
"Acercándose uno de los escribas, que los había oído disputar, y
sabía que les había respondido bien, le preguntó: ¿Cuál es el primer
mandamiento de todos? Jesús le respondió: El primer mandamiento de
todos es: Oye ("Shemá..."), Israel; el Señor nuestro Dios, el
Señor uno es. Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda
tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el
principal mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo
como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que éstos." (Marcos
12:28-31).
"No penséis que he venido para abrogar la Torá o los profetas; no he
venido para abrogar, sino para cumplir. Porque de cierto os digo que
hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará
de la Torá, hasta que todo se haya cumplido. De manera que cualquiera
que quebrante uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñe a
los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos; mas
cualquiera que los haga y los enseñe, éste será llamado grande en el
reino de los cielos." (Mateo 5:27-19)
Digo, pues, ¿Han tropezado los de Israel (rechazando a Jesús)
para que cayesen? En ninguna manera; pero por su trasgresión vino la
salvación a los gentiles, para provocarles a celos. [...] Porque no
quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, para que no seáis
arrogantes en cuanto a vosotros mismos: que ha acontecido a Israel
endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los
gentiles; y luego todo Israel será salvo, como está escrito: Vendrá de
Sión el Libertador, que apartará de Jacob la impiedad. Y este será mi
pacto con ellos, cuando yo quite sus pecados. (Romanos 11:11, 25-27).
"El Nuevo Testamento nos presenta a Yeshua como el Mesías prometido por Moisés y los profetas, el redentor de Israel, en conformidad a las promesas dadas a los padres de la nación de Israel.
Jesús nació de una madre judía: la humilde jovencita hebrea Myriam,
siendo su padre adoptivo el judío Joseph. Nació precisamente en Belén
de Judea, de ascendencia real, pues pertenecía tanto por línea materna
como (aparentemente) paterna a la casa del rey David. Recibió el nombre
judío de Yeshua (Lit. "Yahvé es Salvación").
Fue circuncidado al octavo día según la Ley de Moisés, realizaría su
Bar-Mitzvá como todo buen niño judío y recibiría una profunda y
completa educación judía en la sinagoga de Nazaret.
Hablaba en lengua aramea-judáica y hebrea. Fue reconocido por el
pueblo, e incluso por algún grande de Israel (Nicodemo) como Rabí
(Maestro entre los judíos).
Vistió, según nos describe el Evangelio, como judío, con sus ropas
acabadas en flecos anudados o "Tsit-tsit" según la tradición de Israel,
recordando las promesas hechas por Dios a su pueblo. No citó otras
escrituras que las judías, sin incluir en sus enseñanzas los libros
Deuterocanónicos de origen judeo-heleno, introducidos por Roma en la
Bíblia Católica en Trento en el s.XVI.
Yéshua nunca entró en una iglesia, ni guardó un solo domingo como día
santo, Él, por el contrarío, predicó en las sinagogas de sus hermanos
judíos, guardó y dio contenido real al Sabath, guardó las grandes
fiestas judías como por ejemplo Pesaj (Pascua), Sucot (Tabernáculos) y
Janucá (Dedicación), según se describe en el Nuevo Testamento.
Yéshua nació como judío, vivió como judío y murió como judío" ("Olivo:
Raíz y ramas" de Joaquín Yebra; Ed. Remar, Vitoria 1995).