta, la nueva revelación por escrito iba a
levantar aún mayores dudas que el relato referente a su presunta visión
divina. Joseph Smith afirmó que la obra fue escrita en torno al 384 al 421
A. de C. por Mormón, el padre de Moroni. Por ello, no deja de ser curioso
que la obra reproduzca textualmente la versión de la Biblia del Rey Jaime
que se imprimió... en 1611 A.D. El cómo un libro puede llevar millares de
citas textuales de una obra que, supuestamente, se imprimió dos mil años
después es otro de los grandes enigmas de la religión mormona, y el enigma
se agranda cuando vemos que hasta las palabras en cursiva de la versión del
Rey Jaime se reproducen así en el Libro del Mormón.
No menos curioso es el estilo gramatical de la obra . Supuestamente, "cada
palabra y cada letra le fueron dadas (a Joseph Smith) por el don y el poder
de Dios", pero eso no ha evitado que los mormones hayan realizado unos
cuatro mil cambios de estilo - y no sólo de estilo - en la obra (2).
Francamente, resulta curioso que las autoridades mormonas se hayan mostrado
tan predispuestas a alterar con suma libertad una obra que - presuntamente -
fue dada por Dios al profeta fundador de la secta. Quizá una explicación de
este fenómeno resida en el hecho de que cuando Smith cita de la versión de
King James o Rey Jaime (supuestamente escrita dos mil años después que el
Libro de Mormón) su gramática es impecable, pero deja de serlo en el momento
en que - al parecer - traducía del egipcio ayudado por las gafas que le dio
el ángel. Desde luego, si Dios entregó la revelación a Smith de manera
directa, lo hizo en momentos en que Su gramática no era muy sólida.
Estas y otras cuestiones - que, desde luego, no contribuyen lo más mínimo a
afianzar la creencia de que Joseph Smith era un profeta de Dios - suelen ser
dejadas de lado por los adeptos de la secta con una referencia rápida al
testimonio, favorable al Libro de Mormón, de los testigos.
Efectivamente, en las páginas iniciales del Libro de Mormón se menciona el
"Testimonio de los tres Testigos", a saber, Oliver Cowdery, David Whitmer y
Martín Harris; así como el de los "Ocho testigos", es decir, Christian
Whitmer, Jacob Whitmer, Irma Page, Joseph Smith, Sen; Hyrum Smith y Samuel
H. Smith. Según los adeptos, el testimonio de estas personas en bloque no
deja ninguna duda de que el Libro de Mormón fue una obra inspirada por Dios
y revelada a Su profeta, Joseph Smith. Sin duda, muchos adeptos lo creen. El
problema es que el mencionado testimonio no se sostiene ni siquiera
parcialmente. Para empezar el grupo de los "tres testigos" jamás afirmó
haber visto las placas de oro donde - supuestamente - se escribió el Libro
de Mormón. Lo más que llegaron a afirmar fue que tuvieron una "visión" de
las mismas, que las vieron "con el ojo de la fe" o cuando estaban envueltas
o tapadas (3). Si alguien vio alguna vez - y resulta dudoso - aquellas
placas fue sólo Joseph Smith.
(1) Estudios sobre el tema en A. Budvarson - Book of Mormon -, True or False?,
Concord, 1959; M. W. Cowan-Mormón Claims Answered, ed. autor. 1975 y J. y S.
Tanner- Mormonism, Shadow o Reality, Salt Lake City. 1975.
(2) Estudios sobre el tema en A. Budvarson - Book of Mormon -, True or False?,
Concord, 1959; M. W. Cowan-Mormón Claims Answered, ed. autor. 1975 y J. y S.
Tanner- Mormonism, Shadow o Reality, Salt Lake City. 1975.
(3) Cf: F.C. McElveen, Oc, p. 48 ss.
Las grandes deserciones
mormonas
La influencia de la masonería (IV)
Por desgracia, no termina en el Libro del Mormón en sí el cúmulo de
problemas que presentan los mencionados testigos de Shmit. Veámoslos, aunque
sea por encima. De los once testigos mencionados, todos se marcharon de la
secta salvo los Smith, es decir, los de la familia del profeta e incluso de
éstos, un par de los hijos de Smith dejaron la secta para afiliarse a la
iglesia reorganizada de los Santos de los Últimos Días.
Como relatamos en artículos anteriores, el relato oficial es que en 1820,
cuando Joseph Smith tenía sólo catorce años mientras, presuntamente, se
hallaba en oración vio sobre él, en el aire, a dos personajes. Uno de ellos
señaló al otro y exclamó: "Este es mi Hijo amado, escúchalo". Después, uno
de los dos personajes le dijo que todas las iglesias estaban equivocadas.
Existen los llamados tres testigos del Libro del Mormón, David Whitmer,
Oliver Cowdery y Martín Harris.
Visto el éxito final que tuvo con ellos, no es de extrañar que el profeta
Smith denominara a los tres testigos principales "ladrones y embusteros" (1)
y que incluso manifestara en la "Historia de la Iglesia" que habría que
olvidarlos (2). De nuevo este conjunto de circunstancias no pueden sino
resultar sorprendentes al venir ligadas a una revelación supuestamente de
Dios. Por ello, resulta injustificable que la secta de los mormones tenga el
valor de presentarlos como testigos a favor de las revelaciones de su
profeta, cuando todos, menos los familiares de éste, la abandonaron
convencidos de que aquello no tenía ninguna relación, ni siquiera lejana,
con Dios.
Realmente, da la impresión de que la gente más cercana a Smith creía que
todo era un fraude y se cansó de seguir la farsa. A causa de ellos, Smith
los descalificó como embusteros y ladrones en un intento de privar de valor
a los testimonios - esta vez ciertos - que pudieran dar acerca del.
Posteriormente, la secta correría un tupido velo sobre el abandono e
insistiría en que todos ellos eran piedra fundamental para creer la
veracidad de las pretensiones de Smith. No hace falta ser muy avispado para
darse cuenta de a quien beneficiaba esa falsedad consciente.
Una cuestión adicional sirve para dejar aún más de manifiesto el dudosa
carácter de los poderes de Smith. Para desgracia de la secta, el asunto pasó
por los tribunales y las minutas del procedimiento fueron localizadas por
Wesley P. Walters el 28 de julio de 1971 (3). En 1826, es decir, seis años
después de la supuesta visión divina, Joseph Smith fue acusado (y condenado)
por ser un "glass looker". El término anglosajón, que se podría traducir
como "mirador de cristal", sirve para designar a una persona que mirando a
través de un vidrio o de una piedra puede encontrar tesoros o propiedades
perdidas. Smith había estafado a una persona llamada Josiah Stowell
asegurándole que, mirando a través del cristal, localizaría tesoros y
propiedades perdidas.
No deja de ser curioso que Smith fracasara utilizando la misma metodología
que le permitió - en teoría - traducir las placas de oro que un ángel de
Dios le había mostrado y tampoco deja de llamar la atención que, seis años
(o tres, según la visión) después de hablar con el Padre y el Hijo (o con un
ángel, llamado o Moroni o Nephi, según qué visión y qué persona) anduviera
dedicado a los menesteres - nada respetables - que había aprendido en su
familia. No parece lo más adecuado que un profeta de Dios se dedique a
estafar al prójimo prometiéndole encontrar tesoros... a menos, claro está,
que no se sea tal tipo de profeta. Desde luego, con esos antecedentes
tampoco llama mucho la atención las controversias desatadas desde el
principio en relación con el Libro de Mormón.
(1) Times and Seasons, vol. I, pg. 81; Elders Journal, pg. 59; Senate
Documents 189, pp. 6,9.
(2) Smith, History of the Church, vol. 3, p. 232.
(3) Una reproducción fotográfica de las minutas judiciales originales en J.
Y S. Tanner, Joseph Smith´s 1826 Trial, Salt Lake City. 1971.
Falsedades históricas
del Libro de Mormón
La influencia de la masonería (V)
Los libros sagrados de las diversas religiones suelen contener datos
históricos, geográficos y arqueológicos susceptibles de ser verificados por
los especialistas en estas ciencias. En alguna medida, su fiabilidad viene
confirmada o negada precisamente por la posibilidad de verificar si los
datos históricos o arqueológicos son o no reales. El ejemplo más destacado
de esta tesis lo constituye, sin lugar a dudas, la Biblia. Los datos
geográficos, históricos y arqueológicos que aparecen en la misma no sólo son
reales y están cuidadosamente expuestos sino que han servido de base para
realizar descubrimientos arqueológicos en tiempos modernos. En el caso de
otros libros religiosos los datos son escasos y difícilmente comprobables vg:
los libros canónicos del hinduismo, pero incluso así parece existir un fondo
histórico real aunque se haya visto deformado por la leyenda. La única
excepción a esta regla la constituye el Libro de Mormón, la presunta
revelación divina recibida por Joseph Smith, un escrito que resulta aún
menos fiable que los textos sagrados del hinduismo.
La historia contenida en esta obra no deja de ser un tanto complicada en sus
detalles. Haremos aquí un breve resumen de la misma en relación con sus
aspectos fundamentales. En las páginas del libro canónico por antonomasia
del mormonismo, se nos narra que un pueblo llamado jareditas, procedentes de
la Torre de Babel, emigró a América en el año 2247 A.C. Supuestamente esta
cultura ocupó América Central hasta desvanecerse a causa de los conflictos
internos. Un superviviente llamado Ether escribió su historia en 24 placas
metálicas.
LA HISTORIA SEGÚN EL LIBRO DE MORMÓN
Hacía el año 600 A.C., las dos familias de Lehi e Ismael salieron de
Jerusalén y cruzando el océano Atlántico desembarcaron en América del Sur.
Dos hijos de Lehi, llamados Laman y Nephi, acabaron enfrentándose junto con
sus seguidores en el campo de batalla. De aquí procederían los pieles rojas
que poblarían el Nuevo Mundo. La razón, según Joseph Smith, no podía ser más
fácil: los lamanitas era rebeldes contra Dios y El los castigó haciendo que
su piel se oscureciera dando así origen a los indios americanos.
Los nefitas, por el contrario, que seguían conservando una piel
inmaculadamente blanca, fueron favorecidos por Dios y se asentaron en
América Central en la época de Cristo. Después de su crucifixión, Jesús se
les apareció en esta parte del continente americano e instituyó el bautismo,
el sacramento del pan y el vino, el sacerdocio, etc. Un par de siglos
después, aquella cultura centroamericana abandonó los caminos del Señor y
otro siglo y medio después nefitas y lamanitas se enfrentaron de nuevo en
batalla.
El jefe de los nefitas era un profeta y sacerdote llamado Mormón. Cuando
comprendió que la derrota era una posibilidad clara, decidió escribir en
placas de oro la historia de su pueblo. Se las entregó a su hijo Moroni que,
supuestamente, la escondió en una colina cerca de Palmyra, Nueva York, unos
mil cuatrocientos años antes de que, presuntamente, un ángel se le
apareciera a Smith y le dijera donde encontrarlas. Por qué escogió este
lugar – salvo porque Smith viviría cerca de él – es un enigma. Enigma
resulta también que Mormón retara a los lamanitas a trabar combate en un
cerro insignificante llamado Cumorah. Este lugar, al parecer, se hallaba a
centenares de miles de millas de donde se encontraba su pueblo y, por ello,
aquel se vio obligado a cruzarlas. Lógicamente, debió llegar hecho trizas al
lugar de la batalla. Mormón, si es que existió, fue quizá un profeta y un
sacerdote piadoso, pero, desde luego, dejaba mucho que desear como
estratega. De acuerdo con el Libro de Mormón, hacia el 421 A.de C. todos los
nefitas habían sido asesinados y los impíos lamanitas dominaban la tierra.
Presuntamente cuando Colón llegó a América en 1492, se encontró a los
descendientes de los lamanitas.
LAS BASES HISTÓRICAS REALES
Desde luego, no cabe duda que la historia como tal, pese al tono
aburridísimo de su exposición, derrocha imaginación. El problema, para Smith
y la secta, claro está, es que existen buenas razones para pensar que no
cuenta con la más mínima base histórica.
Para empezar, está la cuestión del incremento de la población . Según el
Libro de Mormón, en treinta años, de 28 personas se formaron dos naciones
poderosas (I Nephi; 2 Nephi 5:5,6,28), nephitas y lamanitas que se
enfrentarían a muerte. En términos demográficos, tal posibilidad es
absolutamente inaceptable. Por si fuera poco, siempre según el Libro de
Mormón, esas dos naciones – que se formaron en treinta años – edificaron
multitud de ciudades poderosas, seguramente durante el tiempo que no se
dedicaban a multiplicarse frenéticamente. En el Libro de Mormón se mencionan
al menos 38 ciudades: Ammonihah, Bountiful, Gideon, Shem, Zarahemla, etc. No
se han encontrado restos de una sola siquiera ni en Centroamérica ni en
Suramérica.
Como remate, tampoco tenemos pruebas de que, como afirma el Libro de Mormón,
en América se utilizara profusamente el egipcio reformado y el hebreo . Para
ser honrados habría que decir que no contamos con un solo vestigio de ello.
Algo, por otra parte, incomprensible su fiera cierto que, como afirma el
Libro de Mormón, ambas lenguas fueron utilizadas durante siglos en el
continente americano.
Las cuestiones menores de dudosa fiabilidad son numerosísimas . Por sólo
citar algún ejemplo diremos que el profeta Nephi, que supuestamente escribió
varios siglos antes de Cristo, cita a Mateo, Lucas, Pedro y Pablo que no
vivieron ni escribieron hasta el siglo primero de nuestra Era. En Alma 46:15
se llama “cristianos” a fieles que vivían 73 años antes del nacimiento de
Cristo. Se afirma en Ether 2:3 que había abejas en América unos dos mil años
A.de C., cuando lo cierto es que fueron los españoles los que las llevaron
al Nuevo Mundo, etc.
En realidad, lo que resulta establecido más allá de cualquier duda razonable
es que el Libro de Mormón es un verdadero fraude histórico . De hecho,
autoridades competentes como el Instituto Smithsoniano de Washington han
dejado claro que carece de la más mínima base histórica o arqueológica
afirmando, por ejemplo, que “los arqueólogos del Smithsoniano no ven ninguna
conexión entre la arqueología del Nuevo Mundo y el tema del Libro (de
Mormón)” (1). Como ha señalado el Dr. Frank H.H. Roberts, Jr., director del
departamento de etnología americana del citado instituto: “No existe ninguna
prueba de ninguna emigración desde Israel a América, y de manera similar no
hay ninguna prueba de que los indios precolombinos tuvieran ningún
conocimiento del cristianismo o de la Biblia”. De la misma opinión es el
arqueólogo Michael Coe, especialista en culturas precolombinas: “No hay un
solo arqueólogo profesional, que no sea mormón, que encuentre alguna
justificación científica para creer que (el Libro de Mormón) es cierto”.(2)
Los datos resultan tan aplastantes que, incluso, algunos arqueólogos
mormones se han visto obligados a aceptarlos . Un ejemplo claro es el del
reconocido arqueólogo mormón Dee F. Green que efectivamente ha afirmado: “La
moderna topografía no permite situar ninguno de los lugares a los que se
refiere el Libro de Mormón. Se puede estudiar la arqueología bíblica, porque
sabemos dónde estaban y está Jerusalén y Jericó, pero no sabemos dónde
estaban ni están Zarahemla y Bountiful, ni ningún otro sitio realmente (3).
(1) J. Y S. Tanner-Mormonism Shadow or Reality. Salt Lake City. 1975, p. 57.
(2) Dialogue: A Journal of Mormon Thought, “Mormons and Archaeology: An
Outside View”.Verano de 1973, p.p. 41-42, 46 .
(3) Dialogue, Oc, verano de 1969, pp. 77-78.
Más vínculos del
mormonismo y la masonería
La influencia de la masonería (VI)
No es de extrañar que ante los datos mencionados en el artículo anterior
acerca del Libro de Mormón, multitud de personas dejen de creer en el
carácter divino de la revelación de Smith. Uno de los casos más claros es el
de Thomas Stuart Ferguson (1). Fundador de la Fundación Arqueológica del
Nuevo Mundo, era un miembro respetado de la secta, en apoyo de la cual había
escrito tres libros con argumentos a favor de la veracidad del Libro de
Mormón. Tras veinticinco años de investigación, llegó a la conclusión de que
"las pruebas en contra de Joseph Smith eran absolutamente rotundas" y perdió
la fe en el mormonismo como revelación divina.
Bajo presiones de las autoridades de la secta escribió una carta en la que
afirmaba que no rompería su relación con la misma, sin embargo, había dejado
de creer - convencido por la aplastante evidencia - en Joseph Smith como
profeta de Dios (2).
A pesar de todo, la verdad es que el Libro de Mormon levantó tantas
expectativas que, al parecer, Joseph Smith decidió adentrarse por el camino
de las sucesivas revelaciones. Supuestamente, en 1835, Smith compró varias
momias egipcias y rollos de papiro de un tal Michael H. Chandler. Al
parecer, el profeta tradujo los textos y con ellos formó el "Libro de
Abraham" que está incluido en otro de los textos sagrados del mormonismo,
"La Perla de Gran Precio".
Según la interpretación de Smith, el primer dibujo mostraba al sacerdote
idólatra Elkenah intentando ofrecer a Abraham como sacrificio. El pájaro que
aparecía en el dibujo era el Ángel del Señor, etc.
Por desgracia para Smith, esta vez sí que hubo quien vio los textos. F.S.
Spalding envió copias de este facsímil y de otros que dibujó Smith a varios
de los egiptólogos más competentes del mundo (2). Todos, sin excepción,
manifestaron que el tema de los papiros era el embalsamamiento de los
muertos. Asimismo, fueron unánimes en afirmar que la interpretación de Smith
- sagrada palabra de Dios para sus seguidores - era falsa y que no
constituía una traducción veraz de los jeroglíficos.
Al igual que ha sucedido con arqueólogos mormones que perdieron su fe en J.
Smith después de examinar científicamente el Libro de Mormón ha acontecido
con esta otra revelación. Dee Jay Nelson (3), un supuesto egiptólogo mormón,
abandonó la secta tras examinar los datos y llegar a la conclusión de que la
supuesta traducción de Smith era un fraude. Su caso no es único.
A pesar de todo lo anterior - que, difícilmente, puede considerarse propio
de una persona honrada - Joseph Smith no tuvo ninguna dificultad para que la
masonería aceptara iniciarlo en sus secretos. Cómo se llegó hasta ese paso
es - como sucede con tantos episodios de la historia de la masonería -
verdaderamente novelesco.
Dentro de la historia de la masonería constituye un capítulo especialmente
importante el relacionado con la historia de la muerte de William Morgan, un
hombre asesinado por escribir un libro en el que, supuestamente, revelaba
secretos relacionados con la masonería.
El episodio provocó una gran reacción contra la masonería en los Estados
Unidos, pero no es ése el aspecto en el que vamos a detenernos aquí. Al ser
asesinado Morgan por los mormones, dejó una viuda llamada Lucindia.
Inicialmente, Lucindia no dudó en elevar votos de mantenerse fiel a la
memoria de su marido y, por supuesto, recibió donativos de no pocos
anti-masones que la contemplaban con simpatía y afecto. Sin embargo, cuando
Lucindia volvió a casarse el 23 de noviembre de 1830, lo hizo con un masón
llamado George W. Harris. Acto seguido, se convirtió al mormonismo y se
trasladó a Nauvoo, Illinois. Ni de lejos iba a ser la única vinculación
entre la masonería y el mormonismo. De hecho, el 6 de abril de 1840, fue
fundada la Gran Logia de Illinois por el general, juez y patriarca mormón,
James Adams. La nueva Gran Logia de manera inmediata se entregó a establecer
estrechos vínculos con la secta fundada por Smith. Al cabo de poco tiempo,
Nauvoo contaba con tres logias y Iowa con dos, las cinco eran denominadas
las "logias mormonas" y contaban con unos 1550 hermanos. El mismo Joseph
Smith Jr., profeta de Dios según su testimonio, fue iniciado como aprendiz
masón el martes, 15 de marzo de 1842. El episodio aparece documentado en las
minutas de la logia de Nauvoo correspondientes a esa fecha donde se habla de
cómo Smith Jr. y Sydney Rigdon "fueron debidamente iniciados como aprendices
masones durante el día".
Se trataba tan sólo del principio. Los cinco primeros presidentes de la
secta - Joseph Smith, Brigham Young, John Taylor, Wilford Woodruff y Lorenzo
Snow - fueron todos iniciados en la masonería en la misma logia de Nauvoo.
De hecho, prácticamente todos los miembros de la jerarquía o eran ya masones
o fueron iniciados en la masonería una vez que Joseph Smith fue ascendido al
grado de maestro masón. A decir verdad, es posible que la logia mormona de
Nauvoo haya sido la que ha contado con más personas celebres entre sus
miembros con la excepción de la ya citada Logia de las Nueve hermanas.
Una vez que la masonería fue introducida en Nauvoo, la logia celebró sus
reuniones en la habitación superior del almacén de Joseph Smith hasta que se
construyera el edificio especialmente dedicado a las tenidas. Éste fue
dedicado por Hyrum Smith el 5 de abril de 1844.
(1) Una narración más extensa del mismo en Ed. Decker y D. Hunt, Los
fabricantes de dioses, Minneapolis, 1987. pp. 78 ss.
(2) Durante años se ha defendido la tesis de que El Libro de Mormón no fue
siquiera obra de Joseph Smith, sino que éste la plagió de un tal Solomon
Spaulding. Al parecer, éste había escrito una novela histórica sobre una
familia judía que emigraba al Nuevo Mundo. Esta explicación del origen del
Libro de Mormón es, a nuestro juicio, la más satisfactoria por tres razones.
Primero, explica la utilización de la Biblia del Rey Jaime de 1611. Es
lógico que un protestante del siglo XIX la utilizara para citar de las
Escrituras al ser la de mayor difusión en las naciones de habla inglesa.
Segundo, explica la falta de base histórica ya que se trata sólo de novelar
y no de historiar. Tercero, la tesis viene apoyada por multitud de testigos
que afirmaron haber leído o escuchado fragmentos de la obra de Spaulding que
eran idénticos a la que Smith presentaba como Libro de Mormón. No hace falta
decir que de ser cierta esta teoría, el profeta Smith saldría aún peor
parado en sus pretensiones, pero ese no es un problema para el investigador
imparcial..
(3) Los egiptólogos fueron A.H. Sayce de la universidad de Oxford, William
M.F. Petrie de la universidad de Londres, A.C. Mace del departamento de
egiptología del Museo metropolitano de Nueva York, J. Peters, director de la
expedición babilónica de la universidad de Pensylvania; S.A.B. Mercer del
Western Theological Seminary de Chicago, E. Meyer de la universidad de
Berlín y B.V. Bissing de la universidad de Munich.
(4) Dee Jay Nelson, The Joseph Smith Papyri, part. 2 y The Eye of Ra.
Mormonismo y poligamia
La influencia de la masonería (VII)
Las relaciones de la nueva secta del mormonismo así como de su fundador con
la masonería resultaban, desde luego, inmejorables. Sin embargo, Joseph
Smith distaba mucho - consideraciones sobre sus revelaciones aparte - de ser
un modelo moral tal y como, presuntamente, exige la masonería de sus
miembros. De hecho, en 1842, el profeta fue acusado de asesinato. Fuera o no
cierto, la verdad es que salió bien parado en el procedimiento judicial e
incluso se permitió declararse candidato a la presidencia de los Estados
Unidos. No se saldría con la suya, pero el año siguiente recibiría otra
revelación de enormes consecuencias. Su tema sería la poligamia. Al parecer
antes de la canónica revelación de 12 de julio de 1843, Smith había tenido
otras varias relativas a este tema, la diferencia estaba en que, hasta
entonces, fueron privadas y generalmente iban dirigidas a convencer a la
mujer ansiada (que podía ser tanto soltera como casada) de que Dios deseaba
que se entregara al profeta Smith.
Si la mujer se convencía - cosa, al parecer, no muy difícil dado el poder de
atracción de Smith - se celebraba un matrimonio secreto y, a partir de
entonces, tenían lugar los encuentros sexuales de manera oculta. Ann Whitney,
por citar sólo un ejemplo, se casó con Smith cerca de un año antes de la
revelación de 1843 (1), pero la costumbre de perpretrar adulterios de manera
constante, venía de muy lejos.
La primera acusación pública de adulterio formulada contra Smith procedió,
nada menos, que de uno de los testigos del Libro de Mormón: Oliver Cowdery.
Está documentado que, desde 1835, Smith mantuvo con una tal Fanny Alger una
relación adulterina de la que no lograron disuadirlo ni siquiera algunos de
sus colaboradores más cercanos (2). Pronto el número de amantes - esposas,
según Smith - llegó a más de ochenta.
Al parecer, a Smith no le importaba mucho lo moral de sus actuaciones, pero
sí el que su esposa Emma le pudiera descubrir . Esto, al menos, es lo que se
desprende de una carta descubierta por Michael Marqwardt en el George Albert
Smith Collection de la Biblioteca de la Universidad de Utah (3). Tanto le
preocupaba la cólera de la esposa engañada que incluso, en algunas
ocasiones, el profeta arregló casamientos fingidos entre sus "mujeres" y
otros hombres (4), para cubrir una realidad más evidente: esas mujeres eran
las amantes adulterinas de Smith. Desde luego, el sistema no deja de parecer
una actitud curiosa si aceptamos la tesis de que Smith sólo hacía lo que
Dios le ordenaba.
Como es de suponer, la lujuria del profeta pronto se convirtió en una
pesadilla para muchos de sus adeptos. Tener una esposa hermosa era un riesgo
porque, a buen seguro que, tarde o temprano, constituiría una tentación que
Smith no podría ni querría resistir. Si una mujer le apetecía sexualmente,
la tomaba sin el más mínimo problema de conciencia. Hay que decir, no
obstante, que en algunas ocasiones estuvo dispuesto a aceptar un canje.
Un caso así fue el de Vilate Kimball, casada con el apóstol mormón Heber C.
Kimball. La mujer debía tener un cierto atractivo físico y el profeta le
comunicó que debía acceder a sus deseos sexuales. Ni a ella ni a su esposo
les debió convencer - mucho menos honrar - la sugerencia. Finalmente,
idearon una forma de escapar a tan alto honor. Kimball, con enorme tacto,
preguntó a Smith si le daría igual tomar a la hija en lugar de la madre. El
profeta aceptó el cambio (5).
En otros casos, como suele suceder en estas circunstancias con relativa
frecuencia, el marido engañado por el profeta desconocía que su esposa - a
la que consideraba un ejemplo de virtudes - había pasado a formar parte del
harén de Smith (6). El conocimiento del secreto quedaba reducido a los
protagonistas y a algunas personas muy cercanas.
Con todos los alicientes que el tener relaciones adúlteras con un supuesto
profeta de Dios pudiera presentar para las mujeres, no puede decirse que
aquella práctica hiciera especialmente felices a todas las de la secta.
Cuando la poligamia se extendió a todos los varones del movimiento, no pocas
adeptas se desesperaron y prefirieron suicidarse antes de allanarse a una
conducta que las rebajaba de esa manera.
Naturalmente, todo aquello resultaba excesivo para la gente que vivía cerca
de los mormones - nada pacíficos, por otro lado - y que temía verse
desbordada por ellos (7). En el estado de Illinois la bigamia era un delito
y Joseph Smith - en aquellos momentos en excelentes relaciones con la
masonería - y su hermano Hyrum - el masón más importante de Nauvoo - fueron
arrestados. Sin embargo, no fueron esos los únicos cargos presentados contra
él. Las acusaciones iban desde gran inmoralidad a falsificación, pasando por
encubrimiento y otros delitos. Hubiera sido de desear que compareciera ante
un tribunal porque, quizá de esta manera, habría podido quedar establecido
de manera legal cuál era el verdadero carácter de Smith. No fue así. Un
grupo de unas ciento cincuenta personas hartas de los excesos de Smith
asaltó la prisión de Carthage, en que estaba confinado, con ánimo de
lincharlo.
Joseph Smith intentó salvarse realizando alguno de los gestos rituales de la
masonería y profiriendo gritos de auxilio hacia posibles masones que
pudieran encontrarse entre sus asaltantes. No podemos saber a ciencia cierta
si había masones entre ellos, pero, en cualquiera de los casos, no le sirvió
de nada. La turba disparó a través de la puerta de la cárcel y mataron
instantáneamente a Hyrum. Joseph Smith disponía de un revólver y logró herir
a cuatro de los atacantes. Sin embargo, cuando vio que la situación era
desesperada, intentó escapar lanzándose por la ventana. Fue atrapado en la
huída y asesinado.
(1) The Contributor, vol. 6, n. 4,enero de 1885, p. 131.
(2) Historical Record pg. 15, una fuente mormona da por verídico el dato.
(3) Reproducida en E. Decker y D. Hunt, Oc. P, 139.
(4) Cf. E. Decker y D. Hunt, Oc, p. 139 y ss.
(5) Dr. Wyl, Mormon Portraits, 1886, pp. 70-72.
(6) Tal como fue el caso de un tal H. B. Jacobs.
(7) Cf. No man knows my story, Fawn M. Brodie. 1945.
Mormonismo: la
dudosa moralidad de Joseph Smith
La influencia de la masonería (VIII)
Joseph Smith en diversas ocasiones había declarado que "podía desafiar a la
Tierra y al infierno (1)", que era el hombre más importante que hubiera
vivido jamás, incluido Jesucriston (2), que era un abogado, un gran
legislador y que abarcaba todo, el cielo, la tierra y el infierno y que iba
a descubrir el conocimiento que cubriría a todos los otros abogados,
doctores y cuerpos de letrados (3). Al fundar la iglesia mormona, Smith se
había colocado por delante de todo profeta o apóstol anterior a él,
incluyendo al propio Cristo: "Tengo más para jactarme de lo que haya tenido
nunca ningún hombre. Soy el único hombre que ha sido capaz de mantener unida
a toda una iglesia desde los días de Adán... Ni Pablo, ni Juan, ni Pedro, ni
Jesús lo consiguieron nunca. Presumo de que ningún hombre hizo nunca un
trabajo como el que yo hago. Los seguidores de Jesús se apartaron corriendo
de El, pero los Santos de los Últimos Días nunca se apartarán de mí" (History
of the Church, vol. 6, pp. 408-9).
Pretendía asimismo que él no era un siervo de Dios sino que, por el
contrario, Dios era su mismo ayudante. Así lo dijo de manera indiscutible:
"La tierra entera será testigo de que yo, como la roca elevada en medio del
océano, que ha resistido la poderosa embestida de las olas durante siglos,
soy invencible...
"Yo combato los errores de la Historia, me enfrento con la violencia de las
masas; me las arreglo con los procedimientos ilegales de la autoridad; corto
el nudo gordiano de los poderes y resuelvo los problemas matemáticos de las
universidades, con la verdad, con la verdad primera: y DIOS ES MI HOMBRE DE
CONFIANZA, MI MANO DERECHA".(4)
Su sueño megalómano concluyó aquel día al lado de la prisión de Carthage
(que mencionamos en el artículo de la semana anterior). En el St. Clair
Banner de 17 de septiembre de 1844 se publicó una declaración jurada de
G.T.M. Davis en la que se revelaban los propósitos del profeta:
"El gran objetivo de Joseph Smith era evidentemente el de asumir poderes
ilimitados - civiles, militares, eclesiásticos - sobre todos los que
llegaran a ser miembros de su sociedad.
"... y para satisfacer a su gente... mostrando que la autoridad que Dios le
había otorgado... se extendía sobre toda la raza humana y que los Santos de
los Últimos Días, y las órdenes de Joe como rey y legislador iban a dominar
a los gentiles y que obtendrían su sumisión mediante la espada". (5)
No resulta, por lo tanto, extraño que Joseph Smith enseñara y ordenara a sus
adeptos que practicaran el robo, el saqueo y el asesinato de aquellos que se
les enfrentaban. Esta conducta - que difícilmente podría denominarse
cristiana, pero que cuenta con paralelos en procesos sociales impulsados por
la masonería - era etiquetada con el término de "despojar a los gentiles".
Como ha reconocido el escritor mormón Leland Gentry se consideraba que
"había llegado el tiempo en que las riquezas de los gentiles debían ser
consagradas a los Santos".(6)
La muerte de Smith provocó el lógico problema sucesorio. Originalmente,
Joseph Smith había deseado que fuera un hijo suyo el que le sucediera a la
cabeza de la secta ocultista fundada por él. Un manuscrito fechado el 17 de
enero de 1844 y firmado por Joseph Smith apenas cinco meses antes de su
muerte establece:
"Bendición dada por Joseph Smith Jr. A Joseph Smith III... Bendito del Señor
es mi hijo Joseph III. porque él será mi sucesor en la Presencia del Alto
sacerdocio; un vidente, un revelador, un profeta para la Iglesia; su
designación le pertenece a él por mi bendición; y también por derecho".
Así lo quería el profeta, pero no le sirvió de nada. Uno de sus
lugartenientes, Brigham Young, se autonombró sucesor suyo y el heredero
oficial tuvo que conformarse con formar otra secta aparte. El 24 de julio de
1847, la primera caravana de mormones al mando de Brigham Young entraba en
el Valle de Salt Lake. Más del sesenta por ciento de los mormones que
llegaban a un territorio que pronto sería suyo eran masones, entre ellos
toda la jerarquía de la secta. En los años venideros, los rituales del
templo mormón de Salt Lake City - supuestamente procedentes del templo de
Salomón - serían tomados de manera directa y apenas modificada de los de la
masonería.
(1) Carta fechada el 22 de julio de 1844 de Sarah Scott en la que se
describe las pretensiones de Smith.
(2) History of the Church, vol. 6, p. 408.
(3) Idem, vol. 5, p. 467.
(4) Idem, vol. 6, p. 78.
(5) Citado por J. Y S. Tanner - Mormonism - Shadow or Reality?. Pp. 415-6.
(6) L. Gentry, A History of Alter Day Saints in Norteen Missouri form
1836-1839, UBY, 1965, p. 32. |