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¿EN EL NOMBRE DE QUIEN?
En el A.T., Yahveh fue reconocido corno Señor. La palabra griega
kyrios, empleada en la Septuaginta para traducir el hebreo
Adonai, Señor, es el mismo título dado a Jesús en el N.T. Esto difícilmente
puede considerarse casual, como tampoco lo es el hecho de que Padre e
Hijo son llamados igualmente despotés, «Soberano
absoluto» (cf. Lc. 2:29 con 2 P. 2: l).
El señorío de Cristo es descrito como supremo (Mt. 28:18; Ro.
14: 10s; Fil. 2:9-1 l). Así como los profetas del A.T. se consideraban
a sí mismos siervos de Yahveh (v.g., 1 S. 3:9s; Am. 3:7), los apóstoles
del N.T. se consideraron a sí mismos siervos
de Jesucristo (Ro. 1: 1; 2 P. 1: 1; Jud. l). Esto no
significa que el ser de Yahveh deba ser unívocamente identificado con
la persona de Jesús, es decir, no implica que sólo Jesús sea Yahveh
pero si que su señorío en el N.T. es comparable al de Yahveh en el
A.T., como el mismo Señor enseñó (Mt. 22:41-43; Jn. 13:13; cf. 2 Ti.
1:18).
Es llamativo el hecho de que el nombre de Yahveh no se encuentra en el
N.T. excepto formando palabras compuestas como «aleluya» (alabad a
Yahveh o «Jesús» (Yahveh es salvación, o Yahveh salvará). Los Testigos
de Jehová (y ciertos judaizantes actuales) afirman que el
nombre de Yahveh fue suprimido deliberadamente por copistas cristianos
del N.T., aunque no dan ninguna causa razonable para semejante supresión.
De este modo, cuestionan la autoridad y la fidelidad de las Sagradas
Escrituras para sostener sus peculiares doctrinas. Cabría preguntarles:
si el N.T. no es fidedigno en este punto, presuntamente tan importante,
¿qué hace suponer que sea confiable en otros aspectos?
El Nombre que está sobre todo nombre,
según el N.T., es el nombre de Jesús (Fil. 2:9-1 l); éste es el
nombre que los discípulos predican (3 Jn. 7), a pesar de las
prohibiciones y amenazas (Hch. 4:17s; 5:40). Los creyentes estaban
gozosos de haber sido considerados dignos de sufrir por este Nombre
(Hch. 5:41), el único Nombre en el cual hay
salvación (Hch. 4:12; 1 Co. 6:11) y perdón (1 Jn. 22). Debe
recalcarse que en la Biblia el nombre se asocia estrechamente con lo
nombrado; el nombre de una persona es lo que la persona es, e
invocar un nombre es llamar a aquel cuyo nombre se invoca. Por esto,
la significación que en el N.T. se le da al nombre de Jesús, análoga
a la que en el A.T. se le daba al nombre de Yahveh, es extremadamente
elocuente con respecto a las creencias de los discípulos en la
divinidad de su Maestro.
La declaración «Jesús es Señor»
es básica para la fe cristiana. Si esto fuera todo, uno podría pensar
que en el N.T. el título «Señor», tal como se aplica a Jesucristo,
carece de las implicaciones de Divinidad que tenía en el A.T. Sin
embargo, un somero examen del N.T. demuestra todo lo contrario: el título
Señor se aplica tanto al Padre (o a la "Trinidad") corno al
Hijo (cf. v.g., Mt. 1:224:7, 10; 5:33; Lc. 1:6 9, 11, 32; 4:19; 20:37;
Hch. 3:22, Lc 20:41-44; Mr. 1:3; Mt. 28:6; Jn. 20:28; Hch. 2:36; 7:59;
9:6; Ro. 1:3; En el Apocalipsis, títulos de Dios que da Isaías (Is
41:4; 44:6; 48:12) se aplican tanto al Padre como al Hijo."
La presencia de Jesucristo con su pueblo (Mt. 18:20; 28:20) nos recuerda
la presencia de Yahveh con su pueblo del A.T. (v.g., Éx. 13:21; Dt.
20:4; Jos. 1:9 17); la mano de Jesús está con sus discípulos y contra
sus enemigos (Hch. 11:20s; 13:1 l), como la mano de Yahveh lo estuvo en
el A.T. (v.g., 1 R. 18:46; Esd. 7:6; s. 12:15).
¿En el nombre de quién debemos alabar, bendecir, ordenar o
bautizar? En el A.T., la respuesta era invariablemente: en el nombre
de Yahveh. En cambio, la falta de uniformidad del N.T. en este punto es
muy sugestiva, como lo demuestran los siguientes ejemplos:
1. En Mt. 28:20, Jesús ordena a sus discípulos que bauticen a los
nuevos creyentes en el nombre del Padre, del
Hijo y del Espíritu Santo. Sin embargo, leemos en libro de
los Hechos que muchos fueron bautizados «en
nombre de Jesucristo» (Hch. 2:38; 10:48).
2. En Hch. 16:16-18 la joven esclava poseída por el espíritu de
adivinación gritaba: «Estos hombres son
siervos del Dios Altísimo...», pero Pablo la exorcizó «en
nombre de Jesucristo».
3. Si bien en muchos casos de bendiciones el Padre se antepone al Hijo,
también ocurre al revés. En 2 Co. 13:14, el orden es «la
gracia del Señor Jesucristo y el amor de Dios y la comunión del Espíritu
Santo» (cf. Gá. 1:1). Por otra parte, varias cartas
concluyen con bendiciones en el solo nombre de Jesús (1 Co. 16:22s; Gá.
;18; Fil. 4:23; 1 Ts. 5:28; Flm. 25; 2 P. 3:18).
(“La
Divinidad de Jesucristo vindicada: Señor mío y Dios mío”, Dr.
Fernando D. Saraví, Ed. CLIE, 1989 Terrassa, Barcelona. Pags. 31-33)
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