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LOS VALDENSES
Este artículo trata sobre estos tan ignorados cristianos
evangélicos de la Edad Media, de más de 4 siglos antes de Lutero (contra
las mentiras romanistas que afirman que el cristianismo evangélico nació
de una escisión de Roma con este reformador), y de los cuales sus
propios verdugos: los inquisidores de la iglesia católico Romana dijeron
lo siguiente:
"Los herejes valdenses se distinguen por su comportamiento y el
habla. Son impasibles y sensatos. No se esfuerzan en llamar la atención
con vestidos extravagantes o indecorosos. No son comerciantes con el fin
de evitar mentir, jurar o engañar. Viven únicamente del trabajo artesano
de sus manos. También sus maestros son tejedores y zapateros. No acumulan
riquezas, sino que se contentan con lo necesario para vivir. Comen y beben
con moderación, no frecuentan posadas ni van a bailes u otros lugares de
mala reputación. Son lentos para la ira. Son trabajadores, se dedican a
aprender y a enseñar. Les reconocerán por su manera de hablar: con
cordura y veracidad. No difaman, no hablan con palabras vulgares o
vacías. Evitan toda expresión que pueda ser mentirosa o de juramento. No
dirán "sinceramente" o "de verdad", sino que se
limitarán a decir "si" o "no". Según ellos hacen así
porque Jesús lo ordenó en Mateo 5:37" (Passauer Anonymus).
El inquisidor de Passau en el s.XII dijo de los mismos: "Entre todas
las
sectas que existen o que han existido, no hay ninguna más perniciosa para
la
iglesia; y esto por tres razones: La primera por su gran antigüedad, pues
algunos dicen que los Valdenses se remontan al tiempo de Silvestre y hasta
hay quien asegura que al tiempo de los apóstoles. La segunda por que es
la
más extendida y apenas si hay un país donde no exista esta secta. La
tercera
razón es que, mientras todas las demás sectas despiertan horror y la
repulsa
de sus oyentes por sus blasfemias en contra de Dios, esta demuestra una
gran
semblanza de piedad; tanto que sus adherentes viven justamente delante de
todos los hombres y creen en todos los artículos del Credo, respetando en
todo a Dios: Solamente blasfeman de la Iglesia y del clero romanos; por
esto
tan grandes multitudes de laicos les prestan atención."
("Catolicismo
Romano: Orígenes y Desarrollo" José Grau. Tomo I, pág. 330. Ed.
EEE,
Barcelona 1987)
A continuación una respuesta a afirmaciones
hechas en los foros de discusión de religión en Internet por parte de
una persona que se hacía llamar C.C. (Cristiano católico) donde llega a
decir que si los Valdenses sufrieron tantas matanzas por parte de la ICAR
(Iglesia católica) es casi porque se lo merecieron (por ser
"enemigos de Roma"). Más abajo hay algunas preguntas y
respuestas del citado C.C.
"Ireneo de Lyon" <Ecclesia@Lyonensis.com>
escribió en el mensaje news:3f54f4c7$0$27053$626a54ce@news.free.fr...
Olvidados por los siglos, quizá a alguien le interese esta
historia... (más abajo se habla de ellos en España)
(Con la esperanza de que C.C. al menos reflexione)
PEDRO WALDO Y LOS VALDENSES
El movimiento evangélico de la Edad Media recibió un valioso refuerzo
con la conversión de Pedro Waldo debido,a la impresión que le produjo la muerte
repentina de un amigo con el cual estaba conversando. Dicho incidente hizo
que este rico comerciante, dejando sus negocios, pensara solo en la salvación de su alma.
Un sacerdote a quien preguntó sobre el asunto le respondió que había
varias maneras de salvar el alma, pero que la más segura era poner en práctica
las palabras de Jesús al joven rico: -Si quieres ser perfecto, vende todo lo
que tienes y dalo a los pobres. Se cree que el cura lo dijo con ironía,
por que Waldo era un hombre muy rico; pero éste, que estaba decidido a conseguir la salvación a todo coste, lo cumplió al pie de la letra. Su
gran acierto fue que, en lugar de ir a profesar el voto de pobreza en un convento, resolvió deshacerse de sus bienes, empleándolos él mismo para
beneficio de los pobres y la extensión del Reino de Dios.
Consideró que era una obra muy buena a los ojos de Dios el mandar
traducir y poner en manos del pueblo las Sagradas Escrituras. Hizo escribir a mano
muchas copias que eran llevadas por cristianos fieles de un pueblo a otro.
El clero empezó a mirar con recelo a aquellos hombres humildes que, de
dos en dos, descalzos y pobremente vestidos, con el volumen sagrado en la
mano, iban predicando la Palabra de Dios, y el arzobispo Guichard les prohibió
predicar.
Pedro Waldo apeló al papa esperando que su justa causa sería
reconocida, y compadeció con uno de sus colaboradores ante el Concilio de Letrán en
marzo del año 1179, El papa los trató amablemente pensando que los pobres de
Lyon, como les llamaban, permanecerían dentro de la Iglesia Católica, quedando convertidos en una orden monástica y, según testimonios que
tenemos de sus jueces, los hallaron muy piadosos y austeros en su modo de vivir, pero ignorantes -según ellos- e incapaces de predicar. Esto fue
porque, en lugar de examinarlos sobre las Sagradas Escrituras y las doctrinas más claras y evidentes del Cristianismo, les interrogaron, en
Lenguaje filosófico, sobre la Santísima Trinidad, las dos naturalezas de
Cristo, y otras cosas que los Concilios habían tratado de resolver y establecer como dogmas, sin pensar que Dios tiene derecho a reservarse
algunos misterios, sin revelárnoslos, hasta aquel día en el cual seremos
capaces de comprender todas las cosas.
Vueltos a Lyon, resolvieron que debían predicar el Evangelio con
sencillez, porque era menester obedecer a Dios antes que a los hombres, y se lanzaron
a la obra, desafiando la persecución. Esto les unió a sus hermanos los antiguos paulicianos -descendientes de los cristianos primitivos-, a los
pedrobrusianos y enriquistas, y todos juntos vinieron a formar la Iglesia Evangélica Valdense, que subsistió y se extendió por toda Europa
durante varios siglos antes de que apareciese la Reforma.
El edicto de excomunión que se extendió contra ellos en el año 1181 les
obligó a salir de Lyon, lo que fue tan beneficioso para la causa del Evangelio como lo había sido la primera persecución que vino a la
iglesia cristiana de Jerusalén, la cual obligó a los primeros cristianos a
extenderse por todo el mundo antiguo predicando el Evangelio.
Pedro Waldo huyendo d la intolerancia llegó hasta Bolonia
(hoy Polonia) en la misma frontera de Rusia donde murió el año 1217 después de cincuenta
y siete años de servicio para el Señor.
Los Valdenses en España
Animados por su celo misionero los valdenses recorrieron el sur de
Alemania, Suiza y Francia llegando a España donde formaron grupos de cristianos
disidentes de Roma en las provincias del Norte, y sobre todo en Cataluña.
El hecho de que dos concilios y tres reyes se hayan ocupado
de expulsarlos de nuestra patria demuestra que su número tenía que
ser considerable.
El clero impotente para detener el avance y, alarmado, pidió al papa Celestino III que tomase medidas en contra del movimiento. El papa mandó
un delegado en el año 1194 que convocó la asamblea de prelados y nobles en
Mérida asistiendo personalmente el mismo rey Alfonso II quien dictó el siguiente decreto:
"Ordenamos a todo valdense que en vista de que están excomulgados de
la Santa Iglesia son enemigos declarados de este reino y tienen que abandonarlo, e igualmente todos los estados de nuestros dominios. En
virtud de esta orden cualquiera que desde hoy se permita recibir en su casa a los
susodichos valdenses asistir a sus perniciosos discursos o proporcionarles
alimentos atraerá por esto la indignación de Dios Todopoderoso y la nuestra; sus bienes serán confiscados sin apelación y será castigado
como culpable del delito de lesa majestad; además cualquier noble o plebeyo
que encuentre dentro de nuestros estados a uno de estos miserables sepa que si
los ultraja los maltrata o los persigue no hará con esto nada que no nos sea agradable."
Desde entonces la persecución se hizo sentir con violencia, y en
una sola ejecución 114 valdenses fueron quemados vivos y sus cenizas echadas al río
Ter en Gerona. Sin embargo, muchos lograron esconderse y seguir secretamente la obra de Dios en el reino de León, en Vizcaya y en Cataluña,
pues al contrario de lo que decretaba la orden real, les Veían con costumbres austeras y anunciando tan Claramente las Buenas Nuevas de
salvación, bien afirmadas en textos de la Sagrada Escritura, que hasta Se
menciona al obispo de Huesca, uno de los más notables prelados de Aragón
como protector decidido de los perseguidos Valdenses.
Pero las persecuciones contra ellos no cesaron, llegando a su apogeo por
el año 1237, cuando 45 de ellos fueron arrestados en Castellón y 15 de
ellos quemados vivos en la hoguera.
En Alsacia y Lorena hubo desde el año 1200 tres grandes centros de
actividad misionera. En Meta, el barba (pastor) Crespin y sus numerosos hermanos
confundían al obispo Beltrán quien en Vano se esforzaba por suprimirlos.
En Estrasburgo los inquisidores mantenían siempre el fuego de la intolerancia contra 1a propaganda activa que hacía el barba Juan y más
de 500 hermanos que componían la iglesia perseguida de aquella ciudad.
En Bohemia, donde pedro Waldo terminó su gloriosa carera, 1os resultados
de la obra Misionera valdense fueron fecundos. A mediados del Siglo XIII el
inquisidor de passau nombraba 42 poblaciones donde los valdenses habían echado raíces; y en Austria, a principios del siglo xIv, el inquisidor
Krens hacía quemar 130 valdenses. Se cree que el número de ellos en Austria
no bajaba de 80.000.
En Italia 1os Valdenses estaban diseminados Y bien establecidos en todas partes de la península. Tenían propiedades en loS grandes Centros, Y un
ministerio itinerante perfectamente organizado. En Lombardía los discípulos de Arnaldo de Brescia gran opositor del papa a pesar de que
nunca llegó a separarse de la Iglesia Católico-Romana y que fue quemado vivo en el año 1155- unían fácilmente a los valdenses cuando éstos les
predicaban el Evangelio. En Milán poseían una escuela que era centro de
una gran actividad misionera.
En Calabria se establecieron muchos valdenses del Piamonte en el ano
1300 en Fuscaldo y Montecarlo. Habían conseguido cierta tolerancia y les
permitían celebrar secretamente sus cultos con tal de que pagaran los diezmos al clero.
En tres de los valles del Piamonte Lucerna Perusa y San Martín
los Valdenses formaron pueblos enteros en las primeras décadas del siglo XIII.
Estos datos históricos que poseemos de la abundante literatura producida
por los Valdenses prueban de un modo irrefutable cuán equivocada y
absurda es la afirmación de la Iglesia Romana de que el Protestantismo tuvo su
origen en Lutero: Centenares de años antes de que se produjese el movimiento
espiritual de la Reforma existían ya muchos miles de cristianos que no comulgaban con los dogmas de la Iglesia Católica Romana y eran tanto o más
protestantes de los errores y abusos del Catolicismo que el famoso fraile sajón. (extracto de "Origen e Historia de las Denominaciones
Cristianas" de Samuel Vila, Ed. CLIE, España)
Más gotas sobre los valdenses, para CC:
El abad de Citeaux, Arnaud Amalric, legado papal (de la "Iglesia
de Cristo" según C.C.), contestó la famosa frase: "Matadlos a todos; Dios
reconocerá a los suyos" al consultársele durante la toma de Béziers
(Sudeste de Francia) como distinguir a los "herejes" Valdenses del resto de la
población.
Esta frase, bastante discutida por los historiadores revisionistas
católicos del siglo XXI, a mí me parece horriblemente probable: Puesto que de
hecho no hay duda histórica de que no dejó sobreviviente alguno -tampoco niños
ni mujeres- de una ciudad que tenía entonces 20.000 habitantes... no
veo porqué iba a tener escrúpulos por la brutalidad de una frase.
Ireneo
El siguiente comentario de "Cristiano Católico" da miedo
"Cristiano Catolico" <santrinidad@xs4all.nl
escribió en el mensaje news:3f536b90$0$58581$e4fe514c@dreader6.news.xs4all.nl...
Los valdenses fueron asesinados, quemados, torturados durante
siglos... En todos los tiempos de la historia la Iglesia ha tenido enemigos.
los Valdenses deben encontrarse entre ellos. porque el que no esta con nosotros esta contra nosotros.
La respuesta vino así:
"Ireneo de Lyon" <Ecclesia@lyonensis.com
wrote in message
news:3f5319f1$0$6215$626a54ce@news.free.fr...
Hola C.C.
Amigo CC... ¿quien eres?
¿Merecían la muerte los Valdenses (Demuestras tu perfecta ignorancia al desconocer todo de ellos -estoy preparando algo para ilustrar a quien le
interese-) por ser como tú dices "enemigos de la ICAR" -por
predicar el Evangelio en el siglo XII-?
Te recuerdo lo algo que dijo Jesús:
"El hombre bueno de su buen tesoro saca cosas buenas; y el hombre
malo de su mal tesoro saca cosas malas.Y yo os digo que de toda palabra vana que
hablen los hombres, darán cuenta de ella en el día del juicio. Porque por tus
palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado".
(Mateo 12:35-37)
"Juan le dijo: Maestro, vimos a uno echando fuera demonios en tu
nombre, y tratamos de impedírselo, porque no nos seguía. Pero Jesús dijo: No se
lo impidáis, porque no hay nadie que haga un milagro en mi nombre, y que
pueda enseguida hablar mal de mí. Pues el que no está contra nosotros, por
nosotros está". (Marcos 9:38-40)
Te recuerdo que si tu "papa" Juan Pablo II les pidió perdón en
Asís por todas las masacres cometidas por tu "verdadera iglesia de
cristo" contra ellos, es porque el papa sabía la culpa de la ICAR (si no ¿a qué pedir
perdón?).
Estás ciego, insultas el nombre de algunos de los mejores seguidores de Cristo de la historia, demuestras muy poca piedad y caridad... solo tu
ignorancia te puede justificar.
Hola C.C.
Los valdenses fueron asesinados, quemados, torturados durante siglos
(desde su aparcición en el siglo XII, aunque descienden de grupos anteriores que
se remontan a la primitiva y verdadera Iglesia) por la llamada
"Iglesia" Católico Romana. Tú los llamas rebeldes, pero ellos pagaron con su
sangre -derramada por los verdugos de tu "iglesia"- su fidelidad
a Cristo.
Juan Pablo II les pidió perdón en una reunión que tuvo con ellos.
Se unieron después a sus herm,anos protestantes ya que vieron que compartían
la misma fe 8que es la única fe que siempre ha habido en el verdadero cristianismo).
Te dejo con la cita de uno de sus asesinos (el inquisidor de Passau):
El inquisidor de Passau en el s.XII dijo de los mismos: "Entre todas
las sectas que existen o que han existido, no hay ninguna más perniciosa para
la iglesia; y esto por tres razones: La primera por su gran antigüedad, pues
algunos dicen que los Valdenses se remontan al tiempo de Silvestre y hasta
hay quien asegura que al tiempo de los apóstoles. La segunda por que es
la más extendida y apenas si hay un país donde no exista esta secta. La
tercera razón es que, mientras todas las demás sectas despiertan horror y la
repulsa de sus oyentes por sus blasfemias en contra de Dios, esta demuestra una
gran semblanza de piedad; tanto que sus adherentes viven justamente delante de
todos los hombres y creen en todos los artículos del Credo, respetando en
todo a Dios: Solamente blasfeman de la Iglesia y del clero romanos; por
esto tan grandes multitudes de laicos les prestan atención."
("Catolicismo Romano: Orígenes y Desarrollo" José Grau. Tomo I, pág. 330.
Ed.
EEE, Barcelona 1987)
Dios te bendiga CC
<<
Más tarde este contertulio envió este otro
artículo:
"Lito" <MiguelZZ@altg.net
escribió en el mensaje
news:bj7i69$g3rq2$1@ID-196937.news.uni-berlin.de...
Aquí va otro artículo sobre los Valdenses
Saludos
Lito.
Los valdenses... ¿herejes, o buscadores de la verdad?
¿EL TIEMPO? El siglo doce de la era común... 200 años antes de
la época de Wiclef y Hus y 300 años antes de Lutero. ¿El lugar? El sur
de Francia y los valles alpinos de aquel país y del norte de Italia. ¿El marco de circunstancias? Una clase
clerical rica y a menudo libertina mantiene en ignorancia, a propósito, a la gente común, la cual
vive en la pobreza. Por toda Europa, la Iglesia Católica Romana ejerce la
supremacía, pues es poderosa, opulenta y mundana.
En vivo contraste, hallamos un grupo de personas que se destacan en este
fondo histórico. Creen que la Biblia es la Palabra de Dios y se esfuerzan
por vivir en armonía con los principios justos de ella. Caminando en pares, estas personas suben las
colinas y bajan los valles predicando y enseñando cualesquier verdades que hayan podido
descubrir al leer las porciones de las Escrituras que están disponibles
en el propio idioma de ellas. Debido a esto, se les persigue como a
herejes, y muchas de ellas pierden la vida. ¿Quiénes son?
En Francia se les llegó a conocer por el nombre de Vaudois. Los que
perseguían a estas personas las llamaban, en latín, valdenses, nombre
que se mantiene así en español.
PRECURSORES
Los historiadores católicos y protestantes no concuerdan en cuanto a los
orígenes de los valdenses. Los primeros quisieran convencernos de que lo
que ellos llaman la "secta herética" de los valdenses era un fenómeno aislado que surgió
repentinamente a fines del siglo doce bajo la dirección de un francés de
Lyón llamado Valdès o Valdo. En cambio, muchos protestantes afirman que
los valdenses constituyen un eslabón en la cadena continua de disidentes
que surgieron entre la época del emperador Constantino (cuarto siglo de
la E.C.) y los reformadores protestantes del siglo dieciséis. Estos
protestantes opinan que el nombre valdenses se deriva de la palabra latina
vallis, que significa "valle," y se refiere al hecho de que
aquellos disidentes a quienes se perseguía con persistencia como herejes
se vieron obligados a refugiarse en los valles alpinos de Francia e
Italia.
Claro, los historiadores católicos rechazan esta explicación
protestante, pues no la consideran histórica. Pero al afirmar que los
valdenses aparecieron repentinamente en la escena de la historia medieval bajo la dirección de Valdès o Valdo la
Iglesia Católica está minimizando el patente hecho histórico de que
hubo muchos otros disidentes antes de que Valdo comenzara a predicar a
fines de los años setenta del siglo doce. La verdad parece ser que Valdo
y sus asociados llegaron a ser un punto de reunión para grupos similares
de disidentes, algunos de los cuales habían estado en existencia por
largo tiempo.
A la Iglesia Católica le gustaría que olvidáramos que había semillas
de descontento entre los suyos muchos años antes de que apareciera Valdo.
Por ejemplo, el obispo Agobard de Lyón, Francia (779-840 de la E.C.),
atacó vigorosamente la adoración de imágenes, el dedicar iglesias a
santos y la liturgia eclesiástica que no estaba en armonía con la
Biblia.
Al otro lado de los Alpes, en Turín, Italia, un contemporáneo de Agobard,
el obispo Claudio, adoptó una posición similar. Condenó las oraciones
dirigidas a los santos, la veneración de reliquias y de la cruz y, en general, rechazó la tradición
eclesiástica debido a que ésta iba en contra de las Escrituras. A
Claudio de Turín se le ha llamado "el primer reformador
protestante."
En el siglo once, el arcediano Bérenger, o Berengarius, de Tours,
Francia, que, según se dice, era uno de los teólogos más influyentes de
su tiempo, se opuso al dogma de la transubstanciación y sostuvo que el pan y el vino que se utilizan durante
la conmemoración de la muerte de Cristo son emblemáticos y no se
transforman milagrosamente en el cuerpo y la sangre de Cristo. También
sostuvo que la Biblia era superior a la tradición. Bérenger fue
excomulgado por herejía en 1050.
Al mismo principio del siglo doce, dos hombres se destacan en Francia como
disidentes notables. Fueron ellos Pedro de Bruys y Enrique de Lausana. El
primero comenzó su vida adulta como sacerdote en los Alpes al sudeste de Francia. Al poco tiempo
abandonó el sacerdocio porque no estaba de acuerdo con la Iglesia sobre
doctrinas importantes como el bautismo de infantes, la transubstanciación,
las oraciones para los muertos, la adoración de la cruz y la necesidad de
tener edificios que sirvan de iglesias. Después de ser expulsado de la diócesis
de los Alpes meridionales, predicó directamente a la gente por todo el
sur de Francia e hizo muchos discípulos. Al fin fue quemado en la hoguera
en St. Gilles en 1140.
Enrique de Lausana, a quien también se llama Enrique de Cluny, continuó
la obra de Pedro de Bruys. Enrique era monje y ya en el año 1101 había
empezado a hablar denodadamente en contra de la liturgia eclesiástica, el
clero corrupto de aquel entonces y el sistema de una jerarquía religiosa.
Sostenía que la Biblia era la única norma para la fe y la adoración.
Empezó a predicar en Le Mans, y cuando se le expulsó de allí, continuó
su obra misional por todo el sur de Francia y con el tiempo se encontró
con Pedro de Bruys. En 1148 se le arrestó y se le puso en prisión, donde
pasó el resto de su vida. Pero las ideas de estos hombres se propagaron
como un reguero de pólvora desde el sur de los Alpes hasta el Mediterráneo y de un extremo al otro del sur de
Francia hasta el Golfo de Vizcaya.
VALDO Y LOS "POBRES DE LYÓN"
Dentro de este ambiente histórico apareció un laico en la escena en Lyón,
Francia. No se sabe nada en cuanto al nacimiento de este hombre, que según
se dice ocurrió alrededor de 1140 de la E.C. Hasta cierto grado, aun su nombre es un misterio, pues
se deletrea Valdès, Valdo o Waldo. El nombre Pierre, o Pedro, no aparece
en ningún manuscrito que esté fechado antes de 1368. Se cree que en años
posteriores sus discípulos le dieron el nombre, para indicar que él era
un imitador más digno del apóstol Pedro que los papas de Roma, que
afirman ser los sucesores de Pedro.
Valdo era un comerciante adinerado de Lyón. Estaba casado y tenía dos
hijas. Siendo hombre devoto y católico practicante, pidió a un amigo teólogo
que le diera consejo de las Escrituras en cuanto a lo que debía hacer para agradar a Dios. En
respuesta, su amigo citó Mateo 19:21, donde Jesús dijo al joven rico:
"Si quieres ser perfecto, ve, vende tus bienes y da a los pobres y
tendrás tesoro en el cielo, y, ven, sé mi seguidor."
Valdo tomó a pecho este consejo. Después de proveer para el sustento de
su esposa y colocar a sus dos hijas en un convento, comisionó a dos
sacerdotes, Etienne d'Anse y Bernard Ydros, para que tradujeran los Evangelios y otros libros de la
Biblia al idioma vernáculo que se hablaba en las provincias de Provenza y
Dauphiné en el sudeste de Francia. Entonces distribuyó el resto de sus
posesiones entre los pobres y se puso a estudiar la Palabra de Dios. Además,
predicó en las calles de Lyón, invitando a los habitantes a que
despertaran espiritualmente y regresaran al cristianismo bíblico.
Puesto que Valdo había sido bien conocido como próspero hombre de
negocios, muchas personas le escucharon y pronto tuvo un grupo de
seguidores. Les alegró oír el mensaje consolador de la Biblia en su propio idioma, pues hasta entonces la
iglesia había impedido que se tradujera la Biblia a otro idioma con la
excepción del latín. Muchas personas convinieron en renunciar a sus
bienes y dedicarse a enseñar la Biblia en el idioma de la gente común.
Se les llegó a conocer como los "Pobres de Lyón."
Esta predicación laica incitó la ira del clero. En 1179 el papa
Alejandro III prohibió a Valdo y sus seguidores predicar sin el permiso
del obispo local. Como era de esperar, el obispo Bellesmains de Lyón rehusó dar su consentimiento. Los registros
históricos indican que, ante esta proscripción, Valdo respondió a la
jerarquía usando las palabras de Hechos 5:29: "Tenemos que obedecer
a Dios como gobernante más bien que a los hombres."
Valdo y sus asociados continuaron predicando. Así, en 1184 el papa Lucio
III los excomulgó, y el obispo de Lyón los expulsó de la diócesis.
Resultó algo parecido a lo que ocurrió cuando los primeros cristianos fueron echados de Jerusalén.
Acerca de ellos, la Biblia declara: "Los que habían sido esparcidos
fueron por la tierra declarando las buenas nuevas de la
palabra."-Hech. 8:1-4.
Estos disidentes del siglo doce se refugiaron en los Alpes y por todo el
sur de Francia, y enseñaban la Biblia a medida que iban de un lugar a
otro. Sin duda se toparon con otros grupos disidentes, como los seguidores
de Pedro de Bruys y Enrique de Lausana. Al cruzar los desfiladeros de los
Alpes en dirección al norte de Italia, se encontraron con grupos de
disidentes que ya existían en los valles del Piamonte y de Lombardía.
Estos grupos de disidentes con orientación bíblica, que luego llegaron a
conocerse por toda Europa como valdenses, deben distinguirse de grupos
"herejes" contemporáneos, como los cátaros y los albigenses,
cuyas doctrinas estaban basadas más en la filosofía persa que en la
Biblia. Los registros históricos muestran que para principios del siglo
trece podían hallarse valdenses no solo en el sur de Francia y el norte
de Italia, sino también en el este y norte de Francia, en Flandes, en Alemania, en Austria y hasta en
Bohemia, donde se dice que Valdo murió en 1217.
EN BUSCA DE LA VERDAD BÍBLICA
Sea que Valdo mismo haya sido el fundador de los valdenses o no, a él se
le tiene que dar el crédito por haber tomado la iniciativa de hacer
traducir la Biblia del latín a las lenguas vernáculas que en aquel
entonces hablaba la gente común a quienes él y sus asociados predicaban. Además, debe recordarse que eso ocurrió unos 200 años antes
de que Wiclef tradujera la Biblia para los disidentes que hablaban inglés.
La posición básica de los valdenses primitivos era que la Biblia es la
única fuente de la verdad en lo que tiene que ver con la religión. En un
mundo que estaba comenzando a salir de lo que se ha llamado la "Edad del Oscurantismo," ellos
buscaron a tientas la verdad cristiana. Evidentemente hicieron lo mejor
que pudieron con los cuantos libros de las Escrituras Hebreas y Griegas
que poseían en un idioma que podían leer y comprender.
No obstante, los valdenses primitivos comprendieron la Biblia lo
suficientemente bien como para rechazar la adoración de las imágenes, la
transubstanciación, el bautismo de infantes, el purgatorio, el culto de María, las oraciones a los santos,
la veneración de la cruz y de las reliquias, el arrepentimiento de última hora, la confesión
a los sacerdotes, las misas para los muertos, las indulgencias papales, el celibato
sacerdotal y el uso de armas carnales. También rechazaron el uso de
imponentes y elegantes edificios religiosos y consideraban que "Babilonia la Grande, la madre de las rameras,"
era la Iglesia de Roma, e invitaban a sus oyentes a huir de ella. (Apoc.
17:5; 18:4) ¡Todo esto lo hicieron a fines del siglo doce y a principios
del siglo trece!
En su obra de predicar, los valdenses primitivos enseñaban la Biblia y
daban mucha importancia al Sermón del Monte y al padrenuestro, en los
cuales se muestra que el reino de Dios es lo que se debe buscar
primeramente y lo que se debe pedir en oración. (Mat. 6:10, 33) Sostenían
que cualquier cristiano, fuera hombre o mujer, que poseyera suficiente
conocimiento de la Biblia estaba autorizado para predicar las "buenas
nuevas." Además, consideraban a Jesús como el único mediador entre
Dios y el hombre. Puesto que Jesús había muerto una vez para siempre,
ellos sostenían que un sacerdote no podía reanudar este sacrificio por
medio de celebrar una misa. Los valdenses primitivos conmemoraban la muerte de Cristo, utilizando pan y vino como símbolos.
LA PREDICACIÓN RESULTA EN PERSECUCIÓN
Los valdenses primitivos sostenían que no era necesario ir a una iglesia
para adorar a Dios. Celebraban reuniones clandestinas en establos, hogares particulares y
dondequiera que pudieran hacerlo. Durante estas reuniones estudiaban la
Biblia y preparaban nuevos predicadores, los cuales acompañaban a los más experimentados. Viajaban
en pares de granja en granja y, cuando estaban en los pueblos y aldeas,
iban de casa en casa. El autoritativo libro de consulta intitulado
Dictionnaire de Théologie Catholique (Tomo 15, columna 2591) en un artículo
que, por lo demás, no favorece a los valdenses, declara: "Desde la más
tierna edad, sus hijos empezaban a aprender los Evangelios y las Epístolas.
La predicación de sus diáconos, sacerdotes y obispos consistía
principalmente en citas de
la Biblia."
Otras obras nos informan que los valdenses tenían una excelente reputación
de ser muy trabajadores, sumamente morales y honrados al pagar sus
impuestos. Expulsaban a los pecadores que no se arrepentían.
Así eran estas personas temerosas de Dios a quienes perseguidores
religiosos persiguieron hasta la muerte, pues a muchas de ellas las
quemaron en la hoguera. Una gran cantidad de ellas fueron víctimas de la terrible cruzada que ordenó el papa
Inocencio III en 1209 contra los cátaros y albigenses en el sur de Francia. Otros sufrieron
tortura y se les dio muerte durante la temible Inquisición que empezó en
el sur de Francia en 1229. Algunos de los valdenses lograron escapar a
otros países, y muchos más se refugiaron en los elevados valles de los
Alpes de Francia e Italia, donde por siglos sobrevivieron comunidades
valdenses.
A principios del siglo dieciséis, los valdenses se unieron a sus hermanos
protestantes y hoy en día son considerados una denominación protestante
más.
Pero los valdenses primitivos, aunque se les acusó de ser
"herejes," estaban de hecho sinceramente buscando la verdad y
tomaron la delantera en traducir la Biblia, enseñarla y vivir conforme al modo sencillo que corresponde al cristianismo. Es cierto
que no se libraron de todas las doctrinas erróneas de la religión babilónica
falsa. Pero evidentemente vivieron conforme al conocimiento que habían
obtenido de la Palabra de Dios. Muchos, según parece, estuvieron
dispuestos a morir más bien que a renunciar a su fe. Claro, solo "El
Señor conoce a los que le pertenecen." Por eso, con confianza
podemos dejar en manos de Él el dar cualquier galardón de vida futura.-2
Tim. 2:19.
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