Asunto:                           El papa que condenó a Lutero
De:                                  xxxxxxx
Grupos de noticias:       es.charla.religion
Fecha:                            Wed, 24 Sep 2003 22:31:12 +0200

Lo que fue el Papado en aquella época nos lo dicen claramente Los mismos
historiadores católicos:

“Cuentan que León X al subir a las Las estancias vaticanas dijo a su
hermano Giuliano: “Gocemos del Papado, ya que Dios nos lo ha dado”. Y,
en efecto, el pontificado del prime  Medicis fue para Roma una continua
fiesta: Roma vino a ser la patria de todos los eruditos, donde hallaron
pleno asiento en los banquetes y donde el renacimiento clásico llegó a
todo su  apogeo. EI Medicis, aun siendo simple cardenal, tenía ya una
pequeña corte de literatos, hombres de ciencia y artistas; él mismo
poeta, tenía un ingenio versátil y era hombre de varia  cultura y
espíritu sensible a toda forma de lo bello, pero falto de profundidad.
Podríase pintar un cuadro variadísimo y de mil colores -escribe
Gregorovius-, si se describiese un año sólo de La vida de Roma en la era
de León X y cupiese recordar aquella no interrumpida serie de fiestas que
allí se celebraban, en la más abigarrada mezcla de Paganismo y
cristianismo: mascaradas carnavalescas, espectáculos de mitología
antigua, historias romanas representadas en magníficos escenarios, por
otra parte procesiones esplendidas y fiestas de iglesia y representaciones
de La Pasión en el Coliseo, y declamaciones clásicas en el capitolio y
otras fiestas y discursos en el aniversario de La fundación de Roma; y
todos Los días cabalgatas de cardenales y ceremonias de recepciones de
embajadores y príncipes con comitivas tan numerosas que más bien
parecían ejércitos, y cortejos del papa cuando salía a sus partidas de
caza con dirección a Magliana, a Palo, a Viterbo, con halcón al puño
detrás de él jaurías y pesados bagajes y turbas de criados y séquito
de cardenales y de oradores extranjeros y el alegre enjambre de poetas de
Roma seguidos de una caterva de barones y de príncipes con un alboroto
que Lo asemejaba todo a una comparsa de bacantes”

“Olímpicamente sereno y dichoso el joven pontífice disfrutaba
contemplando desde su trono la vida jovial y distraída que hormigueaba en
torno suyo. Él era un mundano elegante, un hombre de gusto” “Su
camarero Seráfica estaba facultado para introducir en los aposentos del
pontífice todo tipo de bufones que supiesen solazar con donaires y dichos
picantes, mientras el laureado Querno, disfrazado de Venus (travestido)
cantaba versos de doble sentido y verborroteaba en grandes” “Del mismo
poetastro, que percibía 200 ducados de provisiones y 150 florines de
estipendio mensuales, escribe el arcediano Salvioleta “El papa le hace
yantar en un taburete en sur presencia y antes de que pruebe bocado, canta
versos de doble sentido, y os aseguro que compone mucho y verborrotea
mucho, y bebió más de cuatro bocales de vinos romanos, corsos y griegos.
No comprendo como pudo tragar tanto vino”. Pero el bifón preferido del
papa era Frate Mariano, el cual decía a sur señor: “¡Ea padre Santo,
a vivir, que lo demás son cuentos” “La pasión por el teatro, sobre
todo por la comedia, rayaba a la sazón el paroxismo: “Oh, tiempos, oh
costumbres! (Exclamaba Gregorio Giraldi). El teatro obsceno vuelve a la
vida: En todas partes se representan comedias y obras que por su obcenidad
habrían sido mandadas retirar por unánime consenso de todos los
cristianos, ahora se representan a ciencia y paciencia de los prelados y
de nuestros mismos obispos y consienten en devolverles carta de
naturaleza, y sucede que los sacerdotes y los iniciados en los divinos
misterios se huelgan de llevar el nombre, antes infame de histriones
(Opera II, p.438) ¡Estaban en boga las comedias de Plauto, la
“Mandrágora” de Maquiavelo, la “Calandria” del Cardenal Bibiena y
“Suppositi” de Ludovico Ariosto!

En 1514 León X inauguro el carnaval tomando parte en una cacería (por
las que sentía una verdadera pasión) en los  feudos del cardenal
Farnesìo. El papa, en traje de cazador. Acompañado de doce cardenales y
seguido por una tropa de  cortesanos, literatos y bufones, y de la guardia
suiza y los ballesteros, el 10 de enero salió de Roma con rumbo a
Cassino.  Los faustos de aquella partida de caza  pontificia merecieron
ser  contados en hexámetros latinos por Baldassare Molosso, conocido con
el sobrenombre del tranquillo. León -dice el poeta- semejaba a Júpiter
llegándose a visitar a Los etíopes y los cretenses, acompañado de los
Númenes. El joven cardenal Petrucci es el más bello de los mancebos. al
que Cupido cedió la  aljaba, el arco y las flechas para que atravesase
con las afiladas saetas los tiernos corazones de las Ninfas”

“Cada año se movilizaba a los mejores artistas para que organizasen las
cabalgatas carnavalescas. El Pontífice se divertía como el que más,
asistiendo a los juegos, a las carreras de caballos, con premio de telas
preciosas (palios), a las luchas con los toros, las cuales no rara vez
costaban vidas humanas. Para sur mayor comodidad dispuso además juegos
que solían celebrarse en testaccio se transladasen a la Plaza de San
Pedro” (Saba Castiglioni, Historia de los Papas)

Este es el papa que condenó a Lutero.