
"Ireneo también menciona estas cosas, de acuerdo con los relatos que ya discutimos, en los cinco libros titulados "Refutación y destrucción de la falsamente llamada ciencia" (o "Contra las Herejías"). En el segundo libro de esta obra muestra que, en algunas iglesias, permanecían hasta entonces manifestaciones del sorprendente poder Divino (Habla aquí de la segunda mitad del s. II d.c.). Usa los siguientes términos: "Pero si afirman que el Señor ha hecho esto de forma aparente (se refiere a las herejías gnósticas), haciéndoles volver a los escritos proféticos, les mostraremos con ellos que de este modo estaba predicho por Él [...] Por ello también sus verdaderos discípulos, tomando la gracia de Él, la ponen en actividad para el bien de los demás hombres, de acuerdo con el don que cada cual recibió de Él. Porque algunos sacan demonios firme y verdaderamente, de modo que a menudo ocurre que los que fueron limpiados del espíritu perverso creen y están en la iglesia; otros tienen conocimiento del porvenir, visiones y palabras proféticas; mientras que otros sanan enfermos por la imposición de manos y los restablecen sanos; pero aún más, de acuerdo con lo que dijimos, incluso muertos han resucitado y han quedado con nosotros durante bastantes años [...] también hemos oído que hay muchos hermanos en la iglesia que tienen don de profecía, que por el Espíritu hablan en todo tipo de lenguas, que descubren los secretos de los hombres cuando es propicio y que declaran los misterios de Dios".
Esto es lo que se sabe acerca de la permanencia de los diversos dones hasta el tiempo aludido entre los que eran dignos". ("Historia Eclesiástica"Eusebio de Cesarea, Libro V, cap. 7, págs. 300-301. Ed. Clíe, 1988, Terrassa, España)
Eusebio hace aquí una afirmación interesantísima cuando dice que los diversos dones permanecieron en la iglesia "hasta el tiempo aludido", que es la segunda mitad del siglo II y principios del siglo III. Por sus palabras podemos asimismo deducir que dichas manifestaciones no se daban en el siglo IV."Esos predicadores de Fenicia y de Palestina son de diversas categorías. Muchos oscuros y sin nombre, sea a propósito de los que fuera, se ponen a gesticular como poseídos del ardor profético; otros adivinos ambulantes, recorren las ciudades y los campos, ofreciendo el mismo espectáculo. Nada les es más fácil de decir, y no dejan de hacerlo: "¡Yo soy Dios, soy Hijo de Dios, soy el Espíritu de Dios, vengo porque el mundo se va a acabar, y vosotros los hombres vais a perecer bajo el peso de vuestras iniquidades!. Entretanto quiero salvaros y me veréis armado de un poder celeste. ¡Bienaventurado entonces quien me haya reverenciado hoy! Enviaré a todos los demás al fuego eterno, a los de las ciudades y a los de los campos. Los que todavía no saben los suplicios que los aguardan, se arrepentirán entonces y han de gemir en vano, en cuanto que los que crean en mí los protegeré por toda la eternidad... A estas predicciones jactanciosas, mezclan palabras de posesos, confusas y absolutamente incomprensibles, a las que ningún sensato podría descubrir su significado, tan oscuras y vacías de sentido son, pero que permiten al primer imbécil impostor llegado apoderarse y apropiarse de las voluntades." (Celso; "El discurso verdadero contra los cristianos" pág. 98 Alianza Editorial; Madrid 1988).
Como vemos, la iglesia primitiva, al menos hasta el siglo II d.c. abundó en las manifestaciones de los dones del Espíritu. Sea pues así o de otra manera, lo cierto es que desaparecieron en esa época (y aventurar el porqué no es más que especulación) y no se vuelve a hablar del tema hasta principios del siglo XX con la aparición entre los protestantes o evangélicos del movimiento Pentecostal y más tarde del movimiento carismático (que hoy se da tanto entre Protestantes como entre los católico-romanos, así como entre otros grupos). A esto se unieron los graves abusos con los dones de lenguas y profecía en los que incurrieron, por vanidad o vanagloria en unos casos, y por simple herejía en otros, aquellos cristianos de los primeros siglos (para saber más ir al apartado Doctrinas Paleocristianas)."Son realmente unos desgraciados aquellos que, tomando como pretexto la existencia de falsos profetas, se comportan igual que los que a causa de la existencia de falsos hermanos, se abstienen de relacionarse con los verdaderos hermanos. Es normal que fueran este tipo de personas los que no quisieran recibir ni siquiera al mismo Apóstol Pablo. Porque éste, en la carta a los Corintios, ha hablado con precisión de los dones proféticos y reconoce a los hombres y mujeres que profetizan en la iglesia. Por consiguiente, por estas actitudes, pecan contra el Espíritu de Dios y caen en un pecado imperdonable" ("Adversus Haereses", Libro III, 11:9)
Así es: a veces un excesivo celo por mantenerse dentro de la ortodoxia, nos lleva a caer en el pecado de aquellos puntillosos escribas judíos que "colaban el mosquito, pero dejaban pasar el camello". Seamos pues prudentes a la hora de apresurarnos a juzgar como malas ciertas manifestaciones que no entendemos o que no compartimos, y tampoco caigamos en el mal uso o abuso de dichas manifestaciones (pues algunos juegan con fuego), lo cual es una grave falta de temor de Dios, y un gran tropiezo para las Iglesias y hermanos en la fe. Ambos extremos son reprobados por la Palabra de Dios, y ambos extremos fueron combatidos por aquellos héroes y paladines de la fe como es el caso de Ireneo de Lyon a lo largo de la obra citada.
A
la hora de hablar del Montanismo, así como de muchos otros movimientos
heterodoxos dentro del cristianismo, hemos de tener sumo cuidado, ya
que las informaciones de que ellos disponemos son las que nos han
llegado por medio de aquellos que les combatieron, por lo que hemos de
considerarlas en muchos casos sesgadas e incluso distorsionadas. En el
caso del Montanismo es necesario decir que los que les combatieron o
más bien pusieron en guardia a los hermanos contra sus excesos
y desviaciones fueron los mismos primitivos cristianos que se dejaban
comer por los
leones por causa de su fe."...él entonces pronuncia nuevas invocaciones para llenar de admiración a la pobre engañada, diciéndole: «Abre tu boca y habla cualquier cosa, y profetizarás». Ella entonces, envanecida por lo que se le ha dicho, siente calentarse su alma con el sueño de que está por profetizar; su corazón se pone a palpitar fuertemente, se atreve a hablar cosas delirantes y cualquier cosa que le viene, sin sentido pero con osadía, pues siente arder en ella el espíritu..." (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro I, 13:3)
Aquí Ireneo nos cuenta como estos Montanistas, al igual que en ciertas reuniones de modernos carismáticos, juegan en sus reuniones a profetizarse unos a otros con las ideas más calenturientas para satisfacer sus egos desmedidos:"...como esa gente suele hacerlo en sus fiestas, jugando a los videntes y mandándose unos a otros profetizar y anunciando unos a otros profecías que satisfagan sus caprichos" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro I, 13:4)
Más adelante Ireneo nos menciona como los verdaderos creyentes no usan el tema de los dones ni los milagros como fuente de ganancia, como tan desgraciadamente hacen hoy en día, para escándalo del mundo, algunos grandes predicadores carismáticos:"Por eso sus discípulos verdaderos en su nombre hacen tantas obras en favor de los seres humanos, según la gracia que de él han recibido (...) Y no lo hacen para seducir a nadie ni para ganar dinero, pues, así como ella (la iglesia) lo ha recibido gratis de Dios, así también gratis lo distribuye" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro II, 32:4-5)
Ireneo también advierte del gravísimo peligro en el que se hayan los que profetizan o dicen hablar de parte de Dios cuando sus profecías resultan ser falsas o incumplidas:"También juzgará (Dios) a los pseudoprofetas, los cuales, no temiendo a Dios ni aceptando de Dios el don de la profecía, fingen profetizar, mintiendo contra Dios, o por vanagloria, o por interés de ganancias, o por influjo del mal espíritu" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro IV, 33:6)
Eusebio el historiador cristiano del siglo IV nos dice, en boca de un apologista del siglo II contra este movimiento, cual debe ser la actitud del cristiano verdadero frente a esta "Nueva Profecía" que él llama "Falsa Profecía" (y que tanto recuerda a las novedosas innovaciones carismáticas que se van sucediendo cada cierto tiempo): Mantenerse firme en la Doctrina del Nuevo Testamento:"La Doctrina del Nuevo Testamento, a la cual ninguno que ha escogido comportarse según este Evangelio, puede añadir ni sacar nada" (Historia Eclesiástica Libro V, Cap. 16:3).
Es de notar también que en el siglo II, cuando como hemos visto por Ireneo aún se daba el "Don de Lenguas" genuíno entre las iglesias, estos innovadores Montanistas oponen a aquellas unas lenguas "raras" y manifestaciones corporales extrañas, según nos comentan los cristianos de la época:"Por el excesivo anhelo de su alma por ser el primero, permitió al enemigo entrar en su vida y quedó sujeto por el espíritu (malo). De pronto quedó como arrabatado y entró en éxtasis como un poseído; empezó a hablar y a pronunciar "raras palabras", profetizando desde entonces" (Escritor del siglo II en cita de Eusebio en su H.E. Libro V, cap. 16: 7).
Otra de las manifestaciones que pusieron en guardia a la iglesia primitiva contra estos "carismáticos" del siglo II fueron además de estas "lenguas raras" el desorden de sus reuniones y el no cumplimiento de los requisitos para hablar en lenguas que hay en 1ª Corintios 12 y 14 (y que tan poco se respeta en las actuales iglesias carismáticas):"...hasta incluso levantó a otras mujeres más y las llenó del espíritu corrupto, de modo que también hablaban en delirio, fuera de tiempo, y de manera extraña" (Escritor del siglo II en cita de Eusebio en su H.E. Libro V, cap. 16: 9).
El recelo contra esta "Nueva Profecía" (¡como me recuerda esta expresión a las "Nuevas Unciones" o "modas" espirituales de los actuales carismáticos!) llevó a los primitivos cristianos a apartarles de la comunión de la iglesia, y a practicar con ellos en algunos casos, la "separación Bíblica":"Cada vez que los miembros de la iglesia, siendo llamados al martirio por la verdadera fe, se encuentran con alguno de los mártires de la herejía catafrigia, se separan de ellos y mueren sin haber tenido comunión con ellos, porque no desean estar de acuerdo con el espíritu que actúa por medio de Montano y de las dos mujeres" (Escritor del siglo II en cita de Eusebio en su H.E. Libro V, cap. 16: 22).
El escritor del siglo II Milciades, que escribió un tratado contra esta herejía, explica que no es necesarios que un profeta para profetizar deba "entrar en éxtasis" o en hacer cosas raras. (H.E. de Eusebio, Libro V, Cap. 17:1)."...enseñó la disolución de matrimonios, instituyó la ley de los ayunos, llamó con el nombre de Jerusalén a Pepuza y a Timio (dos poblados Frigios) (...) estableció recaudadores de dinero (...) estas primeras profetisas dejaron a sus maridos desde el mismo instante en que fueron llenas de aquel espíritu" (Apolonio, en boca de Eusebio, Op. citada Libro V, Cap. 18:2-3)
¡Cuantas mujeres carismáticas conozco que envanecidas han dejado a sus maridos por no haberse querido sujetar a a ellos como dice la Escritura!."¿No crees que toda la escritura prohíbe que un profeta tome dones y dinero? Así, cuando veo a la profetisa que ha recibido oro, plata y ropas costosas, ¿cómo no he de recharzarla?"
Y"...demostramos que los que entre ellos se llaman profetas y mártires toman su dinero, no solo de los ricos, sino incluso de los pobres, de los huérfanos, y de las viudas"
Efectivamente: no hay nada nuevo bajo el sol. ¡Cuántos desmanes económicos se han dado y se dan hoy en día entre los telepredicadores de las novedosas unciones de la "super fe", "movimiento de las prosperidad" y similares "nuevas unciones" carismáticas!"¿Un profeta se tiñe el pelo? ¿Un profeta se pinta las pestañas? ¿Un profeta se agrada en adornos?"
Basten estos pequeños fragmentos de la antiguedad paleocristiana para hacer reflexionar a algún despistado, sobre lo que significa la verdadera piedad.