Nota
previa del autor de esta web: Recientemente un Romanista (expresión sin
ánimo de ofender, como seguidor de las doctrinas de la iglesia de Roma)
llamado José
Miguel Arráiz (de apologeticacatolica.org) me escribió diciéndome que
las citas de este texto (copiado literalmente del libro: “A las
Fuentes del Cristianismo” Págs. 99-112, Edición Actualizada. Samuel
Vila. Ed. CLIE. Terrassa, España, Noviembre de 1976) son falsas o espurias.
Tras decirle que hace años que no actualizo esta web e
intercambiar al respecto con él una serie de e-mails por cortesía -pese
a su tono a mi juício un tanto "perdonavidas" y sus posteriores
insultos (fanático, paranoico, etc.) hacia mi persona- descubrí que
sin mi permiso en un acto a mi juicio innoble, publicó alguno de
mis e-mails de
carácter privado con él en varios sitios webs (solo lo que a él le
pareció interesante publicar, evidentemente). Tras consultar sobre dos
de las
citas un poco al "tún-tún" a un amigo sacerdote católico-romano
francés,
éste me confirmó que ambas, pese a lo dicho por el señor Arráiz son
ciertas (en el caso que le pregunté son sobre Eusebio de Cesarea y San
Agustín). Se hace mención a ellas, y como dije al Sr. Arráiz en todo
caso corresponde escribir al autor del libro que yo solo me limito a
copiar aquí. Imagino que indagando con el resto de las citas pasará lo
mismo (hay que tener en cuenta que muchas traducciones de textos
patrísticos hechas por autores romanistas son bastante tendenciosas, a
nada que uno sepa algo de griego).
El culto a la Virgen María
Es, indudablemente, la más bendita y santa de las
mujeres, habiendo sido la madre del Hijo de Dios en su encarnación por tal
motivo merece ser amada, honrada e imitada.
Es necesario, además, aceptar lo que declara el
Evangelio respecto a su milagrosa concepción de la Persona de Nuestro Señor
Jesucristo por obra del Espíritu Santo que hizo de esta santa doncella la
Virgen Madre de las profecías del Antiguo Testamento.
Todo esto creen y reconocen por lo general los fieles
de las iglesias evangélicas, salvo, naturalmente, aquellos que han caído bajo
un exagerado modernismo teológico.
Sobre este asunto nos sentimos de una misma mente y
corazón con los católicos más adictos al dogma básico de la Iglesia
Cristiana en todos los siglos: El nacimiento virginal de Nuestro Señor
Jesucristo por obra del Espirito Santo. Desafiamos a los teólogos modernistas,
católicos o protestantes, a que nos prueben, con citas de la Biblia o de los
primeros escritores cristianos, que no fue la concepción virginal de Jesucristo
una doctrina creída y enseñada desde los mismos orígenes del Cristianismo. Ni
los más disparatados sectarios de los primeros siglos de la Era cristiana se
atrevieron a ponerlo en duda. Por tanta, estamos en este punto de perfecto
acuerdo con la inmensa mayoría de los catódicos. Sin embargo,
La Iglesia católica
Romana continúa enseñando:
·
Que la
misma Virgen María nació por Concepción milagrosa y sin pecado original, al
igual que el propio Hijo de Dios.
·
Que Dios
la ha nombrado y hecho Reina de los Ángeles (Letanía de la Virgen).
·
Últimamente
el papa Pio XII decreto como dogma de fe, en el año 1950 la Asunción de la
Virgen, o sea, la doctrina de que ella fue resucitada y ascendió al Cielo,
igualándola así con las prerrogativas del santo y eterno Hijo de Dios.
·
El libro
de san Alfonso María de Ligorio titulado Las glorias de María obra sumamente
popular entre los católicos romanos, declara que:
–
“Seremos a veces más presto oídos y salvos acudiendo a María e
invocando su santo nombre que el de Jesús nuestro Salvador. Más pronto
hallamos la salud acudiendo a la madre que al Hijo” (página 82).
–
“Muchas cosas se piden a Dios y no se alcanzan: se piden a María y se
consiguen. No porque María sea más poderosa que Dios sino porque Jesucristo
decretó honrar así a su madre”. No rehusamos ampliar esta frase de San
Alfonso Ligorio con la segunda sentencia, que nuestros críticos echaron a
perder en nuestra anterior edición. Nos gusta ciertamente, en un autor tan
mariano como es Alfonso Ligorio el reconocimiento de que María no es superior a
Dios como podría mal interpretarse de su anterior declaración. Pero la última
parte de la frase empeora el caso para los mismos católicos, pues ¿donde
consta que Jesucristo decretó honrar así a su madre? Que nos presenten el
famoso decreto y lo cumpliremos enseguida. Si no pueden presentarlo sométanse
nuestros amigos católicos a la Palabra Divina recordando el texto de
Proverbios: “Toda palabra de Dios es limpia. Es escudo a los que en Él
esperan. No añadas a sus palabras porque no te reprendan y seas hallado
mentiroso” (Proverbios, cap. 30:5-6)
–
“María se llama puerta del Cielo porque ninguno puede entrar en está
dichosa mansión si no pasa por ella” (Página 99).
–
“Todos obedecen los preceptos de María, aun Dios” (Página 115). (He
aquí el latín del original para que no digan que la sentencia esta mal
traducida: “Imperio Virginis omnia
famulantur, etiam Deus”)
–
Jesucristo dijo: “Nadie viene a mí si mi madre no le atrae primero por
sus ruegos” (La ampliación de esta otra frase que nos ofrece el autor de Santa María, Madre de Dios no cambia tampoco su sentido ni la hace
más justificable. Es copia de San Alfonso Ligorio: “Dice Jesucristo:
"Nadie puede venir a mí si no lo trajera el Padre Celestial"; e igual
dice de su madre, como se expresa Ricardo de san Lorenzo: “Nadie puede venir a
mí si mi madre no lo trajere con sus ruegos “)
En
efecto las palabras atribuidas falsamente
al Salvador quedan en pie, solamente que ha responsabilidad acerca de las mismas
paso de san Alfonso Ligorio a Ricardo de San Lorenzo. Por lo tanto podemos
continuar preguntándonos: ¿de dónde sacó Ricardo de San Lorenzo y la iglesia
Romana que la consiente semejante afirmación? ¿De los Santos Evangelios? ¡No!,
Al contrario: Jamás habló Cristo de su humana madre en tal sentido No se trata
aquí de una hipérbole o exageración propia del siglo en que se escribió el
libro ya que falta en los evangelios cualquier clase de base para tal exageración
o mala interpretación. Nosotros reconocemos que existe alguna base hiperbólica
en los evangelios para las interpretaciones y exageraciones que con el tiempo
dieron lugar a los dogmas de la Eucaristía y la confesión auricular: pero no
hay una sola frase en los evangelios que reforzándola o exagerándola pueda dar
lugar a una creencia en la mediación de María. Por otra parte la excusa con
que el autor de Santa
María, Madre de Dios trata de justificar las frases de san Alfonso Ligorio
no sirve en ese caso ni puede convencer a nadie Dice: “Todos sabemos cómo
gustaban los predicadores de los siglos pasados de esas “acomodaciones” de
textos de la Escritura. Pero este gusto del tiempo que nosotros podemos muy
honradamente abandonar era perfectamente inocuo en ellos No pretendan que
Jesucristo hubiese dicho en su vida mortal las cosas que ellos le atribuían, ni
que tuvieran, por tanto la autoridad de Él, sino solo afirmaban que ellos
“creían” que Jesucristo las “pudo decir”. ¿Será eso una
“blasfemia” muy grande?”
Pero
el caso es que el pueblo católico, que por lo general lee poco los evangelios
da como cierto todo lo que ve escrito en letras de molde en un libro con censura
eclesiástica, sin preguntarse si es verdad o no: si es un hecho literal o una
exageración del autor: por consiguiente el censor y el obispo que autorizan el
libro se hacen tan responsables de la exageración o falsedad como el escritor
de la Edad Media que la concibió.
–
Dice María “El que acude a mí y oye lo que le digo, no se perderá (página
140) Otra frase gratuita y atrevidísima que el referido autor pone falsamente
en la boca de María, la cual no se halla en los santos evangelios.
Aunque existe una saludable tendencia de reforma en
la iglesia Católico Romana a este respecto, como hacíamos notar en el capitulo
dedicado al culto de los santos en general, todavía hay muchos católicos que
pretenden que la bienaventurada Virgen se complace en verse reverenciada y
honrada por medio de Imágenes, en muchos casos más que el mismo Redentor, y
que no desaprueba el que se dediquen inmensas fortunas para vestir y coronar a
las tales figuras de su persona con un lujo que ella jamás ostentó, mientras
millones de pobres carecen de lo más necesario y millones de paganos mueren en
la ignorancia del amor de Dios por no haber suficientes misioneros que les
prediquen las buenas nuevas.
Pero el Santo
Evangelio dice:
Que la Virgen María, a pesar de su inigualable
perfección moral, necesitó, como todos los mortales, un Salvador: “Engrandece
mí alma al Señor —declara ella misma—; y mí
espíritu se alegró en Dios mi Salvador“ (S. Lucas 1: 43 47).
Que el Omnisciente Hijo de Dios no quiere ser
advertido o rogado por su misma madre, según la carne, porque Él conoce mejor
lo que conviene hacer (Véase el caso de Caná, en el Evang. de S. Juan 2:4)
Que nadie debe tributar expresiones de extremada
alabanza a la bendita Virgen, por el mero hecho de haber sido el instrumento
escogido por Dios para la Encarnación del Verbo.
Así lo declara en aquella ocasión cuando una mujer,
entusiasmada por las palabras de inigualable sabiduría que salían de la boca
de Cristo, exclamaba: “Bienaventurado el vientre que
te trajo y los pechos de que mamaste.” Jesús en lugar de seguir las
inclinaciones de esta primera “Devota de la Virgen”, llenando de elogios a
su bendita madre, o profetizando sus glorias declara en tajante réplica: “Antes
bienaventurados los que oyen la Palabra de Dios y la guardan” (S. Lucas
11:27-28)
¡Qué chasqueada debería quedar la interpelante
devota y la misma madre de Jesús, si tuvo ocasión de escuchar tal respuesta de
labios de su divino Hijo, si no hubiera sido tan humilde de corazón como nos
consta que fue!
Otra expresión no menos extraordinaria, pero muy
natural si se considera que el Omnisciente Hijo de Dios conocía el abuso idolátrico
que se haría en siglos posteriores del recuerdo bendito de la Virgen María, es
aquella declaración de Cristo cuando su madre y sus hermanos estaban buscándole.
En lugar de introducir a su santa madre en la
asamblea y aprovechar la ocasión para llenarla de merecidas alabanzas, que
vendrían de perlas a los futuros veneradores de María, el divino Señor
responde enfáticamente: “¿Quién es mi madre y mis
hermanos? y mirando a los que estaban sentados alrededor de El, dijo: “he aquí
mí madre y mis hermanos. Porque cualquiera que hiciere la voluntad de Dios, éste
es mi hermano y mi hermana y mí madre” (S. Marcos 3:33-35)
Los apóstoles declaran acerca de Cristo: “Y
en ningún otro hay salud, porque no hay otro nombre debajo del cielo dado a los
hombros, en que podamos ser salvos” (Hechos 4:12). Si los santos apóstoles
hubiesen mirado a la madre del Señor como muchos católicos de hoy día, ¿no
habían hecho una salvedad en favor del bendito nombre en quien, según dicen,
se alcanzan todos los favores y, sobre todo, el de la salvación?
Testimonio de
los santos padres de la Iglesia Primitiva
Ninguno
de los siguientes y bien notables escritores de los tres primeros siglos, san
Bernabé, san Hermas, san Clemente de Roma, san Policarpo, Tatiano, Atenágoras,
Teófilo, san Hipólito, san Firmiliano, san Dionisio, Arnobio, etc. mencionan
en todos sus escritos a la Virgen María ni una sola vez.
Justino
Mártir la menciona dos veces hablando del nacimiento de Cristo: pero tal como
la haría un escritor evangélico de nuestros días: sin ninguna expresión
especial de veneración o culto. Tertuliano la menciona cuatro veces en la misma
forma.
Orígenes,
san Basilio y san Juan Crisóstomo hablan de sus defectos, Crisóstomo dice que
“fue movida por ambición y arrogancia excesiva cuando envió un mensaje a
Cristo para demostrar la influencia que tenía sobre Él” (Homilía de San
Mateo 12:48) Sin duda es ésta una opinión exagerada que los evangélicos no
compartimos; pero el haberla propuesto este gran padre de la Iglesia, demuestra
que en su tiempo no existía el culto a la Virgen.
Eusebio,
célebre autor de la Historia Eclesiástica dice: “Ninguno está exceptuado de
la mancha del pecado original, ni aun la madre del Redentor del mundo; solo Jesús
quedo exento de la Ley del pecado, aún cuando haya nacido de una mujer sujeta a
pecados (Emiss. In Horat. 2 de Nativ.) Nota
del autor de esta web: Al parecer la cita es de un discípulo de Eusebio
de Cesarea llamado Eusebio Emiseno. Es una errata bastante comprensible
y excusable del libro, al tratarse de maestro y discípulo del mismo
nombre, que los Romanistas citados tratan de usar para desprestigiar su
contenido.
San
Agustín dice: “María murió por causa del pecado Original, transmitido desde
Adán a todos sus descendientes” (salmo
34, sermón III) Nota del autor de esta web: La cita es original, como se puede ver en esta web católico-romana. Dice así: "Marie
est morte à cause du péché d’Adam,
parce qu’elle en était la fille" Lit. traducido es: "María murió a
causa del pecado de Adán, porque ella era hija suya". En esta otra web romanista (http://www.augustinus.it/latino/esposizioni_salmi/index2.htm) se da la cita en latín: "Maria ex Adam mortua propter peccatum, Adam mortuus propter peccatum". Nuevamente pierden la razón
los romanistas que tratan de denigrar el libro citado diciendo que esta cita no existe, y así una a una con
todas las demás.
San
Anselmo declara: “Si bien la concepción de Cristo ha sido inmaculada, no
obstante, la misma Virgen de la cual nació, ha Sido concebida en la iniquidad,
y nació con el pecado original; porque ella pecó en Adán, así como por él
todos pecaron” (Op. Pág. 9)
Santo
Tomás de Aquino, sumo doctor da la Iglesia Romana en s. XII, luchó
valientemente en contra de la que él consideraba herejía de la inmaculada
concepción, y dice: “La bienaventurada Virgen María, habiendo sido concebida
por la unión de sus padres, ha contraído el pecado original'' (Summa
teológica, part. 3 pág. 65)
Los
franciscanos, capitaneados por Duns Scott, defendieron la concepción Inmaculada
de María y surgió de esto, entre ellos y los dominicanos secuaces de santo
Tomas de Aquino, una áspera e interminable polémica.
Opinión
de algunos papas
León
I dice: “Entre los hombres Cristo solamente fue inocente, porque Él solo ha
sido concebido sin la suciedad y la concupiscencia de la carne" (Op.
T., pág. 78. No estamos de acuerdo con la opinión de estos escritores de
la Edad Media de que la unión sexual dentro del santo lazo del matrimonio
signifique suciedad o pecado (Hebreos 13:4))
Inocencio
III declara: “Eva fue formada sin la culpa, y engendró en la culpa; María
fue formada en la culpa y engendró sin la culpa” (Sermón Assumpt.)
Sixto
IV. Solicitado para decidir el litigio entre tomistas y scottistas, emitió un
decreto prohibiendo que se pronunciaran ni en favor ni en contra de la
inmaculada concepción de María." (Decret.
Pont. Publicado en el año 1488)
Origen
Pagano del culto a María
¿De
donde sacó la Iglesia Católica la idea de que doblan tributarse a María
hombres casi divinos? Si no fue del ejemplo y autoridad apostólica, debía ser
y fue únicamente del paganismo.
El
paganismo tenía sus diosas, que apelaban a tos sentimientos femeninos. Era
halagador para las matronas y doncellas grecorromanas poder decir a una de su
sexo:
”oh
hija de Saturno señora venerable
Que
moras el gran fuego en la llama eternal,
Los
dioses han puesto en ti morada estable,
Perenne
fundamento de la raza mortal”
(Los
himnos de Orfeo. Himno a Vesta. Taylor, las dos Babilonias)
Era costumbre muy arraigada entre las matronas
romanas dirigirse a Juno (Diana) llamándola “Romana Reina del Cielo”; las
vestales consagraban su virginidad a la diosa del fuego; y a la diosa Ceres se
le llevaban ofrendas simbólicas de trigo de los campos (Jeremías 44:17-19 y
25); pero el cristianismo no tenía diosas de ninguna clase porque como dice san
Pablo, en el reino de Dios “no hay varón ni hembra” Por esto los neófitos
medio convertidos del paganismo, hallaron en falta una persona femenina que
adorar: y existiendo entre los recuerdos venerabas de aquella breve Edad de Oro,
en que el cielo se comunicó con la
tierra, una grata memoria de aquella santa mujer que fue madre del Salvador, la
idolatría tan arraigada en sus corazones empezó a manifestarse tributando a
ella honores similares a los que hablan estado rindiendo a las diosas de su
religión pagana. Era la misma actitud, el mismo lenguaje y a veces, hasta los
mismos ídolos, a los que se cambiaba simplemente el nombre
Oposición al culto de María
Pero tal tendencia no pasó sin protestas peor parte
de tos grandes escritores cristianos de los primeros siglos.
Epifanio (año 403) arguye contra una herejía
llamada de los corilidianos; así llamados porque, echando de menos la práctica
idolátrica pagana que Jeremías denuncia (capitulo 7:18), empezaron a tributar
ese culto a la Virgen María, y dice: “Ella fue una virgen honrada por Dios:
pero no nos fue dada para ser adorada, sino que ella misma adoró a Aquel que
fue nacido de ella según la carne” Cita Juan 2:4, y añade: “Esto dijo Jesús
para que el pueblo entendiese que la Virgen era humana, y nada más. Porque si
Cristo no quiere que los ángeles sean adorados, menos quiere que se rinda culto
a esa que fue nacida de Ana... Dejad que María tenga honra y que solo Dios
Padre, Hijo y Espíritu Santo sea adorado. Que nadie de culto a María”
(Contra las Herejías, LXXIV)
Aunque a partir del tercer siglo hallamos que algunos
padres tienen palabras de elogio para ella, no se exceden generalmente de lo que
un Evangélico da nuestros días reconoce y diría de la bienaventurada de las
mujeres. San Ambrosio (año 370), que escribió numerosas expresiones de
reverencia para la Virgen, no tiene en sus numerosas obras una sola frase que ni
remotamente pueda sugerir una rogativa a ella.
La veneración cultual a la Virgen María no se
encuentra antes del año 699 Desde entonces muchas protestas fueron formuladas
por tal motivo por los mejores cristianos. Es interesante observar que ninguna
de las sectas evangélicas de la Edad Antigua y de la Edad Media anteriores a
Lutero (Montanistas, Novacianos, Donatistas, Valdenses, Hussistas, Anabaptistas,
etc.) transigieron nunca con el culto idolátrico a la Virgen María como
dejamos demostrado en el libro “El Cristianismo Evangélico o través de los
siglos” Todas declaraban que la bendita Virgen seria la primera en rechazar
tales honores.
Ciertamente, la verdadera Virgen María, la humilde
de doncella de Nazaret: la que recibió con dulzura, sin mostrarse jamás
ofendida, los aparentes reproches de su divino hijo: la que se llamaba a sí
misma “la criada del Señor", no podemos imaginarnos que aceptara
complacida la pomposa veneración de la que ha sido hecha objeto, de un modo tan
general dentro de la iglesia Católica Romana, ni que se sustituya el nombre de
Dios y el de su Divino Verbo por su humildísimo nombre de criatura humana.
Por esto, los cristianos evangélicos preferimos
seguir el ejemplo apostólico y el de los primeros cristianos, por más que la
práctica católica parezca más honorable para la bendita y santa madre del Señor:
pues comprendemos, por la sencillez y humildad con que aparece en los Santos
Evangelios, que ella seria la primera en rechazar ese culto fastuoso que se le
rinde, a pesar de todas las imaginarias historias de apariciones que se le
atribuyen, con las cuales se ha pretendido en vano demostrar lo contrario.
Dónde termina la Revelación
Una confesión extraordinaria y chocante, sin duda,
para muchos católicos es la que encontramos en la página 122 del ya citado opúsculo
Santa María, Madre de Dios, donde leemos:
”La Iglesia Católica no se ha pronunciado sobre la
naturaleza de los fenómenos de Lourdes, como ni sobre la de los similares de Fátima
en nuestro siglo. La canonización de Bernardo Soubiron mira sus virtudes
heroicas. La “aprobación” del culto de Lourdes y Fátima sólo nos dice que
nada hay en él contrario a la fe y moral cristianas, y que es provechoso a los
fieles. El católico solo cree lo revelado por Dios en lo única Revelación pública
y oficial que se cerró con la muerte del último apóstol, y como tal,
propuesto por Magisterio Eclesiástico”
No
podemos por menos que aplaudir al autor católico de este excelente párrafo:
pues esto creemos también los cristianos evangélicos: “que la única
revelación pública y oficial de Dios en Cristo se cerró con la muerte del apóstol
san Juan”, como parece demostrarlo el último capitulo del Apocalipsis, y
particularmente los versículos 18 y 19, enfatizando la condenación que recaerá
sobre el que añadiere o quitare a las palabras de Dios en la referida revelación.
Pero
el católico que cree a pies juntillas en la realidad de las apariciones de vírgenes
y santos, no podrá menos que sorprenderse de que sus propias autoridades
religiosas duden de ellas, y solamente “aprueben” el culto, pero sin
definirse acerca de si hubo verdadera revelación sobrenatural o no.
¿Apariciones
o sugestiones mentales?
Esta
duda queda aún más patentemente demostrada en el párrafo siguiente. donde el
mismo autor y opositor nuestro continúa diciendo:
”podemos
dar 1a interpretación que queramos a las mismas apariciones. Serán,
posiblemente, representaciones mentales de los videntes. Pero las condiciones de
impreparación subjetiva en que se produjeron, muestran una iniciativa no
reducible o estados psicológicos, aunque luego el fenómeno se desarrolle —¿cómo
iba a ser?— según leyes de la psicología humana. Dios está allí: por
encima de todo queda flotando ineludible la intervención providencial
atestiguada por el sello del milagro físico o moral”
Esto
significa que, según el autor católico, las supuestas apariciones de la Virgen
en Lourdes y Fátima pueden ser simples ilusiones subjetivas de la mente de los
protagonistas, permitidas por Dios para dar lugar a las consiguientes
manifestaciones de devoción religiosa. En tal caso. ¿qué valor tienen las
palabras y mensajes de la Virgen y de los santos que los “videntes” suponen
haber recibido?
¿Para
qué llevan tantos católicos el escapulario de la Virgen del Carmen, para ser
librados del purgatorio el sábado siguiente después de su muerte, si lo que
vio María del Monte Carmelo no fue realmente la Virgen sino una representación
mental suya? Bien sabemos que las representaciones mentales, ya sea en vigilia o
en sueños, suelen expresarse según la propia mente y pensamientos del sujeto
que concibe la visión. Es pues, de comprender que María de Alacoque,
impresionada por la idea obsesionante —sobre todo en aquellos tiempos— de
los sufrimientos del purgatorio, concibiera la visión y el mensaje del
escapulario: y que preocupada por los comentarios de su día acerca de Rusia,
concibiera la niña Lucia o 1e fuera sugerido por otros el mensaje de Fátima.
En
cuando a los milagros físicos y morales que se dicen realizados en tales
santuarios, remitimos al lector a lo que dejamos dicho al final del capitulo
anterior, repitiendo que los tales milagros no son monopolio exclusivo del
catolicismo, sino que pueden observarse también entre los cristianos más
allegados a la Sagrada Escritura; los que hacen mas énfasis ea la conversión y
en la relación personal del alma con Dios que en las ceremonias externas. Con
la sola diferencia de que las respuestas a la oración de fe que tienen lugar
entre los cristianos evangélicos suelen realizarse con menos aparato de
propaganda exterior."
Todo
ello nos afirma en repetir lo que declamas en nuestra anterior edición: Que
entre la virgen de imaginaciones histéricas, y la humilde sencilla y obediente
doncella de Nazaret, compañera -y jamás señora- de los apóstoles y primeros
discípulos de Jerusalén, nos volvemos a ésta y no a aquella.
(“A
las Fuentes del Cristianismo” Págs. 99-112, Edición Actualizada. Samuel
Vila. Ed. CLIE. Terrassa, España, Noviembre de 1976)
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