
"Mas la ignorancia, que es la madre de todos estos, se elimina con el conocimiento"
"Son realmente unos desgraciados aquellos que, tomando como pretexto la existencia de falsos profetas, se comportan igual que los que a causa de la existencia de falsos hermanos, se abstienen de relacionarse con los verdaderos hermanos. Es normal que fueran este tipo de personas los que no quisieran recibir ni siquiera al mismo Apóstol Pablo. Porque éste, en la carta a los Corintios, ha hablado con precisión de los dones proféticos y reconoce a los hombres y mujeres que profetizan en la iglesia. Por consiguiente, por estas actitudes, pecan contra el Espíritu de Dios y caen en un pecado imperdonable" ("Adversus Haereses", Libro III, 11:9).
Ireneo no deja de ser un pastor, y como tal cuida y vela por su rebaño, teniendo misericordia de las ovejas descarriadas, y tratándolas de acercar al redil de Cristo."Así pues, la tradición de los apóstoles, que ha sido manifestada en el mundo entero, puede ser percibida en toda la Iglesia por todos aquellos que quieren ver la verdad. Y nosotros podemos enumerar los obispos que fueron establecidos por los apóstoles en las Iglesias y sus sucesores hasta nosotros. Ellos no enseñaron ni conocieron nada que se pareciera a las imaginaciones delirantes de estos hombres. En efecto, si los apóstoles hubieran conocido los misterios secretos y hubieran enseñado a los perfectos separadamente e ignorando los demás, hubieran comunicado también esos mismos misterios sobre todo a los que habían encomendado las Iglesias. Porque querían que fuesen totalmente perfectos e irreprensibles aquellos que dejaban como sucesores suyos: A quienes transmitían también su propia misión de enseñanza, para que fuese de gran provecho a los que desempeñaran su cargo correctamente, y en cambio fuese el mayor infortunio para los que faltaran. Mas, como seria demasiado largo en una obra como esta enumerar las sucesiones de todas las Iglesias, indicamos solamente la de una de ellas, la de la iglesia más grande, más antigua y conocida de todos, que la fundaron y establecieron en Roma los mas gloriosos apóstoles Pedro y Pablo; mostrando que la tradición que posee de los apóstoles y la fe que ella anuncia a los hombres llega hasta nosotros por la sucesión de obispos; nosotros confundimos a todos aquellos que de cualquier manera que sea, o bien por propia complacencia, o por gloria vana, por ceguera y error doctrinal, constituyen grupos ilegítimos; porque con esta Iglesia, a causa de su origen mas excelente, debe necesariamente estar de acuerdo toda la iglesia, es decir, los fieles de todas partes en ella, por medio de las gentes que son de todas partes, se ha conservado siempre la tradición que viene de los apóstoles. Por tanto, después de haber fundado y edificado la Iglesia, los bienaventurados apóstoles entregaron a Lino la dignidad del episcopado: Pablo hace mención de Lino en sus cartas a Timoteo. Le sucede Anacleto, después de él, en tercer lugar a a partir de los apóstoles el episcopado corresponde en suerte a Clemente. El cual había visto a los apóstoles mismos y se había relacionado con ellos; y, como tenia todavía la predicación apostó1ica sonando en sus oídos y la tradición ante sus ojos no estaba solo: porque todavía quedaban entonces muchos que habían sido adoctrinados por los apóstoles..." (CH Libro III 3.1-3.3)
No es el lugar aquí de discutir si en este texto se hallan intercalados ciertas frases espurias de copistas de siglos posteriores interesados en hacer de Roma sede de la cristiandad universal, citaré en todo caso la opinión de Ramón Trevijano Etcheverría sacerdote diocesano de Logroño, doctor en Teología por la Univ. Gregoriana de Roma, Licenciado en Sagrada Escritura por el Pontificio Instituto Bíblico, Licenciado en Historia por La Universidad de Zaragoza y profesor de Teología, Nuevo testamento y Patrística de las universidades de Córdoba (Argentina), Buenos Aires, Burgos y Vitoria (España) y Universidad Pontificia de Salamanca, cuando dice:"Se ha discutido si el último párrafo se refiere a la Iglesia de Roma o a la Iglesia Universal. Opinamos que el principio de que la Iglesia que puede justificar el mantenimiento de la tradición desde los apóstoles debe contar con el acuerdo de todos los cristianos, se aplica aquí a la de Roma, pero puede aplicarse a todas las iglesias apostólicas. De hecho Ireneo ha escogido la Iglesia de Roma; pero nos dice que una investigación de las otras iglesias (apostólicas) daría el mismo resultado. Lo que queda claro es la exigencia para los cristianos de todas partes de unirse con la Iglesia de Cristo sobre la base de la tradición apostólica" (Patrología, Ramón Trevijano, "Sapientia Fidei" Serie de Manuales de Teología", Ed. Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid 1994).
Entendamos que en la época en que Ireneo escribe no se ha compilado aún el Canon del Nuevo Testamento, y para la cristiandad de los tres primeros siglos de nuestra era, Tradición Apostólica es equivalente a decir Enseñanzas de los Apóstoles (que se reúnen en el Nuevo testamento dos siglos después). Lo que si interesa ver, en todo caso, es que Ireneo trata de demostrar que la fe cristiana se ha transmitido fielmente por medio de la Predicación Apostólica y de las Escrituras (que cita constantemente como única regla de fe segura a la hora de demostrar sus ideas), y que es la Sola Escritura, que refleja esa Predicación Apostólica, la que debe bastarnos para nuestra salud, ya que, en palabras del propio Ireneo:"¿Qué médico hay que, queriendo curar a un enfermo, obre según el capricho del enfermo y no según lo que mande la medicina?" (CH L.III 5.2).
Cuanto caso no deberíamos hacer hoy en día a estas palabras, viendo a nuestro alrededor nuevos movimientos y doctrinas que, lo único que quieren es satisfacer los propios deseos de los oyentes, en vez de procurarles doctrina por medio de la enseñanza del Evangelio, así nos dice Ireneo sobre los herejes:"Mas la ignorancia, que es la madre de todos estos, se elimina con el conocimiento".
Ireneo, hombre de la Palabra, insiste en todo este libro en la regla de la fe, que es la Tradición Apostólica conservada por la acción del Espíritu santo, y que dicha tradición se haya en la suma íntegra de las escrituras (recuerdo una vez más que no será hasta un par de siglos más tarde que no se reunirían en un solo libro, el Nuevo Testamento, los escritos apostólicos), insistiendo en que son los herejes los que usan las partes de estos escritos que les interesan, y no todos ellos en conjunto, tanto en el Antiguo Testamento, como en el Nuevo (que para él es la Tradición Apostólica reflejada en los diferentes escritos: Evangelios y Epístolas)."Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas". (1ª Tim. 4:3-4)
...y firmemente convencido de que ya estamos en ese "tiempo" del que nos habla Pablo en su epístola, pienso cuanta falta hacen hoy en día hombres como Ireneo de Lyon, que levanten la Escritura y las sanas doctrinas del Evangelio, por encima de tradiciones de hombres y fábulas de reciente creación, que seducen y adormecen nuestras conciencias, en vez de despertarlas a la Luz de Cristo.