
"...Que todo apóstol, cuando venga a vosotros, sea recibido como el Señor; pero no se quedará más de un solo día, o, sí es necesario, un segundo día; pero si se queda tres días, es un profeta falso. Y cuando se marche, que el apóstol no reciba otra cosa que pan, hasta que halle cobijo; pero si pide dinero, es un falso profeta..." (La Didaké o Doctrina de los Apóstoles 11)
"Pero que todo el que venga en el nombre del Señor sea recibido (...) Si el que viene es un viajero, ayudadle en cuanto os sea posible; pero no se quedará con vosotros más de dos o tres días, si es necesario. Pero si quiere establecerse entre vosotros, si tiene un oficio, que trabaje y coma su pan. Pero si no tiene oficio, según vuestra sabiduría proveed de que viva como un cristiano entre vosotros, pero no en la ociosidad. Si no hace esto, es que está traficando con respecto a Cristo. Guardaos de estos hombres." (La Didaké o Doctrina de los Apóstoles 12)
"Pero ellos (los herejes), y a mi juicio con toda razón, no quieren enseñar abiertamente a todos, sino sólo a quienes pueden pagar bien por tales misterios. Pues estas cosas no se parecen a aquéllas de las que dijo el Señor: «Dad gratis lo que gratis habéis recibido» (Mt 10,8); porque estos son misterios abstrusos, portentosos y profundos elaborados con gran trabajo para aquellos a quienes les encanta ser engañados." (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro I, 4:3)
"De modo semejante a quienes se someten a Mammón los llama «esclavos
de Mammón» pero no llama Dios a Mammón. Mammón, en la lengua judía que
también usan los samaritanos, quiere decir «ávido», es decir «aquel que
ansía tener más de lo que conviene». En la lengua hebrea se dice
Mamuel, que significa goloso, es decir, «el que no puede contener la
gula». Sea uno u otro su significado, no podemos servir a Dios y a
Mammón" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro III, 6:1).
"Por eso los que entre ellos ya son «perfectos», sin vergüenza alguna hacen lo que quieren, aun todas las acciones prohibidas, de las cuales la Escritura afirma: «Quienes tales cosas hacen no heredarán el Reino de Dios» (Gal. 5,21). Comen, si se les antoja, la carne inmolada a los dioses, pues imaginan que nada puede dañarlos. En todas las fiestas paganas, si les viene en gana, son los primeros en gozar de las fiestas a los ídolos, de modo que no se abstienen ni siquiera de los espectáculos que son una indignidad ante Dios y ante los seres humanos, como las luchas homicidas de los gladiadores entre sí o con las fieras. Algunos de ellos sin freno alguno sirven a los placeres de la carne, excusándose en que los carnales entregan lo que en ellos hay de carnal a los carnales, y los espirituales lo espiritual a los espirituales. Otros de entre ellos en oculto han corrompido a mujeres a quienes enseñan esta doctrina: muchas de estas mujeres a quienes ellos han logrado convencer, lo han confesado junto con otros errores una vez que se han convertido a la Iglesia. Otros de ellos abiertamente y en forma descarada, cuando se apasionan por una mujer, la separan de su esposo para casarse con ella. Otros más, mostrando al principio mucha seriedad, han hecho creer que cohabitaban con ella como hermano y hermana, hasta que pasando el tiempo ha aparecido que la hermana estaba preñada del que se decía su hermano." (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro I, 6:3)
"Yo no creo que de hecho se cometan entre ellos todo tipo de acciones irreligiosas, injustas y prohibidas. Sin embargo, así se encuentra estampado en sus escritos y así lo predican, diciendo que Jesús habría enseñado a sus discípulos cosas secretas, y les habría pedido que se las transmitieran sólo a los que fuesen dignos y estuvieran abiertos a acogerlas. Porque nos salvamos sólo por la fe y el Amor; todo el resto es indiferente, pues que unas cosas sean buenas y otras se llamen malas, es asunto de opinión humana, ya que nada es malo por naturaleza" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro I, 25:5)
"Los nicolaítas tienen como maestro a un cierto Nicolás, uno de los primeros siete diáconos ordenados por los Apóstoles (Hech 6,5-6). Estos viven laxamente. El Apocalipsis de Juan expone ampliamente quiénes son. Enseñan que no hay dificultad alguna en fornicar y en el comer las carnes ofrecidas a los dioses (Ap 2,14-15). Por eso dice de ellos la Palabra: «Tienes en tu favor haber odiado las acciones de los nicolaítas que yo también odio» (Ap 2,6). (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro I, 26:3)
Volver al índice de doctrinas"Esta es su teoría, que ni los profetas anunciaron, ni el Señor
enseñó, ni los Apóstoles transmitieron. Y, sin embargo, ellos se
glorían de haber recibido de estas cosas un conocimiento más elevado
que todas las demás personas. Todo el tiempo citan textos que no se
hallan en las Escrituras y, como se dice, fabrican lazos con arena. Y
no les preocupa acomodar a sus doctrinas, de una manera confiable, sea
las parábolas del Señor, sea los dichos de los profetas, sea la
predicación de los Apóstoles. Lo único que tratan de hacer es que sus
creaciones no parezcan carecer de pruebas (Cómo me hacen pensar en
ciertos "movimientos" y "unciones" de hoy en día) Por eso enredan el
orden y el texto de las Escrituras, y en cuanto pueden separan los
miembros (del cuerpo) de la verdad. Transponen y transforman todo y,
mezclando una cosa con otra, seducen a muchos mediante la fantasiosa
composición que fabrican a partir de las palabras del Señor." (Ireneo
de Lión, Contra las Herejías, Libro I, 8:1)
"Ve, mi hermano, los trucos de que se valen para enloquecerse a sí
mismos, forzando las Escrituras para tratar de sostener con ellas sus
propias creaciones. (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro I, 9:1)
"En consecuencia, la única fe no falseada y verdadera es la nuestra,
pues halla toda su clara exposición en las Escrituras que fueron
traducidas de la manera que hemos descrito (Está hablando de la
Septuaginta), y que la Iglesia predica sin alterar nada. En efecto, los
Apóstoles, siendo más antiguos que cualquiera de ellos, están de
acuerdo con esta versión, y a su vez esta versión está de acuerdo con
la Tradición apostólica. Pues Pedro, Juan, Mateo, Pablo y los demás,
así como sus discípulos, predicaron con los textos contenidos en la
traducción de los antiguos" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro
III, 21:3)
"No os dejéis seducir por doctrinas extrañas ni por fábulas
anticuadas que son sin provecho. Porque si incluso en el día de hoy
vivimos según la manera del Judaísmo, confesamos que no hemos recibido
la gracia; porque los profetas divinos vivían según Cristo Jesús"
(Ignacio de Antioquia, Carta a los Magnesios 8)
"Es absurdo hablar de Jesucristo y al mismo tiempo practicar el
Judaísmo. Porque el Cristianismo no creyó (se unió) en el Judaísmo,
sino el Judaísmo en el Cristianismo, en el cual toda lengua que creyó
fue reunida a Dios" (Ignacio de Antioquia, Carta a los Magnesios 10)
"Pero si alguno propone el Judaísmo entre vosotros no le escuchéis,
porque es mejor escuchar el Cristianismo de uno que es circuncidado (de
un judío creyente en Jesús, como era el caso) que escuchar el Judaísmo
de uno que es incircunciso (de un gentil judaizante). Pero si tanto el
uno como el otro no os hablan de Jesucristo, yo los tengo como lápidas
de cementerio y tumbas de muertos, en las cuales están escritos sólo
los nombres de los hombres" (Ignacio de Antioquia, Carta a los
Filadelfianos 6)
"Los que se llaman Ebionitas confiesan que el mundo fue hecho por Dios,
pero respecto al Señor enseñan los mismos mitos que Cerinto y
Carpócrates. Usan sólo el Evangelio según Mateo, y rechazan al Apóstol
Pablo pues lo llaman apóstata de la Ley. Exponen con minucia las
profecías; y se circuncidan y perseveran en las costumbres según la Ley
y en el modo de vivir judío, de modo que adoran a Jerusalén como si
fuese la casa de Dios. (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro I,
26:2)
"Los Ebionitas usan sólo el Evangelio de Mateo, mas el mismo les prueba
que ellos presumen de una falsa opinión acerca del Señor" (Ireneo de
Lión, Contra las Herejías, Libro III, 11:7)
"Luego los Apóstoles anunciaban a los gentiles al Hijo de Dios a
quien ellos ignoraban, y su venida a quienes ya antes habían sido
educados acerca de Dios. Pero no introducían a otro Dios. Pues si Pedro
hubiese conocido a otro, libremente habría predicado a los gentiles:
«Uno es el Dios de los judíos, y otro el de los cristianos»; y ellos,
espantados por la visión del ángel, habrían creído todo cuanto se les
dijese. Mas por las palabras de Pedro es evidente que conservó el mismo
Dios que ellos habían conocido de antemano; pero dio testimonio ante
ellos de Jesucristo Hijo de Dios, juez de vivos y muertos, en cuyo
nombre mandó bautizarlos para el perdón de los pecados (Hech
10,42-43.48). Y no sólo esto, sino que además dio testimonio de que
Jesús mismo es Hijo de Dios, ungido por el Espíritu Santo, y por eso se
le llama Cristo. Es el mismo que nació de María, como lo supone el
testimonio de Pedro" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro III,
12:7)
"Además, quienes dicen que era un simple hombre engendrado por José
(Algunos Judaizantes -Ebionitas- negaban la Divinidad del Señor),
perseverando en la servidumbre de la antigua desobediencia mueren, por
no mezclarse con el Verbo de Dios Padre, ni participar de la libertad
del Hijo, como él mismo dice: «Si el Hijo os libera, seréis libres en
verdad» (Jn 8,36). Desconociendo al Emmanuel nacido de la Virgen (Is
7,14) se privan de su don, que es la vida eterna (Jn 4,10.14); no
recibiendo al Verbo de la incorrupción, permanecen en la muerte carnal;
y son deudores de la muerte, no recibiendo el antídoto de la vida. A
ellos les dice el Verbo, exponiéndoles el don de su gracia: «Yo dije:
todos sois dioses e hijos del Altísimo; pero como hombres moriréis»
(Sal 82[81],6-7). Esto dijo a quienes no recibían el don de la
filiación adoptiva, sino menospreciando la encarnación por la
concepción pura del Verbo de Dios, privan al hombre de su elevación
hacia Dios, y así desagradecen al Verbo de Dios hecho carne por ellos.
Para eso se hizo el Verbo hombre, y el Hijo de Dios Hijo del Hombre,
para que el hombre mezclándose con el Verbo y recibiendo la filiación
adoptiva, se hiciese hijo de Dios. Porque no había otro modo como
pudiéramos participar de la incorrupción y de la inmortalidad, a menos
de unirnos a la incorrupción y a la inmortalidad. ¿Pero cómo podíamos
unirnos a la incorrupción y a la inmortalidad, si primero la
incorrupción y la inmortalidad no se hacía cuanto somos nosotros, «para
que se absorbiese» lo corruptible en la incorrupción y «lo mortal» en
la inmortalidad (1 Cor 15,53-54; 2 Cor 5,4) «para que recibiésemos la
filiación adoptiva» (Gal. 4,5)?" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías,
Libro III, 19:1)
"También (Dios) juzgará a los Ebionitas. ¿Cómo podrán salvarse si no es
Dios aquel que llevó a cabo su salvación sobre la tierra? (puesto que
negaban estos judaizantes la Divinidad del Señor) ¿Y cómo el ser humano
se acercará a Dios, si Dios no se ha acercado al hombre?" (Ireneo de
Lión, Contra las Herejías, Libro IV, 33:4)
"También están locos los Ebionitas cuando rechazan la unión de Dios y
del hombre, porque no lo reciben por la fe en su alma. Perseveran en el
viejo fermento de su viejo origen, y no quieren comprender que el
Espíritu Santo descendió sobre María, y el poder del Altísimo la
cubrió. Por eso el que fue engendrado es santo e Hijo de Dios Altísimo,
Padre de todas las cosas, el cual, llevando a cabo la encarnación,
reveló un nuevo nacimiento. Pues así como por el viejo nacimiento
heredamos la muerte, así por este nacimiento heredamos la vida" (Ireneo
de Lión, Contra las Herejías)
"Por lo tanto la Iglesia engendra un gran número de frutos, es decir,
de salvados, porque ya no es un intercesor -Moisés- ni un mensajero
-Elías- quienes nos salvan sino el Señor en persona, que da más hijos a
la Iglesia que a la Sinagoga del pasado, como predijo Isaías con estos
términos: Regocíjate, estéril, que no dabas a luz -y estéril es la
Iglesia que antes no había dado hijo alguno a Dios- grita y dama, tú
que no has tenido los dolores porque los hijos de la abandonada son más
numerosos que los hijos de la que tenía marido (Is 54,1; Ga 4,27). Y la
antigua Sinagoga tenía por marido la Ley" (Ireneo de Lión, Demostración
de la Predicación Apostólica, 94)
"Ahora bien, dado que por esta llamada se nos ha dado la vida y Dios ha
restaurado en nosotros la fe de Abrahán en Él, no debemos volver atrás,
es decir, a la antigua Ley. Porque hemos acogido al Señor de la ley, el
Hijo de Dios, y por medio de la fe en Él aprendemos a amar a Dios con
todo el corazón y al prójimo como a nosotros mismos. Pues el amor a
Dios excluye todo pecado y el amor al prójimo no causa mal a nadie"
(Ireneo de Lión, Demostración de la Predicación Apostólica, 95)
"Por lo tanto no necesitamos de la ley como pedagogo; he aquí que
nosotros hablamos con el Padre y estamos en su presencia convertidos en
niños sin malicia y afincados en la justicia y honestidad. La Ley, en
efecto, no afirmará más: no cometer adulterio a aquel que ni siquiera
ha deseado la mujer de otro; o no matar a aquel que ha erradicado de sí
la ira y la enemistad; o no desear el campo de tu vecino, su buey o su
asno a los que no tienen ambición por las cosas terrenas sino que
acopian provisiones para el cielo; ni siquiera ojo por ojo, diente por
diente a quien no tiene enemigos y a todos trata como prójimo y por eso
no levanta la mano para vengarse; no exigirá los diezmos de quien ha
consagrado a Dios todos sus bienes y ha dejado padre, madre y toda su
familia para seguir al Verbo de Dios. Ya no mandará guardar un día de
descanso al que todos los días observa el sábado, es decir, al que
rinde culto a Dios en el templo de Dios que es el cuerpo del hombre y
practica siempre la justicia" (Ireneo de Lión, Demostración de la
Predicación Apostólica, 96)
"Sed sordos, pues, cuando alguno os hable aparte de Jesucristo, que
era de la raza de David, que era el Hijo de María, que verdaderamente
nació y comió y bebió y fue ciertamente perseguido bajo Poncio Pilato,
fue verdaderamente crucificado y murió a la vista de los que hay en el
cielo y los que hay en la tierra y los que hay debajo de la tierra; el
cual, además, verdaderamente resucitó de los muertos, habiéndolo
resucitado su Padre, el cual, de la misma manera nos levantará a
nosotros los que hemos creído en El —su Padre, digo, nos resucitará—,
en Cristo Jesús, aparte del cual no tenemos verdadera vida" (Ignacio de
Antioquia, Carta a los Trallianos 9)
"La Iglesia, extendida por el orbe del universo hasta los confines de
la tierra, recibió de los Apóstoles y de sus discípulos la fe en un
solo Dios Padre Soberano universal «que hizo los cielos y la tierra y
el mar y todo cuanto hay en ellos» (Ex 20,11; Sal 145,6; Hech 4,24;
14,15), y en un solo Jesucristo Hijo de Dios, encarnado por nuestra
salvación (Jn 1,14), y en el Espíritu Santo, que por los profetas
proclamó las Economías y el advenimiento, la generación por medio de la
Virgen, la pasión y la resurrección de entre los muertos y la asunción
a los cielos (Lc 9,51) del amado (Ef 1,6) Jesucristo nuestro Señor; y
su advenimiento de los cielos en la gloria del Padre (Mt 16,27) para
recapitular todas las cosas (Ef 1,10) y para resucitar toda carne del
género humano; de modo que ante Jesucristo nuestro Señor y Dios y
Salvador y rey, según el beneplácito (Ef 1,9) del Padre invisible (Col
1,15) «toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra y en los
infiernos, y toda lengua lo confiese» (Fil 2,10-11). El juzgará a todos
justamente (Rom 2,5), los «espíritus del mal» (Ef 6,12) y los ángeles
que cayeron y a los hombres apóstatas, impíos, injustos y blasfemos,
para enviarlos al fuego eterno (Mt 18,8; 25,41), y para dar como premio
a los justos y santos (Tit 1,8) que observan sus mandatos (Jn 14, 15) y
perseveran en su amor (Jn 15,10), unos desde el principio (Jn 15,27),
otros desde el momento de su conversión, para la vida incorruptible, y
rodearlos de la luz eterna (2 Tim 2,10; 1 Pe 5,10)." (Ireneo de Lión,
Contra las Herejías, Libro I, 10:1)
"Por nuestra parte conservemos la Regla de la Verdad, que se resume
en lo siguiente: Hay un solo Dios Soberano universal que creó todas las
cosas por medio de su Verbo, que ha organizado y hecho de la nada todas
las cosas para que existan (2 Mac 7,28; Sab 1,14) (127), como dice la
Escritura: «Por la Palabra del Señor se afirmaron los cielos y sus
estrellas con el Espíritu de su boca» (Sal 33[32],6); y también: «Todo
fue hecho por él, y sin él nada ha sido hecho» (Jn 1,3). Nada de lo que
existe se exceptúa, sino que el Padre ha hecho todas las cosas por sí
mismo, las visibles y las invisibles (Col 1,16), las sensibles y las
inteligibles, las temporales en vista de una Economía y las sempiternas
y eternas (2 Cor 4,18) (128). No las hizo por medio de Angeles o de
Potestades separadas de su voluntad; pues el Dios de todas las cosas no
necesita de ellos; sino que hizo todas las cosas por medio de su Verbo
y de su Espíritu, las ordena, gobierna y da el ser a todas. El ha hecho
el mundo, pues el mundo es parte del universo; él plasmó al hombre (Gén
2,7). Este mismo es el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob (Mt 22,29;
Ex 3,6), sobre el cual no hay ningún otro Dios, ni Principio, ni
Potestad ni Pléroma. El mismo es el Padre de nuestro Señor Jesucristo
(Ef 1,3), como adelante probaremos" (Ireneo de Lión, Contra las
Herejías, Libro I, 22:1)
"Todas las Escrituras, los profetas y el Evangelio, predican
abiertamente y sin ambigüedades -a quienes puedan escuchar, aunque no
todos crean-, que existe un solo y único Dios, el cual, excluyendo a
cualquier otro Dios, por medio de su Verbo hizo todas las cosas,
visibles e invisibles, del cielo y de la tierra, peces del mar y
animales de la tierra, como hemos probado usando las mismas expresiones
de las Escrituras. Toda la creación de la que formamos parte da
testimonio, por medio de las cosas que extiende ante nuestros ojos, de
que uno solo es el que las hizo y gobierna. Siendo así, se mostrarán
necios quienes se ciegan ante una manifestación tan clara y se rehúsan
a ver la luz de la predicación; sino que se encarcelan a sí mismos, de
modo que mediante explicaciones tenebrosas de las parábolas, cada uno
de ellos piensa haber encontrado a su propio Dios" (Ireneo de Lión,
Contra las Herejías, Libro II, 27:2)
"... los cuales con cuidado guardan la vieja Tradición, creyendo en
un solo Dios Creador del cielo y de la tierra y de todo cuanto se
encuentra en ellos (Ex 20,11; Sal 145,6; Hech 4,24; 14,15), y en
Jesucristo su Hijo, el cual, movido por su eminentísimo amor por la
obra que fabricó (Ef 3,19), se sometió a ser concebido de una virgen,
uniendo en sí mismo al hombre y a Dios. Sufrió bajo Poncio Pilato,
resucitó y fue recibido en la luz (1 Tim 3,16). De nuevo vendrá en la
gloria (Mt 16,27; 24,30; 25,31) como Salvador de todos los que se
salvan y como Juez de los que son juzgados, para enviar al fuego eterno
(Mt 25,41) a quienes desfiguran su verdad y desprecian a su Padre y su
venida" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro III, 4:2)
"...al profeta que hable en el Espíritu no lo probaréis ni lo discerniréis; porque todo pecado será perdonado, pero este pecado no será perdonado. No obstante, no todo el que habla en el Espíritu es un profeta, sino sólo el que tiene los caminos del Señor. Por sus caminos, pues, será reconocido el profeta falso y el profeta..." (La Didaké o Doctrina de los Apóstoles 11)
"...Y todo profeta que enseñe la verdad, si no hace lo que enseña,
es un falso profeta..." (La Didaké o Doctrina de los Apóstoles 11)
"Parecería tener por cómplice a un demonio, por cuya obra causa la
impresión de profetizar, y también hace profetizar a aquellas mujeres a
quienes juzga dignas de participar de su Gracia. Porque sobre todo anda
detrás de mujeres, sobre todo a las más nobles, mejor vestidas y ricas,
a las cuales trata de seducir con discursos orgullosos como éste:
«Quiero darte parte de mi Gracia, (...) He aquí que la Gracia ha
descendido sobre ti: abre tu boca y profetiza». En seguida la mujer
responde: «Nunca he profetizado ni sé profetizar». El entonces
pronuncia nuevas invocaciones para llenar de admiración a la pobre
engañada, diciéndole: «Abre tu boca y habla cualquier cosa, y
profetizarás». Ella entonces, envanecida por lo que se le ha dicho,
siente calentarse su alma con el sueño de que está por profetizar; su
corazón se pone a palpitar fuertemente, se atreve a hablar cosas
delirantes y cualquier cosa que le viene, sin sentido pero con osadía,
pues siente arder en ella el espíritu. Alguien superior a nosotros ha
dicho acerca de estas profetisas que el alma encendida de viento vano,
se torna audaz e irreverente. Ella entonces se siente profetisa,
agradece a Marcos (Marcos es un falso cristiano) porque le ha
comunicado su Gracia; y en agradecimiento no sólo le da una pingüe
parte de sus riquezas, de donde él amontona una buena cantidad de
dinero; sino que también le entrega su cuerpo deseando estar unida
íntimamente con él" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro I, 13:3)
"porque saben que los seres humanos no reciben de Marcos (Marcos es
un falso cristiano) el don de la profecía, sino que Dios concede esta
gracia desde lo alto a quienes él quiere; y quienes reciben de Dios
este don, hablan donde y cuando Dios quiere, no cuando Marcos ordena.
Aquel que manda es más grande y soberano que quien le está subordinado;
pues lo primero es propio de quien tiene el gobierno, y lo segundo del
que le está sujeto. Por eso, si Marco o algún otro da órdenes (como esa
gente suele hacerlo en sus fiestas, jugando a los videntes y mandándose
unos a otros profetizar y anunciando unos a otros profecías que
satisfagan sus caprichos), entonces ese tal, siendo sólo un hombre será
el que manda, y así se sentirá mayor y soberano del Espíritu profético,
lo que es imposible. Pero los espíritus a los que ellos ordenan hablar
cuando ellos quieren, son frágiles y débiles, atrevidos e irreverentes,
a los cuales Satanás envía para seducir y llevar a la perdición a
aquellos que no tienen firme la fe, ni conservan la que desde el
principio han recibido de la Iglesia. (Ireneo de Lión, Contra las
Herejías, Libro I, 13:4)
"Por eso sus discípulos verdaderos en su nombre hacen tantas obras
en favor de los seres humanos, según la gracia que de él han recibido.
Unos real y verdaderamente expulsan a los demonios, de modo que los
mismos librados de los malos espíritus aceptan la fe y entran en la
Iglesia; otros conocen lo que ha de pasar, y reciben visiones y
palabras proféticas; otros curan las enfermedades por la imposición de
las manos y devuelven la salud; y, como arriba hemos dicho, algunos
muertos han resucitado y vivido entre nosotros por varios años (...) Y
no lo hacen para seducir a nadie ni para ganar dinero, pues, así como
ella (la iglesia) lo ha recibido gratis de Dios, así también gratis lo
distribuye (Mt 10,8). Y no lo hace por invocación de los ángeles, ni
por medio de encantamientos, ni por otros poderes malvados u otro tipo
de acciones mágicas; sino que de modo limpio, puro y abierto, elevando
su oración al Dios que creó todas las cosas e invocando el nombre de
nuestro Señor Jesucristo, hace todos estas obras maravillosas no para
seducir a nadie sino para el bien de los seres humanos. Pues si hasta
hoy el nombre de nuestro Señor Jesucristo hace tantos beneficios y cura
de modo seguro y verdadero a todos los que creen en él" (Ireneo de
Lión, Contra las Herejías, Libro II, 32:4-5)
"Son en verdad infelices, pues al elegir ser pseudoprofetas,
rechazan la gracia de la profecía en la Iglesia. Se parecen a aquellos
que, para evitar mezclarse con los hipócritas que vienen a la Iglesia,
se abstienen también de la comunión con los hermanos. Se da por
supuesto que gente de esta calaña tampoco aceptan al apóstol Pablo;
pues en la Carta a los Corintios escribió con precisión acerca de los
carismas proféticos, y reconoció que hay en la Iglesia hombres y
mujeres que profetizan (1 Cor 12,28ss y 14,1ss). Por este motivo,
pecando contra el Espíritu de Dios, caen en un pecado sin perdón (Mt
12,31-32; Mc 3,29; Lc 12,10)" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías,
Libro III, 11:9)
"También juzgará (Dios) a los pseudoprofetas, los cuales, no
temiendo a Dios ni aceptando de Dios el don de la profecía, fingen
profetizar, mintiendo contra Dios, o por vanagloria, o por interés de
ganancias, o por influjo del mal espíritu" (Ireneo de Lión, Contra las
Herejías, Libro IV, 33:6)
"También nosotros hemos oído a muchos hermanos en la Iglesia, que
tienen el don de la profecía, y que hablan en todas las lenguas por el
Espíritu, haciendo público lo que está escondido en los hombres y
manifestando los misterios de Dios, a quienes el Apóstol llama
espirituales (1 Cor 2,15): éstos son espirituales, porque participan
del Espíritu" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro V, 6:1)
"Otros (Habla de herejes) piensan que no tiene sentido llevar al
bautizando al agua. Prefieren mezclar aceite con agua, y pronunciando
palabras semejantes a las que hemos dicho arriba, les mojan la cabeza
para, según dicen, consagrarlos para la redención. (Reflexionen los
católico-romanos sobre este texto)" (Ireneo de Lión, Contra las
Herejías, Libro I, 21:4)
"En primer lugar la fe nos invita insistentemente a rememorar que hemos
recibido el bautismo para el perdón de los pecados en el nombre de Dios
Padre y en el nombre de Jesucristo, Hijo de Dios encarnado, muerto y
resucitado, y en el Espíritu Santo de Dios; que el bautismo es el sello
de la vida eterna, el nuevo nacimiento de Dios, de tal modo que no
seamos ya más hijos de los hombres mortales, sino de Dios" (Ireneo de
Lión, Epideixis 3)
"Con respecto al bautismo, os bautizaréis. Habiendo primero repetido
todas estas cosas, os bautizaréis en el nombre del Padre y del Hijo y
del Espíritu Santo en agua viva (corriente). Pero si no tienes agua
corriente, entonces bautízate en otra agua; y si no puedes en agua
fría, entonces hazlo en agua caliente. Pero si no tienes ni una ni
otra, entonces derrama agua sobre la cabeza tres veces en el nombre del
Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Pero, antes del bautismo, que el
que bautiza y el que es bautizado ayunen, y todos los demás que puedan;
y ordenarás a aquel que es bautizado que ayune un día o dos antes" (La
Didaké o Doctrina de los Apóstoles, 7)
"Y que nadie entre vosotros diga que esta carne no va a ser juzgada
ni se levanta otra vez. Entended esto: ¿En qué fuisteis salvados? ¿En
qué recobrasteis la vista si no fue en esta carne? Por tanto hemos de
guardar la carne como un templo de Dios; porque de la misma manera que
fuisteis llamados en la carne, seréis llamados también en la carne. Si
Cristo el Señor que nos salvó, siendo primero espíritu, luego se hizo
carne, y en ella nos llamó, de la misma manera también nosotros
recibiremos nuestra recompensa en esta carne" (Segunda de Clemente, Una
Antigua Homilía, 9)
"Llenos de orgullo sin razón, os atrevéis a decir que conocéis los
inefables misterios de Dios, cuando el mismo Señor, siendo Hijo de
Dios, declaró no saber ni el día ni la hora del juicio, sino sólo Dios,
cuando dijo: «Acerca de aquel día y hora nadie los conoce, ni el Hijo,
sino sólo el Padre» (Mt 24,36). Por lo tanto, si el Hijo no tuvo
empacho de atribuir sólo al Padre el conocimiento de aquel día, y habló
con verdad, tampoco nosotros debemos avergonzarnos de reservar a Dios
aquellas cuestiones que nos superan: en efecto, nadie está sobre su
maestro (Mt 10,24)" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro II,
28:6)
"El Señor dijo claramente que el fuego está preparado para los
transgresores, y lo enseña el resto de las Escrituras, así como también
enseñan que Dios todo lo sabe de antemano, y por eso desde el principio
preparó este fuego eterno para quienes habrían de hacerse
transgresores. Pero ni la Escritura ni el Apóstol ni el Señor enseñaron
el motivo preciso por el cual esos seres fueron transgresores. Por eso
debemos dejar a la ciencia de Dios muchas de estas cuestiones, como el
Señor le dejó el día y la hora (Mt 24,36). Correríamos el más grande
peligro si a Dios nada le dejamos, aunque hemos recibido de él sólo en
parte esta gracia, cuando investigamos las cosas que nos superan y que
por ahora no nos es posible descubrir" (Ireneo de Lión, Contra las
Herejías, Libro II, 28:7)
"Y ésta es nuestra fe: que también a nuestros cuerpos mortales que
observen la justicia Dios los resucitará y hará incorruptos e
inmortales. Porque Dios es más poderoso que la naturaleza: está en sus
manos el querer porque es bueno, el poder porque es poderoso, y el
realizarlo porque es rico y perfecto" (Ireneo de Lión, Contra las
Herejías, Libro II, 29:2)
"De modo muy completo el Señor enseñó que no se conservan las almas
pasando de cuerpo en cuerpo; sino también que ellas conservan la
personalidad del cuerpo para el cual fueron hechas, y se acuerdan de
las obras que acá realizaron o dejaron de realizar. Cuando relata lo
que está escrito acerca del rico y de Lázaro que descansaba en el seno
de Abraham (Lc 16,19-31), dice que el rico, después de la muerte,
reconoció a Lázaro y a Abraham y recordó el puesto que cada uno de
ellos había tenido, y le rogó que enviara en su auxilio a Lázaro, al
que no había querido hacer participar de su mesa; y luego la respuesta
de Abraham, que no sólo sabía lo que él era, sino también el rico; y
que más les servía escuchar a Moisés y a los profetas que recibir el
anuncio de algún resucitado de la muerte, a aquellos que no quisieran
llegar a aquel lugar de castigo. Con estas palabras claramente enseñó
que las almas siguen viviendo, no que pasan de cuerpo en cuerpo, y que
retienen su personalidad humana a tal punto que pueden ser reconocidas
y acordarse de lo que acá sucede" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías,
Libro II, 34:1)
"Esto mismo dirá el Señor en el Evangelio a quienes encuentre a su
izquierda: «Apartaos, malditos, al fuego eterno que mi Padre preparó
para el diablo y sus ángeles» (Mt 25,41). Con esto quiso dar a entender
que el fuego eterno no fue en un principio preparado para el ser
humano, sino para aquel que lo sedujo y lo arrastró al pecado; es
decir, para el «príncipe de la apostasía» (o sea de «la separación») y
para los ángeles que apostataron junto con él. Y justamente también
recibirán este castigo quienes, de modo semejante a ellos, perseveren
en las obras del mal, sin conversión y arrepentimiento" (Ireneo de
Lión, Contra las Herejías, Libro III, 23:3)
"El Padre sobrepasa en sabiduría a toda sabiduría angélica y humana;
porque es Señor, juez, justo y soberano sobre todas las cosas. Pero
también es misericordioso, bueno y paciente para salvar a quienes
conviene. No deja de ser bueno al ejercer la justicia, ni se disminuye
su sabiduría. Salva a quienes debe salvar, y juzga con justo juicio a
quienes son dignos. Ni se muestra inmisericorde al ser justo, porque lo
previene y precede su bondad. El Dios benigno «hace salir su sol sobre
todos y llueve sobre justos y pecadores» (Mt 5,45). Juzgará por igual a
cuantos recibieron su bondad, mas no se comportaron de manera semejante
según la dignidad del don recibido, sino que se entregaron a placeres y
pasiones carnales en contra de su benevolencia, muchas veces hasta
llegar a blasfemar contra aquel que los hizo objeto de tantos
beneficios" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro III, 25:34)
"A este Hijo el Padre ha revelado para manifestarse a sí mismo por
él, y para recibir en el eterno descanso a los justos que creen en él
(pues creer en él significa hacer su voluntad); mas a aquellos que no
creen y por eso huyen de la luz, justamente los recluirá en las
tinieblas que ellos mismos han elegido para sí. Así pues, el Padre se
ha revelado para todos, y para todos ha hecho visible a su Verbo: y al
mismo tiempo el Verbo ha mostrado a todos al Padre y al Hijo, cuando se
dejó ver de todos, y así es justo el juicio de Dios sobre todos los que
igualmente lo han visto pero no han creído igualmente" (Ireneo de Lión,
Contra las Herejías, Libro IV, 6:5)
"Dios siempre ha protegido, por una parte la libertad y decisión del
ser humano, y por otra su exhortación a él: por ello quienes no
obedecen son justamente juzgados por su desobediencia, y quienes
obedecen y creen reciben la corona incorruptible" (Ireneo de Lión,
Contra las Herejías, Libro IV, 15:2)
"Pues si alguno afirma que el templo de Dios, en el cual habita el
Espíritu del Padre, y los miembros de Cristo no participan de la
salvación, sino que están condenados a la perdición, ¿no dirá la más
grande blasfemia? Y porque nuestros cuerpos no resucitan en virtud de
su propia naturaleza, sino por la virtud de Dios, escribe a los
Corintios: «El cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor, y
el Señor para el cuerpo. Dios resucitó al Señor, y nos resucitará por
su poder» (1 Cor 6,13-14)" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro
V, 6:2)
"Y por eso, cuando al final de los siglos la Iglesia se levante,
«habrá una tribulación como no la ha habido desde el principio ni la
habrá» (Mt 24,21): pues en los últimos tiempos los justos deberán
luchar, y los vencedores recibirán la incorrupción como corona" (Ireneo
de Lión, Contra las Herejías, Libro V, 29:1)
"Por ello es preciso explicar acerca de este asunto, que, a la
aparición del Señor, los justos serán los primeros en recibir la
herencia que Dios prometió a los padres, despertando en una condición
renovada de su ser, y con él reinarán; el juicio universal vendrá en
seguida" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro V, 32:1)
"Esto es lo que recuerdan haber oído de Juan, el discípulo de Jesús,
los presbíteros que lo conocieron, acerca de cómo el Señor les había
instruido sobre aquellos tiempos: «Llegarán días en los cuales cada
viña tendrá diez mil cepas, cada cepa diez mil ramas, cada rama diez
mil racimos, cada racimo diez mil uvas, y cada uva exprimida producirá
25 medidas de vino. Y cuando uno de los santos corte un racimo, otro
racimo le gritará: ¡Yo soy mejor racimo, cómeme y bendice por mí al
Señor! De igual modo un grano de trigo producirá diez mil espigas, cada
espiga a su vez diez mil granos y cada grano cinco libras de harina
pura. Lo mismo sucederá con cada fruto, hierba y semilla, guardando
cada uno la misma proporción. Y todos los animales que coman los
alimentos de esta tierra, se harán mansos y vivirán en paz entre sí,
enteramente sujetos al hombre»" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías,
Libro V, 33:3)
"El anciano Papias, que también escuchó al apóstol Juan como
compañero de Policarpo, ofrece el testimonio siguiente en el cuarto de
sus cinco libros, añadiendo: «Cuantos tienen fe aceptarán lo anterior.
Y como Judas el traidor no creyese y le preguntase: ¿Cómo podrá el
Señor producir tales frutos?, el Señor le respondió: Lo verán quienes
irán a esa tierra»" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro V, 33:4)
"Todo esto se refiere sin duda a la resurrección de los justos, la
cual acaecerá después de la venida del Anticristo (...) Aquellos a
quienes el Señor, al venir de los cielos, encuentre esperándolo en la
carne tras haber sufrido la Gran Tribulación y haber escapado de las
manos del impío (El anticristo), son aquellos de los cuales dijo el
profeta..." (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro V, 35:1)
"Como enseñan los Presbíteros (discípulos de los apóstoles a los que
Ireneo conoció), quienes fueren dignos de morar en los cielos, entrarán
en ellos; otros gozarán de las delicias del paraíso; otros poseerán el
esplendor de la ciudad; pero en todas partes verán a Dios, según la
medida en que fueren dignos de contemplarlo. Habrá una diferencia en la
habitación de aquellos que hayan fructificado el ciento por uno, el
sesenta o el treinta (Mt 13,8): unos serán llevados al cielo, otros se
detendrán en el paraíso y los terceros habitarán la ciudad. Por eso
dijo el Señor que en la casa de su Padre hay muchas moradas (Jn 14,2).
Todo pertenece a Dios, quien prepara a cada cual su habitación
adecuada, como dijo su Verbo, que el Padre las distribuye a todos según
los méritos de cada uno. Este es el salón de fiesta en el cual tomarán
su lugar y se regocijarán todos los invitados a las bodas (Mt 22,1-14).
Los Presbíteros discípulos de los Apóstoles enseñan que este será el
orden y providencia para los que se salvan, así como cuáles son los
peldaños por los cuales se asciende: por el Espíritu subimos al Hijo y
por éste al Padre, y el Hijo al final entregará su obra al Padre, como
escribe el Apóstol: «El debe reinar, hasta que ponga a todos sus
enemigos bajo sus pies. La muerte será el último enemigo vencido» (1
Cor 15,25-26). En efecto, cuando llegue el Reino, el justo, viviendo
sobre la tierra, olvidará la muerte: «Habiendo dicho la Escritura que
todo le está sujeto, exceptúa a aquel que todo le ha sometido. Cuando
se le hayan sometido todas las cosas, también el Hijo se le someterá a
aquel que le ha sometido todo, para que Dios sea todo en todas las
cosas» (1 Cor 15,27-28)" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro V,
36:1-2)
"Los apóstoles, con la palabra de verdad, exhortaron a los gentiles
a guardar su cuerpo sin mancilla en orden a la resurrección y su alma
al abrigo de la corrupción" (Ireneo de Lión, Demostración de la
Predicación Apostólica 41)
"...porque en los últimos días se multiplicarán los falsos profetas
y los corruptores, y las ovejas se volverán lobos, y el amor se
cambiará en aborrecimiento. Porque cuando aumente la licencia y el
libertinaje, se aborrecerán los unos a los otros y se perseguirán y se
traicionarán. Y entonces el engañador del mundo aparecerá como hijo de
Dios; y hará portentos y señales, y la tierra será entregada a sus
manos; y hará cosas inmundas, que nunca se han visto en el mundo desde
que empezó. Entonces toda la humanidad creada será probada por fuego y
muchos serán escandalizados y perecerán; pero el que persista en su fe
será salvo por el que ha sido hecho maldición. Y entonces aparecerán
las señales de la verdad; primero la señal de un desgarro en el cielo,
luego la señal de la voz de una trompeta, y tercero la resurrección de
los muertos; con todo, no de todos, sino como fue dicho: El Señor
vendrá y todos sus santos con El. Entonces el mundo verá al Señor que
viene en las nubes del cielo" (La Didaké o Doctrina de los Apóstoles 15)
"Y dice también, hablando del Anticristo: «El enemigo que se exalta
sobre todo aquello a lo que se le denomina dios o se le rinde culto» (2
Tes 2,4), para indicar a los llamados dioses por los ignorantes, o sea
los ídolos. El Padre de todas las cosas es y se llama Dios. El
Anticristo no puede exaltarse sobre él, sino sólo sobre los llamados
dioses sin serlo" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro III, 6:5)
"También en la Segunda a los Tesalonicenses dice sobre el
Anticristo: «Entonces se manifestará el Inicuo, al que el Señor
Jesucristo matará con el aliento de su boca y destruirá con la
presencia de su venida, cuyo advenimiento será por obra de Satanás, con
toda suerte de poder, signos y portentos falsos» (2 Tes 2,8-9). He aquí
el orden de las palabras de este pasaje: «Entonces se manifestará el
Inicuo, cuyo advenimiento será por obra de Satanás, con toda suerte de
poder, signos y portentos falsos, a quien el Señor Jesucristo matará
con el aliento de su boca y destruirá con la venida de su presencia».
Porque no es la venida del Señor la que será por obra de Satanás, sino
el advenimiento del Inicuo, al que llamamos el Anticristo. Por lo tanto
hay que poner atención a la lectura, y mediante las comas en la
respiración dar sentido a lo que lee; si alguien no lo hace, no sólo
dirá incongruencias, sino que leerá blasfemias, como si la venida del
Señor fuese obra de Satanás" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías,
Libro III, 7:2)
"Y también dice en la segunda Carta a los Tesalonicenses, acerca del
Anticristo: «Por eso Dios les envió un Poder del engaño, para que crean
en la mentira y se condenen todos aquellos que no creyeron en la
verdad, sino que consintieron en la iniquidad» (2 Tes 2,11-12)" (Ireneo
de Lión, Contra las Herejías, Libro IV, 29:1)
"Y no sólo por lo que hemos dicho, sino también por lo que sucederá
bajo el poder del Anticristo, se prueba que el diablo, siendo apóstata
y ladrón, quiere ser adorado como Dios; y se quiere proclamar rey,
siendo un siervo. Porque él, recibiendo todo el poder del diablo,
vendrá no como rey justo o legítimo sujeto a Dios, sino como impío,
injusto y sin ley, como apóstata, inicuo y homicida, como un ladrón que
recapitulará en sí la apostasía del diablo. Derrocará a los ídolos para
persuadirnos de que él mismo es Dios, poniéndose a sí mismo como el
único ídolo, resumiendo en sí los distintos errores de los ídolos, a
fin de que, aquellos que adoran al diablo mediante muchas maldades, lo
sirvan a él en su único ídolo. De este es de quien afirma el Apóstol en
su segunda Carta a los Tesalonicenses: «Primero ha de venir la rebelión
y manifestarse el hombre de pecado, el hijo de la perdición, el enemigo
que se exalta a sí mismo sobre todo lo que llamamos Dios y es objeto de
culto, hasta sentarse en el templo de Dios, haciéndose pasar a sí mismo
por Dios» (2 Tes 2,3-4). El Apóstol claramente desenmascara su
apostasía y que se alzará contra todo lo divino y contra todo objeto de
culto, es decir sobre todos los ídolos -pues no son dioses, aunque así
los llamen los hombres-, y que él de manera tiránica se empeñará en
mostrarse como Dios" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro V,
25:1)
"Más claramente aún Juan, discípulo del Señor, escribió en el
Apocalipsis acerca de los últimos tiempos y de de los diez reyes que se
dividirán el reino que ahora impera. Cuando explica el significado de
los diez cuernos que Daniel vio, dice que esto le fue revelado: «Y los
diez cuernos que viste son diez reyes a los que aún no se les ha dado
el reino, sino que por una hora recibirán el poder junto con la bestia.
Estos tienen una sola idea en su mente, la de entregar a la bestia la
fuerza y el poder. Estos lucharán con el cordero, y éste los vencerá
porque es el Señor de los señores y Rey de los reyes» (Ap 17,12-14).
También se declara que aquel que viene matará a tres de ellos, los
otros le quedarán sometidos, y el mismo será el octavo de ellos. Y
devastarán Babilonia y la quemarán a fuego, le entregarán su reino a la
bestia y perseguirán la Iglesia. Una vez acaecidas estas cosas,
quedarán destruidos con la venida de nuestro Señor" (Ireneo de Lión,
Contra las Herejías, Libro V, 26:1)
"Por este motivo dice el Apóstol: «Como no acogieron el amor de Dios
para salvarse, por eso Dios les envió un Poder del error, a fin de que
sean juzgados cuantos no creyeron en la verdad, sino que se
complacieron en la iniquidad» (2 Tes 2,10-12). Una vez que venga (el
Anticristo) con sus planes recapitulará toda la apostasía en sí mismo,
realizará todo lo que haga por su propia voluntad y arbitrio, sentado
en el templo de Dios para que cuantos se dejen seducir por él lo adoren
como a Cristo (2 Tes 2,4). Por eso justamente serán arrojados al
estanque de fuego (Ap 19,20)" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías,
Libro V, 28:2)
"Si lo anterior es verdad, si este número se halla en todos los
manuscritos antiguos y autorizados, si dan testimonio de él todos
aquellos que vieron a Juan cara a cara, y si la razón nos enseña que la
cifra del nombre de la bestia según la computación de los griegos debe
tener las letras que se hallan en 666 (es decir igual número de
centenas, decenas y unidades) -pues el número seis conservado en cada
cifra parece recapitular toda la apostasía desde el principio, pasando
por los tiempos intermedios hasta los últimos-, no sé cómo erraron
algunos, con tal de seguir sus propias ideas, al cambiar el número
intermedio del nombre; pues restaron cincuenta al número original, y
pretendieron que fuese 10. Tal vez, imagino, fue error de amanuenses,
porque, como en griego se ponen letras en lugar de números, fácilmente
cambiaron la letra que significa 60, por la iota. Después otros
pudieron hacer lo mismo, sin confrontar con el original. Otros
simplemente asumieron ingenuamente el número 10. Incluso algunos, por
ignorancia, se atrevieron a investigar los nombres que llevaban ese
número falso. En mi opinión, Dios perdonará a todos los que por
simplicidad y sin malicia hicieron esto; en cambio, a quienes, buscando
una gloria vana, se decidieron por un nombre que lleva el número falso,
y por su propia autoridad definieron el nombre de aquel que ha de
venir, a éstos les irá mal, porque se sedujeron a sí mismos y a los
fieles. El primer daño que han causado es alejarse de la verdad,
juzgando como si fuese lo que no es; además, un castigo de la Escritura
no despreciable recaerá sobre tales hombres. Se añadirá otro peligro no
pequeño para quienes erróneamente presumen de conocer ese nombre: si
creen que es un nombre, y el que vendrá tiene otro, él podrá seducirlos
fácilmente, pues creerán que aún no se presenta aquél de quien deben
precaverse" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro V, 30:1)
"Jeremías habla no sólo de su venida imprevista (habla de la
manifestación del Anticristo), sino también de la tribu de la cual ha
de provenir: «Desde Dan se escucha el resoplar de sus caballos; toda la
tierra temblará ante el relincho de sus corceles. Vendrá a devorar el
país y todo cuanto hay en él: sus ciudades y sus habitantes» (Jer
8,16). Por este motivo el Apocalipsis no enumera dicha tribu entre las
que se han de salvar (Ap 7,5-8)" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías,
Libro V, 30:2)
"Más seguro y sin peligro es esperar que se cumpla la profecía, que
ponerse a adivinar o a hipotizar cualquier nombre; pues se pueden
encontrar muchos nombres que llevan dicha cifra, (...) También TEITAN,
que en la primera sílaba contiene una doble vocal griega: E e I, es el
nombre más probable entre los que hallamos. Porque ese nombre consta de
seis letras, cada una de sus dos sílabas consta de tres letras, y es un
nombre antiguo y extraordinario; pues ninguno de los actuales reyes
lleva el nombre de Titán, ni se denomina así ninguno de los ídolos que
los griegos y los bárbaros adoran. Y, sin embargo, muchos consideran
divino ese nombre, pues también se llama Titán al dios sol (...) Pero,
aunque el nombre de Titán sea tan probable, a tal punto que muchos se
preguntan si no se llamará así el que ha de venir, sin embargo no
correremos el riesgo de pronunciarnos acerca del nombre que habrá de
llevar; pues sabemos que, si su nombre debiera ser claramente
proclamado ya en el presente, lo habría dicho aquel que lo contempló en
el Apocalipsis; además, esta visión ha tenido lugar casi en nuestro
tiempo, hacia el final del imperio de Domiciano" (Ireneo de Lión,
Contra las Herejías, Libro V, 30:3)
"Cuando el Anticristo devastare todas las cosas en este mundo, y
hubiese reinado durante tres años y seis meses, sentado en el templo de
Jerusalén, entonces el Señor vendrá entre las nubes del cielo en la
gloria del Padre (Mt 16,27). Entonces lo enviará al lago de fuego con
sus seguidores (Ap 19,20), e instaurará el tiempo del reino para los
justos, es decir el descanso, el séptimo día santificado, y cumplirá a
Abrahám la promesa de la herencia. Este es el reino al cual, según la
palabra del Señor, muchos vendrán de oriente y occidente, para tomar su
lugar junto con Abraham, Isaac y Jacob (Mt 8,11)" (Ireneo de Lión,
Contra las Herejías, Libro V, 30:4)
"Todo esto se refiere sin duda a la resurrección de los justos, la
cual acaecerá después de la venida del Anticristo (...) Aquellos a
quienes el Señor, al venir de los cielos, encuentre esperándolo en la
carne tras haber sufrido la Gran Tribulación y haber escapado de las
manos del impío (El anticristo), son aquéllos de los cuales dijo el
profeta..." (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro V, 35:1)
"Porque ser eminente sobre todas las cosas es lo propio de Dios, y por ello no le hacen falta instrumentos para llevar a cabo la hechura de su creación. Y su Verbo es capaz y suficiente para realizar todas las cosas, como escribió de él su discípulo Juan: «Todas las cosas fueron hechas por él, y sin él nada se ha hecho» (Jn 1,3). Y en la expresión «todas las cosas» está incluido nuestro mundo. Por tanto, éste fue hecho por el Verbo, como dice la Escritura en el Génesis, que Dios hizo por su Palabra todas las cosas que existen en nuestro mundo (Gén 1,3-26). También David lo afirma: «Porque él lo dijo y fueron hechas; lo mandó y fueron creadas» (Sal 33[32],9; 148,5). ¿A quién, pues, vamos a creer acerca de la creación del mundo: a esos herejes que hemos mencionado, que mascullan tonterías y contradicciones, o a los discípulos del Señor, a Moisés el fiel siervo de Dios (Núm 12,7) y profeta? Este fue el primero que describió el origen del mundo: [716] «En el principio Dios hizo el cielo y la tierra» (Gén 1,1), y en seguida todo el resto. No habló de dioses ni de ángeles" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro II, 2:5)
"Y que este mismo Dios es el Padre de nuestro Señor Jesucristo, lo
dijo el Apóstol Pablo: «Uno solo es Dios Padre, que está sobre todos,
por todos y en todos nosotros» (Ef 4,6). Ya demostramos anteriormente
que existe sólo un Dios; pero aún lo seguiremos probando a partir de
las palabras del Señor y de los Apóstoles. Pues ¿a dónde llegaríamos
si, dejando las palabras del Señor y de los Apóstoles, prestáramos
atención a aquellas que nada sensato pueden decirnos?" (Ireneo de Lión,
Contra las Herejías, Libro II, 2:6)
"Si conociesen las Escrituras y se dejaran educar por la verdad,
aprenderían que Dios no es como los seres humanos, ni sus pensamientos
son como los del hombre (Is 55,8-9). Pues el Padre de todas las cosas
dista mucho de las acciones y pasiones humanas, es simple, no es
compuesto, no consta de miembros diversos, todo su ser es igual a sí
mismo; es todo intelecto, todo espíritu, todo sentimiento, todo
pensamiento, todo verbo, todo oído, todo ojo, todo luz y todo bien de
todos los bienes, como afirman de Dios los hombres de fe y piadosos. El
está sobre todas las cosas, y por eso es inefable. Se puede afirmar con
rectitud y justicia que es un intelecto que abarca todas las cosas,
pero no de modo semejante al intelecto de los seres humanos. También se
le puede llamar luz, pero no a la manera de nuestra luz. Y así
sucesivamente: el Padre de todas las cosas no es en nada igual a la
pequeñez humana; y, aunque nosotros podemos hablar de estas cosas en él
por motivo de su amor, sin embargo hemos de entender que siempre nos
supera en grandeza" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro II,
13:3,4)
"Con estas palabras Juan quiso decir que los ángeles, los
arcángeles, «los tronos y dominaciones» (Col 1,16), fueron creados por
el Dios que está sobre todas las cosas, y hechos por mediación del
Verbo; pues, cuando afirma que el Verbo de Dios estaba en el Padre,
añadió: «Todo fue hecho por medio de él, y sin él nada ha sido hecho»
(Jn 1,3). Cuando David enumera las alabanzas, nombra todas las cosas
que dijimos, y añade los cielos y todas sus potestades: «El lo mandó y
todo fue creado. El lo dijo y se hizo» (Sal 148,5; 33[32],9). ¿A quién
se lo mandó? Al Verbo, «por el cual fundó los cielos y con el soplo de
su boca toda su potencia» (Sal 33[32],6). Y que hizo todas las cosas
por propia libertad y como quiso, también lo dice David: «Nuestro Dios
hizo en los cielos y en la tierra todo lo que quiso» (Sal 114[113],11).
Las cosas creadas son diferentes de aquel que las creó, y las cosas
hechas, de su Hacedor. Pues éste es increado, no tiene principio ni
fin, y de nadie tiene necesidad. No carece de nada, se basta a sí
mismo, y da a todos los demás seres la existencia. Cuanto fue hecho por
él, tuvo un principio. Y las cosas que tuvieron un comienzo, pueden un
día perecer, están sujetas y necesitan de su Hacedor. Como hay muchos
que tienen poca inteligencia para distinguir estas cosas, fue necesario
usar palabras diversas, de modo que a aquel solo que hizo todas las
cosas con su Palabra, se le llame Dios y Señor. En cuanto a las
creaturas, no son capaces de llamarse con estos nombres, ni pueden con
justicia adjudicarse un título que pertenece sólo al Creador. (Ireneo
de Lión, Contra las Herejías, Libro III, 8:3)
"Queda, pues, firme sin discusión, que el Espíritu, hablando en
propia persona, no ha llamado Dios y Señor a nadie más sino al Dios
Soberano de todas las cosas, con su Verbo; así también aquellos que
reciben el Espíritu de adopción, es decir, quienes creen en el único
Dios verdadero y en Jesucristo Hijo de Dios. De modo semejante, el
Apóstol no llama Dios y Señor a otros fuera de éstos; y lo mismo
nuestro Señor, el cual nos mandó no proclamar Padre a ningún otro sino
al que está en los cielos, al único Dios y Padre" (Ireneo de Lión,
Contra las Herejías, Libro IV, 1:1)
"Para ello el Señor prometió que enviaría al Paráclito que nos acercase a Dios (Jn 15,26; 16,7). Pues, así como del trigo seco no puede hacerse ni una sola masa ni un solo pan, sin algo de humedad, así tampoco nosotros, siendo muchos, podíamos hacernos uno en Cristo Jesús, sin el agua que proviene del cielo. Y así como si el agua no cae la tierra árida no fructifica, así tampoco nosotros, siendo un leño seco, nunca daríamos fruto para la vida, si no se nos enviase de los cielos la lluvia gratuita. Pues nuestros cuerpos recibieron la unidad por medio de la purificación (bautismal) para la incorrupción; y las almas la recibieron por el Espíritu. Por eso una y otro fueron necesarios, pues ambos nos llevan a la vida de Dios" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro III, 17:2)
Volver al índice de doctrinas"Tenía treinta años cuando recibió el bautismo, edad que es la perfecta para un maestro. En seguida se dirigió a Jerusalén, donde se le llamó «Maestro»: (...) se manifestó como era. Siendo, pues, el Maestro, tenía la edad apropiada para un maestro. El no rechazó ni reprobó al ser humano, ni abolió en sí la ley del género humano, sino que santificó todas las edades al asumirlas en sí a semejanza de ellos. Porque vino a salvar a todos: y digo a todos, es decir a cuantos por él renacen para Dios, sean bebés, niños, adolescentes, jóvenes o adultos. Por eso quiso pasar por todas las edades: para hacerse bebé con los bebés a fin de santificar a los bebés; niño con los niños, a fin de santificar a los de su edad, dándoles ejemplo de piedad, y siendo para ellos modelo de justicia y obediencia; se hizo joven con los jóvenes, para dar a los jóvenes ejemplo y santificarlos para el Señor; y creció con los adultos hasta la edad adulta, para ser el Maestro perfecto de todos, no sólo mediante la enseñanza de la verdad, sino también asumiendo su edad para santificar también a los adultos y convertirse en ejemplo para ellos. En seguida asumió también la muerte, para ser «el primogénito de los muertos, y tener el primado sobre todos» (Col 1,18), el iniciador de la vida (Hech 3,15), siendo el primero de todos y yendo adelante de ellos" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro II, 22:4)
"Esta edad tenía el Señor cuando enseñaba, como dicen el Evangelio y todos los presbíteros de Asia que, viviendo en torno a Juan, de él lo escucharon, puesto que éste vivió con ellos hasta el tiempo de Trajano. Algunos de ellos vieron no sólo a Juan, sino también a otros Apóstoles, a quienes han escuchado decir lo mismo. ¿A quién tenemos que creer? ¿A estos testigos, o a Ptolomeo (Un hereje), que nunca conoció a los Apóstoles, y que ni en sueños siguió sus huellas?" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro II, 22:5)
"Ni el Señor, ni el Espíritu Santo (por los profetas), ni los
Apóstoles jamás habrían llamado Dios de modo absoluto y definitivo al
que no lo fuese verdaderamente; ni habrían llamado Señor a ninguna otra
persona, sino al Dios Padre soberano de todas las cosas, y a su Hijo
que recibió de su Padre el señorío sobre toda la creación, según
aquellas palabras: «Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra,
hasta que ponga a tus enemigos como escabel de tus pies» (Sal
110[109],1). En este pasaje se presenta al Padre conversando con el
Hijo; él «le ha dado las naciones por herencia» (Sal 2,8) y le ha
sometido a todos sus enemigos. Y como el Padre es en verdad Señor, y el
Hijo es en verdad Señor, con razón el Espíritu Santo los llamó con el
título Señor. También al narrar la destrucción de Sodoma, la Escritura
dice: «Y el Señor hizo llover desde el cielo fuego y azufre sobre
Sodoma y Gomorra» (Gén 19,24). Esto significa que el Hijo, el mismo que
había conversado con Abraham, ha recibido del Padre el poder de
condenar a los sodomitas, por motivo de su iniquidad. De modo semejante
afirma: «Tu trono, oh Dios, para siempre; cetro de rectitud es el cetro
de tu reinado; amaste la justicia y odiaste la iniquidad; por eso te
ungió Dios, tu Dios» (Sal 45[44],7-8). Aquí el Espíritu los llamó a
ambos con el nombre de Dios: tanto al Hijo, el ungido, como al que
unge, el Padre. Y también: «Dios se presentó en la asamblea de los
dioses, en medio de ellos juzga a los dioses» (Sal 82[81],1). (El
Espíritu) habla aquí del Padre y del Hijo y de aquellos que recibieron
la adopción filial, y mediante ellos se refiere a la Iglesia: porque
ésta es la sinagoga de Dios, la cual Dios, me refiero al Hijo, ha
reunido por sí y para sí mismo. También dice en otro lugar: «Dios, el
Señor de los dioses, habló y convocó la tierra» (Sal 50[49],1). ¿De
cuál Dios se trata? De aquel del cual está escrito: «Dios vendrá de
modo manifiesto; nuestro Dios, y no callará», esto es, el Hijo, que se
manifestó por su venida a los hombres, el cual dice: «Me manifesté al
descubierto a quienes no me buscaban» (Is 65,1). ¿Y de qué dioses se
trata? De aquellos a quienes él declara: «Yo he dicho: Vosotros sois
dioses, todos sois hijos del Altísimo» (Sal 82[81],6; Jn 10,34); es
decir, aquellos que han recibido la gracia de la adopción, por la cual
clamamos: «¡Abbá, Padre!» (Rom 8,15; Gál 4,5-6). Así, pues, como arriba
dije, a ningún otro se le llama Dios o Señor, sino al que es Dios y
Señor de todas las cosas, el que dijo a Moisés: «Yo soy el que soy», y:
«Así dirás a Israel: Yo soy me manda a vosotros» (Ex 3,14); y también a
su Hijo, nuestro Señor Jesucristo, el cual hace hijos de aquellos que
creen en su nombre (Jn 1,12). El Hijo también habla por Moisés: «Yo he
descendido a librar a este pueblo» (Ex 3,8), porque es él «quien
descendió y ascendió» (Ef 4,10) para salvar a los seres humanos. De
este modo, «Por el Hijo que está en el Padre y tiene en sí al Padre»
(Jn 14,10-11) se ha manifestado Dios aquel que es, al dar testimonio,
como Padre, del Hijo (Mt 16,17; Jn 5,37), mientras el Hijo anuncia al
Padre (Mt 11,27; Jn 11,41-42). Como dice Isaías: «Yo doy testimonio,
dice el Señor Dios, y mi Siervo a quien yo elegí, para que sepáis,
creáis y entendáis que soy yo» (Is 43,10). (Ireneo de Lión, Contra las
Herejías, Libro III, 6:1-2)
"El Padre, pues, es Señor y el Hijo es Señor; es Dios el Padre y lo es
el Hijo, porque el que ha nacido de Dios es Dios. Así según la esencia
de su ser y de su poder, hay un solo Dios; pero, al mismo tiempo, en la
administración de la economía de nuestra redención, Dios aparece como
Padre y como Hijo. Y dado que el Padre del Universo es invisible e
inaccesible a los seres creados, es por medio del Hijo como los
destinados a acercarse a Dios deben conseguir el acceso al Padre"
(Ireneo de Lión, Demostración de la Predicación Apostólica, 47)
"Y los libros y los apóstoles declaran de modo inequívoco que la
Iglesia no sólo existe ahora por primera vez, sino que ha sido desde el
principio: porque era espiritual, como nuestro Jesús era también
espiritual, pero fue manifestada en los últimos días para que Él pueda
salvarnos" (2ª De Clemente, "Una Antigua Homilía" 14)
"Pues es mejor y más provechoso para uno ser ignorante o de poca
ciencia, si se acerca a Dios por el amor hacia su prójimo, que
imaginarse saber mucho y ser perito en muchas cosas hasta blasfemar de
Dios inventando a otro Dios y Padre. Por eso Pablo exclamó: «La ciencia
envanece, el amor edifica» (1 Cor 8,1). No es que condenara el
verdadero conocimiento de Dios, porque si así lo hiciera se condenaría
a sí mismo; sino que, sabiendo que algunos, con ocasión de la ciencia,
se enorgullecían hasta apartarse del amor de Dios, y sin embargo se
tenían a sí mismos por perfectos, inventaban a un dios imperfecto como
producto de su ciencia; por eso dijo: «La ciencia envanece, el amor
edifica». (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro II, 26:1a)
"Mejor que buscar la ciencia es no conocer otra cosa sino a Jesucristo
el Hijo de Dios crucificado por nosotros (1 Cor 2,2), en vez de
investigar cuestiones sutiles hasta caer en la impiedad y en la vana
palabrería." (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro II, 26:1b)
"Una mente sana y religiosa que ama la verdad, sin peligro alguno pone
la capacidad que Dios concedió a los seres humanos al servicio de la
ciencia, y con un constante estudio podrá progresar en su conocimiento
de las cosas. Por éstas quiero decir aquellas que día tras día suceden
ante nuestros ojos, y también aquellas que las palabras de la Escritura
tratan en forma abierta. Por eso se deben interpretar las parábolas sin
métodos ambiguos: quien de esta manera las entiende, no correrá
peligro, y todos deben explicar las parábolas de modo semejante.
Haciéndolo así, el cuerpo de la verdad permanecerá íntegro, siempre
adecuado a los miembros y libre de distorsiones. En cambio, cuando se
aplican cosas ocultas y que no están a la vista, a la interpretación de
las parábolas, como a cada uno se le antoja, desaparece toda regla de
la verdad; pues cuantos fueren los expositores de las parábolas, otras
tantas serán las verdades opuestas entre sí y provocarán doctrinas
contradictorias, como sucede con las cuestiones de los filósofos
paganos" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro II, 27:1)
"En la Iglesia se halla la compasión, la misericordia (Zac 7,9), la
solidez y la verdad, que se ejercitan gratuitamente y sin esperar paga
alguna, sólo al servicio de los seres humanos. Damos lo que tenemos
para la salvación de los hombres, y muchas veces los enfermos reciben
de nosotros, para su curación, incluso lo que a nosotros nos hace
falta" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro II, 31:3)
"Usando la enseñanza del Señor: según su palabra, no sólo serán echados
de su presencia quienes pequen, sino también quienes quieran pecar (Mt
5,25-28). No sólo el que asesina merecerá el castigo del asesino, sino
también aquel que, sin motivo, se enoje contra su hermano (Mt 5,21-22).
No sólo prohibió odiar a los demás, sino que ordenó amar a los enemigos
(Mt 5,43-44). No únicamente vetó hablar mal del prójimo, sino que mandó
no llamar al otro vacío o estúpido, bajo pena de caer en el fuego de la
gehenna (Mt 5,22). No sólo enseñó no golpear a otro, sino que, si
alguien nos pega, a presentarle la otra mejilla (Mt 5,39). No se limitó
a disponer que no hemos de robar lo ajeno, sino también a no reclamarle
al otro que nos ha quitado lo nuestro (Mt 5,40); y no únicamente
prohibió hacer el mal o herir al prójimo, sino que mandó hacer el bien
con generosidad a quienes nos tratan mal y orar por ellos para que se
conviertan y se salven (Mt 5,44): no hemos de imitar, pues, a los otros
en las ofensas, los apetitos y el orgullo" (Ireneo de Lión, Contra las
Herejías, Libro II, 32:1)
"Esta es la predicación abierta de Cristo: que él es el Salvador de
quienes por confesarlo serán entregados a la muerte y perderán su vida"
(Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro III, 18:4)
"Hemos también expuesto cómo la predicación de la Iglesia es la misma
en todas las regiones, se mantiene igual y se funda en el testimonio de
los profetas, de los Apóstoles y de todos los discípulos; y así también
(hemos explicado) desde el principio, por sus medios y hasta el fin, el
universal proyecto salvífico de Dios, y la obra que realiza todos los
días por la salud del hombre, en lo que nuestra fe consiste.
Conservamos esta fe, que hemos recibido de la Iglesia, como un precioso
perfume custodiado siempre en su frescura en buen frasco por el
Espíritu de Dios, y que mantiene siempre joven el mismo vaso en que se
guarda. Este es el don confiado a la Iglesia, como el soplo de Dios a
su criatura, que le inspiró para que tuviesen vida todos los miembros
que lo recibiesen. En éste se halla el don de Cristo, es decir el
Espíritu Santo, prenda de incorrupción, confirmación de nuestra fe, y
escalera para subir a Dios. En efecto, «en la Iglesia Dios puso
apóstoles, profetas, doctores» (1 Cor 12,28), y todos los otros efectos
del Espíritu. De éste no participan quienes no se unen a la Iglesia,
sino que se privan a sí mismos de la vida por su mala doctrina y pésima
conducta. Pues donde está la Iglesia ahí se encuentra el Espíritu de
Dios, y donde está el Espíritu de Dios ahí está la Iglesia y toda la
gracia, ya que el Espíritu es la verdad" (Ireneo de Lión, Contra las
Herejías, Libro III, 24:1)
"También juzgará (Dios) a los que provocan divisiones, vacíos del amor
de Dios, los cuales más buscan su provecho que la unidad de la Iglesia.
Estos, alegando cualquier motivo sin peso, dividen y fragmentan el
grande y glorioso Cuerpo de Cristo, y en cuanto está de su parte de
nuevo lo matan. Hablan de paz mientras hacen la guerra, «cuelan el
mosquito mientras se tragan el camello» (Mt 23,24). Esos tales no
pueden ofrecer una corrección tan grande cuanto lo es el daño que
provocan con las divisiones. Juzgará a todos los que están alejados de
la verdad, es decir, que se han puesto fuera de la Iglesia" (Ireneo de
Lión, Contra las Herejías, Libro IV, 33:7)
"Aunque no podamos resolver todas las cuestiones que se plantean en la Escritura, no busquemos a otro Dios fuera del único que existe: sería la peor impiedad. Debemos abandonar esas cuestiones al Dios que nos hizo, sabiendo perfectamente que las Escrituras son perfectas, pues fueron dictadas por el Verbo de Dios y por su Espíritu. A nosotros, por ser inferiores al Verbo y a su Espíritu y por vivir en el tiempo (202), nos hace falta su conocimiento de los misterios. Ni hay por qué admirarse de que necesitemos la revelación de las cosas espirituales y celestiales; incluso respecto de las cosas que tenemos bajo los pies -me refiero a las que existen en este mundo, con las que vivimos y que todos los días manejamos y vemos-, muchas de ellas han escapado a nuestro conocimiento, y por eso las confiamos a Dios; porque él necesariamente está sobre todas las cosas" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro II, 28:2)
"Si aun entre las cosas creadas algunas son accesibles sólo al
conocimiento de Dios, y otras también pueden caer bajo nuestra ciencia,
¿qué dificultad hay si en las cuestiones de la Escritura, siendo éstas
espirituales, averiguamos unas cosas con su gracia y otras las dejamos
a Dios, de tal manera que no sólo en esta vida, sino también en la
futura, Dios sea siempre el Maestro, y el ser humano deba siempre
aprender de él? Como dice el Apóstol, cuando desaparezca todo lo
parcial, permanecerán sólo la fe, la esperanza y el amor (1 Cor
13,9-13). La fe en nuestro Maestro sigue siendo firme en la confesión
de un solo Dios verdadero y en el amor que siempre le tenemos por ser
el único Padre; por eso esperamos recibir y aprender más de Dios,
porque es bueno e infinitamente rico, su reino jamás se acaba y su
doctrina no tiene término" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro
II, 28:3)
"Así pues, la Tradición apostólica está viva en la Iglesia y dura entre
nosotros. Ahora volvamos los ojos a las Escrituras, para sacar de ella
la prueba de todas aquellas cosas que los Apóstoles dejaron por escrito
en los Evangelios" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro III, 5:1)
"¿Qué médico, si quiere curar al enfermo, le da la medicina que a éste
le gusta y no la adecuada para devolverle la salud? (...) ¿Cómo se
aliviarán estos enfermos? ¿Y cómo se arrepentirán los pecadores? ¿Acaso
manteniéndose en su estado? ¿No será más bien por un cambio a fondo y
alejándose de su anterior modo de vivir en la transgresión, que provocó
en ellos esa grave enfermedad y tantos pecados?, pero la ignorancia,
madre de todos estos males, se elimina por el conocimiento (de la
Doctrina de los Apóstoles en la Escritura)" (Ireneo de Lión, Contra las
Herejías, Libro III, 5:2)
"Nosotros no hemos conocido la Economía de nuestra salvación, sino
por aquellos a través de los cuales el Evangelio ha llegado hasta
nosotros: ellos primero lo proclamaron, después por voluntad de Dios
nos lo transmitieron por escrito para que fuese «columna y fundamento»
(1 Tim 3,15) de nuestra fe. Y no es justo afirmar que ellos predicaron
antes de tener «el conocimiento perfecto», como algunos se atreven a
decir gloriándose de corregir a los Apóstoles. Pues una vez resucitado
de entre los muertos los revistió con la virtud del Espíritu Santo
(Hech 1,8) que vino de lo alto (Lc 24,49); ellos quedaron llenos de
todo y recibieron «el perfecto conocimiento». Luego partieron hasta los
confines de la tierra (Sal 19[18],5; Rom 10,18; Hech 1,8), a fin de
llevar como Buena Nueva todos los bienes que Dios nos da (Is 52,7; Rom
10,15), y para anunciar a todos los hombres la paz del cielo (Lc
2,13-14); tenían todos y cada uno el Evangelio de Dios (Rom 1,1; 15,16;
2 Cor 11,7; 1 Tes 2,2.8.9; 1 Pe 4,17). Mateo, (que predicó) a los
Hebreos en su propia lengua, también puso por escrito el Evangelio,
cuando Pedro y Pablo evangelizaban y fundaban la Iglesia. Una vez que
éstos murieron, Marcos, discípulo e intérprete de Pedro, también nos
transmitió por escrito la predicación de Pedro. Igualmente Lucas,
seguidor de Pablo, consignó en un libro «el Evangelio que éste
predicaba» (1 Tes 2,9; Gál 2,2; 2 Tim 2,8). Por fin Juan, el discípulo
del Señor «que se había recostado sobre su pecho» (Jn 21,20; 13,23),
redactó el Evangelio cuando residía en Efeso. Y todos ellos nos han
transmitido a un solo Dios Creador del cielo y de la tierra anunciado
por la Ley y los profetas, y a un solo Cristo Hijo de Dios. Pero si
alguien no está de acuerdo con ellos, desprecia por cierto a quienes
han tenido parte con el Señor (Heb 3,4), desprecia al mismo Cristo
Señor y aun al Padre (Lc 10,16), y se condena a sí mismo (Tt 3,11),
porque resiste (2 Tim 2,25) a su salvación, cosa que hacen todos los
herejes. (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro III, 1:1-2)
"En cambio la Iglesia, que en todo el mundo ha tenido de los Apóstoles
su origen, persevera en una sola y misma doctrina acerca de Dios y de
su Hijo" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro III, 12:7)
"Tal vez alguno, afectado por la manía de discutir, opine que las
expresiones de los Apóstoles deben tomarse en sentido metafórico"
(Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro III, 12:11)
"A su vez, los Apóstoles enseñaban a los paganos a abandonar los
ídolos de piedra y de madera a los que adoraban como dioses; a adorar
como Dios verdadero a aquel que creó e hizo toda la raza humana"
(Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro III, 5:3)
"Mateo Apóstol sabía que hay sólo un Dios, el mismo que hizo a Abraham
la promesa de que multiplicaría su descendencia como las estrellas del
cielo, el mismo que por su Hijo Jesucristo nos llamó del culto a los
ídolos de piedra a su conocimiento, a fin de que «el que no era pueblo
se hiciese pueblo, y lo que no era amado se hiciese amado» (Rom 9,25;
Os 1,10)" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro III, 9:1)
"Los cristianos no pueden soportar la vista de templos, de altares ni
de estatuas" (Celso -Autor ferozmente anticristiano del siglo II- "El
discurso verdadero contra los cristianos" Libro IV, 97)
"¡Yo también te invoco, «Señor Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios
de Jacob y de Israel» que eres el Padre de nuestro Señor Jesucristo,
Dios que por la multitud de tu misericordia te has complacido en
nosotros para que te conozcamos; que hiciste el cielo y la tierra, que
dominas sobre todas las cosas, que eres el único Dios verdadero, sobre
quien no hay Dios alguno; por nuestro Señor Jesucristo danos el Reino
del Espíritu Santo; concede a todos los que leyeren este escrito
conocer que tú eres el único Dios, que en ti están seguros, y
defiéndelos de toda doctrina herética, sin fe y sin Dios!" (Ireneo de
Lión, Contra las Herejías, Libro III, 6:4)
"Por nuestra parte, oramos por que no caigan (los inventores y
seguidores de herejías) en el pozo que ellos mismos han cavado; sino
que se aparten de su «Madre», salgan del «Abismo», renuncien al «Vacío»
y a la «Sombra», y se conviertan para nacer a la Iglesia de Dios, a fin
de que Cristo se forme en ellos, y conozcan al Creador de todas las
cosas como al único Dios y Señor. Al orar de esta manera por ellos, los
amamos más de cuanto ellos piensan amarse a sí mismos. Y porque nuestro
afecto es verdadero, puede servir para su salvación, si es que quieren
aceptarlo. Es como una medicina dolorosa que desprende las costras
superficiales de la carne herida: este afecto les arranca el orgullo y
la vanagloria. Por eso no nos cansará seguir con todas nuestras fuerzas
tendiéndoles la mano" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro III,
25:7)
"Concédenos, Señor, que podamos poner nuestra esperanza en tu
Nombre, que es la causa primaria de toda la creación, y abramos los
ojos de nuestros corazones para que podamos conocerte a Ti, que eres
sólo el más Alto entre los altos, el Santo entre los santos; que abates
la insolencia de los orgullosos, y desbaratas los designios de las
naciones; que enalteces al humilde, y humillas al exaltado; que haces
ricos y haces pobres; que matas y das vida; que eres sólo el benefactor
de los espíritus y el Dios de toda carne; que miras en los abismos, y
escudriñas las obras del hombre; el socorro de los que están en
peligro, el Salvador de los que están en angustia; el Creador y
observador de todo espíritu; que multiplicas las naciones sobre la
tierra, y has escogido de entre todos los hombres a los que te aman por
medio de Jesucristo, tu querido Hijo, por medio del cual nos enseñaste,
nos santificaste y nos honraste. Te rogamos, Señor y Maestro, que seas
nuestra ayuda y socorro. Salva entre nosotros a aquellos que están en
tribulación; ten misericordia de los abatidos; levanta a los caídos;
muéstrate a los necesitados; restaura a los apartados; convierte a los
descarriados de tu pueblo; alimenta a los hambrientos; suelta a los
presos; sostén a los débiles; confirma a los de flaco corazón. Que
todos los gentiles sepan que sólo Tú eres Dios, y Jesucristo es tu
Hijo, y nosotros somos tu pueblo y ovejas de tu prado" (Clemente de
Roma, Carta a los Corintios 59)
"Tú, que por medio de tu actividad hiciste manifiesta la fábrica
permanente del mundo. Tú, Señor, que creaste la tierra. Tú, que eres
fiel de generación en generación, justo en tus juicios, maravilloso en
la fuerza y excelencia. Tú, que eres sabio al crear y prudente al
establecer lo que has hecho, que eres bueno en las cosas que se ven y
fiel a aquellos que confían en Ti, compasivo y clemente, perdónanos
nuestras iniquidades y nuestras injusticias y nuestras transgresiones y
deficiencias. No pongas a nuestra cuenta cada uno de los pecados de tus
siervos y tus siervas, sino límpianos con tu verdad, y guía nuestros
pasos para que andemos en santidad y justicia e integridad de corazón,
y hagamos las cosas que sean buenas y agradables a tu vista y a la
vista de nuestros gobernantes. Sí, Señor, haz que tu rostro
resplandezca sobre nosotros en paz para nuestro bien, para que podamos
ser resguardados por tu mano poderosa y librados de todo pecado con tu
brazo levantado. Y líbranos de los que nos aborrecen sin motivo. Da
concordia y paz a nosotros y a todos los que habitan en la tierra, como
diste a nuestros padres cuando ellos invocaron tu nombre en fe y verdad
con santidad, [para que podamos ser salvos] cuando rendimos obediencia
a tu Nombre todopoderoso y sublime y a nuestros gobernantes y
superiores sobre la tierra." (Clemente de Roma, Carta a los Corintios
55)
"Tú, Señor y Maestro, les has dado el poder de la soberanía por medio
de tu poder excelente e inexpresable, para que nosotros, conociendo la
gloria y honor que les has dado, nos sometamos a ellos, sin resistir en
nada tu voluntad. Concédeles a ellos, pues, oh Señor, salud, paz,
concordia, estabilidad, para que puedan administrar sin fallos el
gobierno que Tú les has dado. Porque Tú, oh Señor celestial, rey de las
edades, das a los hijos de los hombres gloria y honor y poder sobre
todas las cosas que hay sobre la tierra. Dirige Tú, Señor, su consejo
según lo que sea bueno y agradable a tu vista, para que, administrando
en paz y bondad con piedad el poder que Tú les has dado, puedan obtener
tu favor. ¡Oh Tú, que puedes hacer estas cosas, y cosas más excelentes
aún que éstas, te alabamos por medio del Sumo Sacerdote y guardián de
nuestras almas, Jesucristo, por medio del cual sea a Ti la gloria y la
majestad ahora y por los siglos de los siglos! Amén" (Clemente de Roma,
Carta a los Corintios 56)
"Finalmente, que el Dios omnisciente, Señor de los espíritus y de toda
carne, que escogió al Señor Jesucristo, y a nosotros, por medio de Él,
como un pueblo peculiar, conceda a cada alma que se llama según su
santo y excelente Nombre, fe, temor, paz, paciencia, longanimidad,
templanza, castidad y sobriedad, para que podáis agradarle en su
Nombre, por medio de nuestro Sumo Sacerdote y guardián Jesucristo, a
través del cual sea a Él la gloria y majestad, la potencia y el honor,
ahora y para siempre jamás. Amén" (Clemente de Roma, Carta a los
Corintios 64)
"Orad en favor de todos los santos. Orad también por los reyes y
potentados y príncipes, y por los que os persiguen y aborrecen, y por
los enemigos de la cruz, que vuestro fruto pueda ser manifiesto entre
todos los hombres, para que podáis ser perfeccionados en Él" (Policarpo
de Esmirna, carta a los Filipenses 12)
"En cuanto a la acción de gracias eucarística, dad gracias de esta
manera. Primero, por lo que se refiere a la copa: Te damos gracias,
Padre nuestro, por la santa vid de tu hijo David, la cual nos has dado
a conocer por medio de tu Hijo Jesús; tuya es la gloria para siempre
jamás. Luego, por lo que respecta al pan partido: Te damos gracias,
Padre nuestro, por la vida y conocimiento que Tú nos has dado a conocer
por medio de tu Hijo Jesús; tuya es la gloria para siempre jamás. Tal
como este pan partido estaba esparcido por las montañas y al ser
juntado pasó a ser uno, así también que tu Iglesia pueda ser juntada de
todos los extremos de la tierra en tu reino; porque tuya es la gloria y
el poder por medio de Jesucristo para siempre jamás. Pero que ninguno
coma o beba de esta acción de gracias eucarística, a menos que haya
sido bautizado en el nombre del Señor; porque respecto a esto también
ha dicho el Señor: No deis lo santo a los perros. Y después, cuando
estéis satisfechos, dad gracias así: Te damos gracias, Padre Santo, por
tu santo nombre, porque Tú has puesto tu tabernáculo en nuestros
corazones, y por el conocimiento y fe e inmortalidad que nos has dado a
conocer por medio de tu Hijo Jesús; tuya es la gloria para siempre
jamás. Tú, Señor Todopoderoso, creaste todas las cosas por amor a tu
nombre, y diste comida y bebida a los hombres para que disfrutaran de
ellas, y para que pudieran darte gracias a Ti; pero nos has concedido
alimento y bebida espiritual y vida eterna por medio de tu Hijo. Ante
todo, te damos gracias porque eres poderoso; tuya es la gloria para
siempre jamás. Recuerda, Señor, a tu Iglesia para librarla de todo mal
y para perfeccionarla en el amor; y recogerla de los cuatro vientos -tu
Iglesia que ha sido santificada- en tu Reino que has preparado para
ella; porque tuyo es el poder y la gloria para siempre jamás. Que venga
la gracia y que pase este mundo. Hosanna al Dios de David. Si alguno es
santo, que venga; si alguno no lo es, que se arrepienta. Maran Atha.
Amén. Pero permitid a los profetas que ofrezcan acción de gracias tanto
como deseen" (La Didaké o Doctrina de los Apóstoles 9 y 10)
"Y en el día del Señor congregaos y partid el pan y dad gracias,
confesando primero vuestras transgresiones, para que vuestro sacrificio
sea puro. Y que ninguno que tenga una disputa con su compañero se una a
la asamblea hasta que se haya reconciliado, para que su sacrificio no
sea mancillado; porque este sacrificio es aquel del que habló el Señor:
En todo lugar y en todo tiempo ofrecedme un sacrificio puro; porque yo
soy un gran rey, dice el Señor, y mi nombre es maravilloso entre las
naciones" (La Didaké o Doctrina de los Apóstoles 14)
"Después del baño (del bautismo), llevamos al que ha venido a creer y
adherirse a nosotros a los que se llaman hermanos, en el lugar donde se
tiene la reunión, con el fin de hacer oraciones en común por nosotros
mismos, por el que acaba de ser iluminado y por todos los demás
esparcidos por todo el mundo, con todo fervor, suplicando se nos
conceda, ya que hemos conocido la verdad, mostrarnos hombres de recta
conducta en nuestras obras y guardadores de lo que tenemos mandado,
para conseguir así la salvación eterna. Al fin de las oraciones nos
damos el beso de paz. Luego se presenta pan y un vaso de agua y vino
(Como ya hemos dicho en otras ocasiones, en este texto y otros muchos
de la antigüedad cristiana se insiste en que la Santa Cena se realiza
con Vino mezclado con Agua, y no con mosto -más información sobre este
delicado -para algunos- tema aquí-) al que preside de los hermanos, y
él, tomándolos, tributa alabanzas y gloria al Padre de todas las cosas
por el nombre del Hijo y del Espíritu Santo, haciendo una larga acción
de gracias por habernos concedido estos dones que de él nos vienen.
Cuando el presidente ha terminado las oraciones y la acción de gracias,
todo el pueblo presente asiente diciendo Amen, que en hebreo significa
«Asi sea». Y cuando el presidente ha dado gracias y todo el pueblo ha
hecho la aclamación, los que llamamos ministros o diáconos dan a cada
uno de los asistentes algo del pan y del vino y agua sobre el que se ha
dicho la acción de gracias, y lo llevan asimismo a los ausentes. Esta
comida se llama entre nosotros eucaristía, y a nadie le es licito
participar de ella si no cree ser verdaderas nuestras enseñanzas y se
ha lavado en el baño del perdón de los pecados y de la regeneración,
(Ya hemos dicho en otro sitio que los primitivos cristianos no daban la
Santa Cena a los no bautizados, y que en algunos casos ni siquiera les
permitían participar de la reunión donde éste se celebraba) viviendo de
acuerdo con lo que Cristo nos enseñó. Porque esto no lo tomamos como
pan común ni como bebida ordinaria, sino que así como nuestro salvador
Jesucristo, encarnado por virtud del Verbo de Dios, tuvo carne y sangre
por nuestra salvación, así se nos ha enseñado que en virtud de la
oración del Verbo que de Dios procede, el alimento sobre el que fue
dicha la acción de gracias -del que se nutren nuestra sangre y nuestra
carne al asimilarlo- es el cuerpo y la sangre de aquel Jesús encarnado.
Y en efecto, los apóstoles en los Recuerdos que escribieron, que se
llaman Evangelios, nos transmitieron que así les fue mandado, cuando
Jesús tomó el pan, dio gracias y dijo: «Haced esto en memoria mía»...
(No debemos usar esta cita para pensar que los primitivos cristianos
creían en la doctrina romanista de siglos posteriores de la
"Transubstanciación", se ocupa Justino de dejar claro que lo que los
apóstoles les enseñaron fue un "memorial". Tampoco debemos tomar la
santa cena a la ligera) (Apología de Justino 65-66, año 155 d.C.)
"Así pues, vosotros, los que sois la causa de la sedición, someteos
a los presbíteros y recibid disciplina para arrepentimiento, doblando
las rodillas de vuestro corazón. Aprended a someteros, deponiendo la
obstinación arrogante y orgullosa de vuestra lengua. Pues es mejor que
seáis hallados siendo poco en el rebaño de Cristo y tener el nombre en
el libro de Dios, que ser tenidos en gran honor y, con todo, ser
expulsados de la esperanza de Él" (Clemente de Roma, Carta a los
Corintios 57)
"Pero si algunas personas son desobedientes a las palabras dichas por
Él por medio de nosotros, que entiendan bien que se están implicando en
una trasgresión y peligro serios; mas nosotros no seremos culpables de
este pecado. Y pediremos con insistencia en oración y suplicación que
el Creador del universo pueda guardar intacto hasta el fin el número de
los que han sido contados entre sus elegidos en todo el mundo, mediante
su querido Hijo Jesucristo, por medio del cual nos ha llamado de las
tinieblas a la luz, de la ignorancia al pleno conocimiento de la gloria
de su Nombre" (Clemente de Roma, Carta a los Corintios 59)
"No nos engañemos, hermanos. Los que corrompen las casas (familias) no
van a heredar el reino de Dios. Así pues, si a los que hacen estas
cosas según la carne se les da muerte, cuánto más si un hombre, con
mala doctrina, corrompe la fe de Dios por la cual Jesucristo fue
crucificado. Este hombre, habiéndose corrompido a sí mismo, irá al
fuego que nunca se apaga; y lo mismo irán los que le escuchan y hacen
caso de él" (Ignacio de Antioquia, Carta a los Efesios 16)
"...entonces todos los pecados que ellos han cometido con
anterioridad les serán perdonados; sí, y también a todos los santos que
han pecado hasta el día de hoy, si se arrepienten de todo corazón, y
quitan la doblez de ánimo de su corazón. Porque el Señor juró por su
propia gloria, con respecto a sus elegidos: que si, ahora que se ha
puesto este día como límite, se comete pecado, después no habrá para
ellos salvación; porque el arrepentimiento para los justos tiene un
fin; los días del arrepentimiento se han cumplido para todos los
santos; en tanto que para los gentiles hay arrepentimiento hasta el
último día" (El Pastor de Hermas, 2)
"Pero los que fueron desechados y puestos a un lado, ¿quiénes son?»
«Estos han pecado, y desean arrepentirse, por tanto no son lanzados a
gran distancia de la torre (la iglesia), porque serán útiles para la
edificación si se arrepienten. Los que se arrepienten, pues, si lo
hacen, serán fuertes en la fe si se arrepienten ahora en tanto que se
construye la torre (la iglesia). Este privilegio lo tienen solamente
los que se hallan cerca de la torre (la iglesia)" (El Pastor de Hermas,
5)
"Estos son los hijos del libertinaje. Estos recibieron la fe
hipócritamente, y no hubo maldad que no se hallara en ellos. Por tanto,
no tienen salvación, porque no son útiles para edificar, por razón de
su maldad. Por tanto son desmenuzados y tirados por causa de la ira del
Señor, porque le provocaron a ira. En cuanto al resto de las piedras
que tú has visto echadas en gran número y que no entran en el edificio,
de ellas, las que son mohosas son las que conocieron la verdad, pero no
permanecieron en ella ni se mantuvieron adheridos a los santos. Por lo
tanto, son inservibles" (El Pastor de Hermas, 5)
"Y le dije: «Todavía voy a hacer otra pregunta, Señor.» «Di», me
contestó. «He oído, Señor», le dije, «de ciertos maestros, que no hay
otro arrepentimiento aparte del que tuvo lugar cuando descendimos al
agua y obtuvimos remisión de nuestros pecados anteriores.» El me
contestó: «Has oído bien; porque es así. Porque el que ha recibido
remisión de pecados ya no debe pecar más, sino vivir en pureza. Pero
como tú inquieres sobre todas las cosas con exactitud, te declararé
esto también, para que no tengan excusa los que crean, a partir de
ahora, en el Señor, o los que ya hayan creído. Pues los que ya han
creído, o van a creer en adelante, no tienen arrepentimiento para los
pecados, sino que tienen sólo remisión de sus pecados anteriores. A los
que Dios llamó, pues, antes de estos días, el Señor les designó
arrepentimiento. Porque el Señor, discerniendo los corazones y sabiendo
de antemano todas las cosas, conoció la debilidad de los hombres y las
múltiples añagazas del diablo, en qué forma él procurará engañar a los
siervos de Dios, y se portará con ellos perversamente. El Señor, pues,
siendo compasivo, tuvo piedad de la obra de sus manos y designó esta
(oportunidad para) arrepentirse, y a mí me dio la autoridad sobre este
arrepentimiento. Pero te digo», me añadió, «si después de este
llamamiento grande y santo, alguno, siendo tentado por el diablo,
comete pecado, sólo tiene una (oportunidad de) arrepentirse. Pero si
peca nuevamente y se arrepiente, el arrepentimiento no le aprovechará
para nada; porque vivirá con dificultad.» Yo le dije: «He sido
vivificado cuando he oído estas cosas de modo tan preciso. Porque sé
que, si no añado a mis pecados, seré salvo.» «Serás salvo», me dijo,
«tú y todos cuantos hagan todas estas cosas.» (El Pastor de Hermas, 4º
mandato, 3)
"El Señor juzgará al mundo sin acepción de personas: Cada uno
recibirá conforme obró. Si el hombre fue bueno, su justicia marchará
delante de él; si fuere malvado, la paga de su maldad irá también
delante de él. Recordémoslo, no sea que, echándonos a descansar como
llamados, nos durmamos en nuestros pecados, y el príncipe malo, tomando
poder sobre nosotros, nos empuje lejos del reino del Señor. Además,
hermanos míos, considerad este punto: cuando estáis viendo que, después
de tantos signos y prodigios sucedidos en medio de Israel y que, sin
embargo, han sido de este modo abandonados, andemos alerta, no sea que,
como está escrito, nos encontremos muchos llamados y pocos escogidos."
(Epístola de Bernabé 4,12-13)
"Por tanto seamos hallados entre los que dan gracias, entre los que
han servido a Dios, y no entre los impíos que son juzgados. Porque yo
también, siendo un pecador extremo y aún no libre de la tentación, sino
en medio de las acechanzas del diablo, procuro con diligencia seguir la
justicia, para poder prevalecer consiguiendo llegar por lo menos cerca
de ella, en tanto que temo el juicio venidero" (2ª de Clemente, "Una
Antigua Homilía" 18)
"Por tanto dijo este anciano (se refiere bien al apóstol Juan o bien
-más probablemente- a Policarpo, discípulo de Juan y maestro de
Ireneo), no deberíamos ser orgullosos ni reprochar a los antiguos, sino
nosotros mismos temer, no sea que, después de tener el conocimiento de
Cristo, si hacemos algo que desagrada a Dios, no tengamos ya remisión
de los pecados, sino que nos hallemos excluídos de su reino. Y a esto
se refiere el dicho de Pablo: Porque si Él no eximió... (cita Romanos
11:17-21)" (Ireneo de Lión en "Contra las herejías" Libro IV, 27. 1-28)
"Por último, les dice: Vuestros novilunios y vuestros sábados no los aguanto. Mirad cómo dice: No me son aceptos vuestros sábados de ahora, sino el que yo he hecho, aquél en que, haciendo descansar todas las cosas, haré el principio de un día octavo, es decir, el principio de otro mundo. Por eso justamente nosotros celebramos también el día octavo con regocijo, por ser día en que Jesús resucitó de entre los muertos y, después de manifestado, subió a los cielos" Epístola de Bernabé 15:8)
"Los que vivían según el orden de cosas antiguo han pasado a la
nueva esperanza, no observando ya el sábado, sino el día del Señor
(domingo) en que nuestra vida es bendecida por Él y por su muerte"
(Ignacio de Antioquia, a los Magnesios 9:1)
"Ya no mandará guardar un día de descanso al que todos los días observa
el sábado, es decir, al que rinde culto a Dios en el templo de Dios que
es el cuerpo del hombre y practica siempre la justicia" (Ireneo de
Lión, Demostración de la predicación Apostólica 96)
"Nos reunimos todos el llamado día del sol (el domingo) porque es el
primer día de la semana, después del sábado judío, en que Dios, sacando
la materia de las tinieblas creó el mundo; y ese mismo día Jesucristo
nuestro Salvador resucitó de entre los muertos" (Justino Mártir,
Apologético 1:67)
"...y asimismo, si nos damos a la alegría el día del sol (el domingo),
por razón muy distinta que la de tributar culto al sol, seguimos en
ello a los que designan el día de Saturno (el sábado) a comer y
descansar, sin seguir por ello la costumbre judía que desconocen (de
guardar el Shabat)..." (Tertuliano, Apologético. Cap. XVI)
"Por lo tanto no necesitamos de la ley como pedagogo; he aquí que
nosotros hablamos con el Padre y estamos en su presencia convertidos en
niños sin malicia y afincados en la justicia y honestidad. La Ley, en
efecto, no afirmará más: (...) no exigirá los diezmos de quien ha
consagrado a Dios todos sus bienes y ha dejado padre, madre y toda su
familia para seguir al Verbo de Dios" (Ireneo de Lión, Demostración de
la predicación Apostólica 96)
"Y aunque exista entre nosotros una caja común, no se exige una suma
obligatoria a los elegidos, como si la religión fuera sacada a subasta.
Cada cual entrega una módica suma un día fijo del mes, cuando quiere y
si quiere y si puede, porque a nadie se le obliga a dar: cada uno
contribuye espontáneamente. Estos son unos fondos de ayuda, porque de
ellos no se saca el dinero para banquetes o fiestas ni estériles
comilonas, sino para alimentar y sepultar menesterosos, y niños, y
doncellas y huérfanos, y a los criados y a los ancianos..."
(Tertuliano, Apologético. Cap. XXXIX)
"Cuantos disponen de bienes y quieren dan libremente lo que les parece.
Lo recogido se deposita en manos del que preside, quien se encarga de
socorrer a los huérfanos, a las viudas y a quienes por enfermedad o
cualquier otra razón se hayan necesitados. También a los presos (Se
refiere a cristianos encarcelados por serlo) y a los huéspedes llegados
de lejos." (Justino mártir, Misterios cristianos, 67)